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Richard Simonetti
Escrito por Administrador   
Lunes, 03 de Octubre de 2011 15:41

¿El instinto es independiente de la inteligencia? Precisamente, no, por eso, el instinto es una especie de inteligencia. Es una inteligencia sin raciocinio; Por ello todos los seres llegan a sus necesidades. Cuestión nº 73

Uno de los inventos más prodigiosos de nuestro siglo es el ordenador, cada vez más sofisticado, beneficiando a todos los sectores de la actividad humana. Mi sensación, cuando comencé a usarlo, retirando mi vieja máquina de escribir, fue como quien deja una carroza para usar un moderno coche de importación. El ordenador está presente en los hogares, en las comunicaciones, en los vehículos, facilitando la vida, volviéndola mas confortable y segura. Hay cálculos relacionados con la astronomía y viajes espaciales que demandarían meses. Hoy computadoras lo hacen en horas. Los más potentes, en minutos.

En el siglo XVI el genial astrónomo alemán Johannes Kepler tardo cuatro años para calcular la órbita de Marte, una elipse perfecta. Un ordenador, lo haría los mismos cálculos en cuatro segundos. -Solo le falta hablar-dice boquiabierto un usuario novicio. Esta engañado. Ya existen ordenadores que transforman los impulsos electromagnéticos en voz humana sintetizada. En proceso inverso atienden al comando del operador.

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Curiosamente, sin embargo, los prodigios que realiza, el ordenador no tienen nada de inteligente. Es hasta muy obtuso, solo hace lo que le mandamos, según las características del software, su sistema de rutinas y funciones. Recuerda al instinto, que es una programación para los seres vivos, relacionada con la conservación, reproducción, prole, habitad, sociedad…

Ninguna especie animal necesita de orientación para el emparejamiento. Podemos criar un perro sin jamás tener contacto con cualquier animal. Cuando lo colocamos junto a una perra en celo, el ejercitara el acto sexual instintivamente, sin dificultades. Aves migratorias viajan millares de quilómetros, en determinada época del año, huyendo de los climas fríos o buscando una región para el emparejamiento. En el periodo denominado desove, grandes bancos de peces suben los ríos hasta el nacimiento para la desova, enfrentando predadores y rápidos. ¿Quién orienta esas aves y peces? Nadie. Ellos obedecen a un software inscrito en su conciencia embrionaria y que en el momento oportuno ordena sus acciones, llevándolos a hacer exactamente aquello para lo que fueron programados.

En algunas especies hay el instinto gregario. Tenemos, por ejemplo, la sociedad de las abejas, que hacen la admiración de los entomologistas. La colmena es un autentica ciudad, con un buen sentido de ciudadanía entre las abejas. Todas tienen una función definida, las operarias, las guerreras, la reina…¿Hay un consejo que decide quién es quién? No. Apenas cumplen el software de la especie.

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Una característica en común en las especies es su inmutabilidad relativa. No cambian o lo hacen muy lentamente como si la Naturaleza hubiese elaborado para ellas un programa especial, casi definitivo. Ejemplo, las cucarachas. Son fósiles vivos, por cuanto viven en la Tierra desde hace millones de años. Desde que surgieron tienen la misma tendencia de adentrarse en huecos minúsculos y oscuros y de nutrirse con restos de alimentos. Cambió apenas el comportamiento femenino en relación a esos ortópteros omnívoros.

En los comienzos de la humanidad, en la edad de piedra, las mujeres apreciaban las cucarachas como un bocado delicioso. Hoy sienten horror de ellas. Esa idea de relativa inmutabilidad queda medio extraña para quien está familiarizado con Darwin. En “El origen de las especies” el gran naturalista ingles dice que todos los seres vivos pasan por mutaciones. La aparición del hombre habría sido la culminación de un proceso evolutivo que comenzó con organismos extremamente simples. Eso está suficientemente demostrado, no es mera teoría. Ocurre que la programación de cada especie es un secreto guardado en la intimidad de los genes. Los Espíritus superiores que supervisan la vida en la Tierra tienen acceso a esos “paneles de control”. A lo largo de millones de años, alteran la programación de algunos individuos, promoviendo mutaciones que culminan con el surgir de nuevas especies, en cuanto sus padres permanecen inmutables, cumpliendo el planeamiento celeste. La evolución no seria, así, mera consecuencia de una selección natural, como pretendía Darwin, o una cuestión de adaptación del medio, como enseñaba Lamarck.

Dígase de paso que el Hombre comienza a entrar en esa cámara íntima donde está el “panel”. Ya es capaz de interferir en la intimidad de los genes. Puede así, alterar características de una especie, y conseguirá crear nuevas especies. El problema está en sus motivaciones y competencia. El no está interesado en colaborar con Dios. Cuida apenas de intereses inmediatistas. Más allá de eso, en ese terreno es una especie de aprendiz de hechicero, moviéndose con fuerzas que desconoce, y lo que es peor, sin principio ético, de respeto a la Naturaleza.

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Se acostumbra a decir que uno de los problemas del ser humano está en traer resquicios de programaciones de la animalidad inferior. Es mi naturaleza –dice el individuo agresivo, como si trajese algo de león. El inquieto revela el temperamento de los macacos. El indolente guarda la pachorra del bicho de la pereza. El que se complace con la desgracia ajena recuerda la risa siniestra de la hiena.

Vieja fabula, atribuida a Esopo, es bien ilustrativa. Un escorpión, deseando transportarse por el largo rio, pidió a la rana que lo ayudase.

-De modo alguno. Usted me va a picar y moriré envenenada.

El rabo torcido la tranquilizo.

-Seria un tonto si hiciese eso, pues yo también moriría. No sé nadar.

Argumento lógico. La rana decidió ayudarlo. Cuando estaban en medio del rio, el escorpión pico a su benefactora, que sorprendida, ya en agonía reclamo:

-¡Que locura, usted me enveneno y ahora va a morir ahogado!

-Discúlpeme. Es mi naturaleza…

Así podrían explicar los hombres sus actitudes inconsecuentes, resquicios de la animalidad primitiva.

***

Solo hay un detalle. Una pequeña diferencia: Somos seres pensantes. Tenemos la capacidad de comandar nuestras vidas. Actúa instintivamente, dando paso a impulsos de animalidad inferior, aquel que no ejercita la razón, recusándose a distinguir lo cierto de lo errado, lo que debe o no hacer.

Dice el apóstol Pablo en la Primera Epístola a los Corintios: Cuando yo era pequeño, hablaba como pequeño, sentía como pequeño, pensaba como pequeño; cuando llegue a ser hombre, desistí de las cosas propias de un pequeño.

Es llegado el tiempo de dejar el comportamiento instintivo, propio de nuestra infancia espiritual, y asumamos la condición de seres pensantes, creados para el Bien y la Verdad, que componen un software básico, un programa inmutable instalado por el Creador en nuestra conciencia. Podemos ignóralo o incumplirlo, ya que tenemos el libre albedrio, pero siempre retornaremos a él, después de amargas frustraciones, hasta que completamos las transformaciones intimas que hacen resplandecer nuestra naturaleza espiritual como hijos de Dios.

Richard Simonetti

Extraído del libro "Livro A Presença de Deus"
Traducido por Jacob