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Richard Simonetti
Escrito por Administrador   
Martes, 20 de Septiembre de 2011 14:49

Lucas, 13:1-9

¿Y si Hitler hubiese vencido la guerra y estuviésemos bajo tutela alemana? ¿Impensable, verdad, amigo lector? Algo semejante ocurría con los judíos, ante la presencia de los dominadores romanos. Abominaban tal situación. Había frecuentes rebeliones, reprimidas con brazo de hierro por los representantes del Cesar. En una de ellas, algunos galileos fueron ejecutados por el prefecto Poncio Pilatos.

En la misma ocasión se dio lamentable acontecimiento en Jerusalén. Una torre se desmorono en las proximidades del estanque de Siloé. Murieron dieciocho personas. Noticias así, se esparcían como hojas al viento. En breve, Jesús era buscado para expresar su opinión. Sorprendiendo a sus oyentes, afirmo:

-¿Creéis que esos galileos son mas pecadores que todos los otros, por sufrir así? Os digo que no. Pero si no os arrepentís, pereceréis todos de la misma forma. ¿O esos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre de Siloé y los mató, pensáis que fueron más culpables que todos los otros habitantes de Jerusalén? No, yo os digo; mas si no os arrepentís, pereceréis todos del mismo modo.

Tenemos en esas afirmaciones importante material para reflexionar. Compadezcámonos de aquellos que mueren ejecutados, asesinados, accidentados… Cuanto más extensa y grave es la tragedia, mayor la compasión que despierta.

En el medio espirita luego viene la afirmación: -¡Grandes deudores! ¡Rescataran pesados débitos karmicos! Sin embargo, Jesús explica que aquellos que viven esos dramas no son mas culpados que cualquier otro ser humano. Significa que todos podemos pasar por lo mismo. Imaginemos sentenciados confinados en un presidio. Actos de violencia son frecuentes allí, inherentes a la condición de los “inquilinos”, habituados a resolver sus problemas, “con el brazo” Hay estupro, asesinatos, agresiones, mutilaciones, torturas… Nada de eso es parte de su pena. Puede suceder, simplemente porque están allí. Si hubiesen optado por un comportamiento virtuoso y digno, estarían en un lugar más saludable.

***

Nuestro mundo no es morada de ángeles. Sitúese cual inmenso reformatorio-escuela. Es de “seguridad máxima”, como diría una autoridad policial. Ningún prisionero jamás consiguió evadirse del planeta. Justamente cuando sacamos el “uniforme”, el cuerpo físico, permanecemos aquí, transferidos para el “andar para lo alto” a la espiritualidad. No hay un tiempo fijado para la liberación. Depende de nosotros, de nuestro esfuerzo a favor de la propia regeneración.

Males variados que nos afligen ni siempre son parte de nuestros compromisos karmicos. Son inherentes a las jornadas terrestres. Acontecen por un único motivo: Estamos aquí.

***

Obviamente, hay tragedias que atienden a las opciones de las víctimas, por imposición de la propia conciencia. André Luiz, en el libro Acción y Reacción, psicografiado por Francisco Cândido Xavier nos habla de dos Espíritus que, en existencia anterior, cultivaban pésimo habito,- tiraban sus enemigos por lo alto de los acantilados. Siglos después, ya esclarecidos y renovados, pesaba en su currículo espiritual el registro de aquellos crímenes tenebrosos. Planearon, entonces, participar en los inicios de la aviación, viniendo a morir en un aparato que se estrello en el suelo, algo semejante a lo que hacían con sus víctimas.

Espíritus en pruebas, valoraron el rescate de sus débitos como pioneros de la aeronáutica.

***

Hay quien se envuelve en acontecimientos trágicos no programados, aunque oportuno en el contexto de su aprendizaje. Suceden en consecuencia por el libre albedrio mal orientado. Ciertamente usted, amigo lector, estará pensando: ¿Cómo saber si determinadas muertes deben pasar? Difícil responder. Es asunto para el mas allá cuando fuimos llamados a la evaluación de la jornada terrestre. Innegable es el hecho de que ocurran tragedias, no como un karma a ser cumplido, mas son consecuencias de nuestros descuidos.

• Después de lauto almuerzo, en la fiesta campestre, regada de alcohol, un joven se tira a la presa. Hábil nadador, se aleja en rápidas brazadas. De repente, comienza a gritar socorro, debatiéndose en violenta congestión. No hay tiempo para socorrerlo. El infeliz se ahoga. ¿Fatalidad o imprudencia?

