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1-¿Cómo caracterizar la eutanasia, la llamada muerte blanda, cuando se trata de un paciente atormentado por males graves e irreversibles?
Se trata de un asesinato, por el cual responderán los implicados, ante las leyes divinas. No matarás, orienta el quinto mandamiento de la Ley Divina, recibida por Moisés en el monte Sinaí (Éxodo, 20:13), donde está registrado lo que al Hombre no es lícito hacer.
2-¿No sería un acto de misericordia?
La misericordia sugiere que amenicemos sufrimientos del paciente, no que los eliminemos. La eutanasia transfiere tal decisión, que es de la competencia de Dios, para el médico o para la familia. La vida es un don divino que no puede atender a las conveniencias y disposiciones humanas. El Señor nos encaminó a la experiencia física y compete a Él definir cuándo debemos partir.
3-¿Cómo quedará en el Mundo Espiritual alguien que murió por iniciativa de la familia o de los médicos?
Generalmente esa providencia es tomada a partir de la aplicación de fuertes dosis de anestésicos, que paralizan el sistema respiratorio, promoviendo la muerte. En tal situación el paciente tendrá mayores dificultades para retomar la conciencia, después de desligarse del cuerpo, además de perder las oportunidades de depuración periespiritual que la dolencia de larga duración ofrece, como auténtico tratamiento de belleza para el alma.
4-¿Y si la iniciativa es del propio paciente?
Entonces estaremos en una situación aún más grave. El paciente estará encuadrado en el crimen del suicidio, pretendiendo huir de pruebas que normalmente él mismo escogió, al reencarnar.
5-Pacientes con graves dificultades físicas, presos al lecho irremediablemente, como los tetraplégicos, defienden en la justicia el derecho de practicar la eutanasia. ¿Y si los tribunales lo autorizaran?
Es un pensamiento materialista, inconcebible cuando aceptamos la continuidad de la vida en el Mundo Espiritual, donde nos pedirán cuentas de cómo vivimos y, también, de cómo morimos.
6-¿Qué decir de algunos países, donde existe hoy, una legislación que admite la eutanasia?
A medida en que las colectividades evolucionan, la legislación humana tiende a aproximarse a la Legislación Divina, consubstanciada en las lecciones de Jesús, que enfatizan el respeto a la Vida. Si una sociedad se aparta del Evangelio, entra a contramano de ese proceso, con consecuencias funestas. El legislador que instituye la eutanasia, así como los médicos que le dan cumplimiento, las familias que la aprueban y los pacientes que se someten, responderán por ello.
7-Hay pacientes que se sienten al límite de sus fuerzas y piden, insistentemente, la muerte. Que Dios se los lleve, poniendo fin a sus padecimientos. ¿Hay algún mal en ello?
Están encuadrados en el problema de la inconformidad. No están aceptando los designios divinos, que siempre funcionan en nuestro beneficio. Si tuviera el paciente la idea de lo que representa el dolor soportado con paciencia y confianza en los poderes espirituales, en relación a su futuro, no actuaría de esa forma, lo que apenas acentúa sus padecimientos, lejos de aliviarlos.
8-Si el paciente terminal es sustentado por aparatos, lo que apenas prolongará sus padecimientos, ¿sería condenable desconectados?
Ahí es diferente. Si llegó la hora del paciente, no hay porqué mantenerlo. Los médicos, siempre empeñados en preservar la vida, deben tener la sensibilidad para saber que él merece morir con dignidad, en el receso del hogar, rodeado por la familia, y no en la frialdad de una UCI, prolongando su agonía. Tenemos un ejemplo típico en la figura del Papa Juan Pablo II, que podría haber extendido su existencia durante días o semanas, estando conectado a aparatos, en el hospital, pero prefirió morir en su habitación en el Vaticano, embarcando, tranquilo, en el convoy de la Muerte, de retorno a la Espiritualidad.
Richard Simonetti
Extraído del libro "Suicidio todo lo que usted mesitas saber ... para no cometer este terrible error"
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