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1-Todas las religiones condenan el suicidio y lo escenifican con el sufrimiento eterno para los suicidas. Sin embargo, las personas continúan ejercitando el auto-aniquilamiento. ¿Por qué?
Las religiones son especulativas al respecto de la Vida Espiritual. Intuyen los teólogos que habrá sufrimientos para el suicida, pero quedan en la fantasía, cuando se trata de las consecuencias. Es preciso algo más que fantasías para convencer a alguien de que el suicidio es una complicación, no una solución para sus problemas.
2-¿En qué puede ser más convincente el Espiritismo?
En las informaciones que llegan de la Espiritualidad, sobre la cuestión, en libros como El Cielo y el Infierno, de Allan Kardec, donde tenemos el testimonio de los propios suicidas. Ellos se reportan, en narrativas pungentes, a las sorpresas desagradables que les esperaban, empezando por la constatación de que no murieron, apenas desencarnaron.
3-¿No tenemos ahí el mismo problema de la fe? ¿Creer en esas narrativas? ¿Y si fuesen fantasías de los médiums ?
Un médium puede fantasear, pero si muchos médiums, sin contacto entre sí, transmiten experiencias semejantes de los suicidas, dejamos el terreno de la fantasía para entrar en lo que Kardec llamaba universalidad de las enseñanzas, dándoles autenticidad.
4-¿Es la fantasía o la falta de fe que favorece el suicidio?
La fantasía induce a no creer. De nada vale decir al candidato al suicidio que arderá en las llamas eternas, si lo considera mera especulación teológica. Entonces proclama, enfático, que nadie volvió del Más Allá para confirmar que la vida continúa. El Espiritismo demuestra que es posible conversar con los muertos y recibir de ellos informaciones precisas sobre lo que ocurre con el suicida.
5-¿Qué ha observado en sus contactos con suicidas, en las reuniones mediúmnicas?
La confirmación de esa universalidad de experiencias. En un principio, todos se presentan atormentados, reviviendo el momento trágico de la fuga, repercutiendo incesantemente en su conciencia. Después, es el remordimiento y la angustia por el compromiso y la pérdida de tiempo.
6-El candidato al suicidio, aunque tenga conocimiento de la vida después de la muerte, parece no estar convencido de las consecuencias, tanto que se acaba suicidando...
Es un engaño. El suicida es casi siempre alguien que no tiene noción de lo que le espera. Se dice que el gesto extremo es una mezcla de cobardía y heroísmo, el cobarde que huye de los desafíos de la Vida; el héroe que enfrenta los misterios de la muerte. El conocimiento sobre el asunto invierte el proceso, convirtiéndolo en el héroe que enfrenta los desafíos de la Vida por conocer lo que la muerte reserva a los que se acobardan.
7-Por otro lado, quien se suicida no piensa.
Si pensase, no se suicidaría. La misión del Espiritismo es justamente la de hacernos pensar la Vida, concienciándonos de que no estamos en la Tierra de viaje de vacaciones. El objetivo fundamental de nuestro pasaje por el Mundo es nuestra evolución. Dolores son rescates; problemas son estímulos; dificultades son desafíos; crisis son tests que avalúan nuestro aprendizaje. En resumen, tenemos benditas oportunidades concedidas por Dios, a favor de nuestro crecimiento como Espíritus inmortales.
8-Viéndolo así, ¿podemos decir que la gran mayoría de la Humanidad está en una especie de marcapasos espiritual, sin saber siquiera por qué vive?
Sin duda. Lo ideal sería que todos lo supiesen, que tuvieran conciencia de ello. Aprovecharían más su tiempo. No obstante, siempre queda algo de la acumulación de experiencias. Antes que florezca y fructifique, el árbol tiene que crecer. Estamos todos en lento crecimiento, en el vientre de la madre Tierra.
Richard Simonetti
Extraído del libro "Suicidio todo lo que usted mesitas saber...para no cometer este terrible error"
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