•La fila en la caja de un supermercado es extensa. Alguien critica a la empresa, por no colocar más cajeros. El cajero se irrita. Discuten. Se agreden. Uno de ellos, herido gravemente, va a parar al hospital y muere. ¿Llego su hora o lo mato su índole agresiva?

•El conductor va atrasado para un compromiso. Acelera al máximo, no tomando conocimiento de las señales de tránsito. En una curva, pierde el control del automóvil, vuelca espectacularmente. Sufre traumatismo en la cabeza y muere en el lugar. ¿Fin programado o mera consecuencia de la indisciplina?

• El joven se envuelve con las drogas. Para alimentar el vicio se torna traficante. Resbala para el crimen. Se enfrenta frecuentemente con bandidos y policías. Acaba muerto en un tiroteo. ¿Cumplió su destino o cayó en el abismo que buscaba?

• La esposa descubre que el marido mantenía una “relación” uniéndose a una joven insinuante. Se exaspera, queda tan histérica que sufre un sincope fulminante. ¿Era tiempo de morir o murió antes de tiempo, víctima del oído? ¿El marido, por su vez estaba atendiendo la inexorable convocación del destino o simplemente se comprometió en una aventura pasional?

No siempre lo funesto está programado. Nos sucede por no cumplir los programas de la vida. Cuando Jesús enfatiza en la necesidad del arrepentimiento, deja bien claro que es necesario superar ideas y sentimientos pasibles que nos inducen a un comportamiento desajustado. Si así hacemos estaremos a la merced de la adversidad, como barco sin timón en mar revuelto.

Significativa su afirmación: -…..si no os arrepentís, pereceréis todos del mismo modo.

Tenemos aquí una profecía. Con su carácter belicoso, tantas fueron las provocaciones y rebeliones de los judíos, delante del todo poderoso imperio romano, que en el año 70, el general Tito destruyo Jerusalén, no dejando piedra sobre piedra, inclusive el Templo. En cuanto a la población, quien no huyo, murió. A partir de ahí desapareció el Estado Judío, que solo volvería a existir en 1948, cuando la ONU hizo un acuerdo para la creación de Israel.

En fase de su atraso moral, la Humanidad no es de extrañar, que ande en la cuerda floja. Si durante la guerra fría, envolviendo a Rusia y Estados Unidos, sus dirigentes no hubiesen tenido juicio, podríamos haber perecido todos en una hecatombe nuclear.

***

El Maestro ilustra sus afirmaciones, diciendo: Un hombre tenía una higuera en su viña, y yendo a cogerle los frutos, ninguno hayo. Dejo entonces al viticultor:

-Desde hace tres años vengo a buscar frutos en esta higuera y no encuentro ninguna. ¡Córtala! ¿Por qué ocupa aun la tierra inútilmente?

Le respondió el viticultor:

-Señor, deje este año, hasta que yo cabe a su alrededor y le ponga abono. Si da fruto en el futuro, quedara. En caso contrario, se cortara.

No es raro que guardemos esterilidad espiritual durante existencias enteras, preocupados con intereses inmediatistas, placeres y riquezas. Los benefactores espirituales, nos ofrecen precioso auxilio. Amparan, ayudan, inspiran, orientan… Representan el cuidado del Cielo estimulándonos a producir los frutos deseados. Pero, si insistimos en la rebeldía, en la indiferencia por los valores más nobles, seremos candidatos a experiencias dolorosas que agitan nuestras almas y despiertan nuestra conciencia, estimulándonos al cultivo de semillas más productivas.

Felices aquellos que corrigen sus rumbos, sometiéndose a las leyes divinas. Habilitándose a la plena protección de la Espiritualidad. Enfrentan apenas lo que está programado, sin experiencias dolorosas, consecuentes del libre albedrio mal orientado.

***

El tiempo pasaba…

En breves meses Jesús encerraría su jornada, completando la gloriosa trayectoria. Haría varios viajes aun, particularmente por las regiones de Perea. Continuaría enseñando como podemos tomar las riendas del propio destino, en medio de las contingencias de este planeta de pruebas y expiaciones en que vivimos, según la expresión espirita.

Basta cumplir la voluntad de Dios, que se expresa en la excelencia de sus lecciones. Si lo hacemos, jamás pesara sobre nuestros hombros un grano siquiera de dolores y tribulaciones, que sobrepasen la medida de nuestros compromisos karmicos.

¡Ore a los Cielos, lector amigo, seamos alumnos aplicados!

Richard Simonetti

Extraído del libro “Não Peques Mais!”
Traducido por Jacob