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1-¿Cómo clasificar a los fanáticos que se visten de bombas y explotan con ellas en lugares públicos, buscando matar el mayor número posible de personas, en nombre de sus principios religiosos?
Es lamentable que se cometan atrocidades bajo inspiración de ideas religiosas. Religión, como sabemos, significa ligar o religar a Dios, que es el Padre de todos nosotros. Es absurdo que, en nombre de Él, sus hijos se exterminen unos a otros.
2-Esos suicidas dicen inspirarse en el Corán.
Respetables líderes musulmanes han reiterado que no existe en el Islamismo ninguna orientación que estimule esas locuras. Solamente los fanáticos, interpretando al pie de la letra ciertas expresiones de Mahoma, ven en ellas la inspiración para perpetrar tales atrocidades. Esos infelices reviven las locuras de los cristianos medievales, que evocaban la afirmativa de Jesús (Mateo, 10:34) — no vine a traer la paz, sino la espada —, como justificativa para el baño de sangre que envolvió las Cruzadas, guerras de conquistas realizadas en nombre del Príncipe de la Paz. El Maestro apenas se refería a la incomprensión que rodearía a sus adeptos, partiendo de los propios familiares.
3-¿No es el fanatismo una justificativa para esos gestos perturbados, en la medida que el individuo cree estar actuando "en nombre de Dios"?
La ignorancia puede atenuar la responsabilidad de aquél que practica el mal, pero jamás lo librará de penalidad. Somos hijos de Dios, el Padre de infinito amor y misericordia, revelado por Jesús. Heredamos del Señor Supremo la vocación para el Bien. El mal es la negación de nuestra propia naturaleza.
4-¿En qué condiciones retornan al Mundo Espiritual sus víctimas?
Se Habilitan a recibir asistencia de los mentores espirituales, que las ayudan a superar el trauma de la muerte violenta, aunque debamos reiterar que nuestra posición en el Mundo Espiritual no depende tanto del tipo de muerte que tengamos, sino de cuales son nuestras condiciones al llegar allá.
5-¿Qué significa eso?
Lo que importa no es la muerte que sufrimos, sino la vida que llevamos. Un hombre puede morir en un atentado violento y luego superar traumas, readaptándose rápidamente a la vida verdadera, desde que tenga un comportamiento incorrupto. Otro, puede experimentara una enfermedad prolongada, teóricamente suponer una buena preparación para la muerte, sin embargo retornar en estado de desequilibrio, si demuestra apego al inmediatismo terrestre, sin reflexionar en los valores espirituales.
6-¿Y el hombre-bomba?
Difícilmente encontraríamos una muerte más traumática. Además de agredir el periespíritu por la violencia contra sí mismo, asume la responsabilidad por la muerte de sus víctimas, todo ello bajo la influencia del peor desajuste de todos los sentimientos — el odio.
7-¿Y sus superiores, los que planean esos actos siniestros?
Mucho más graves serán sus compromisos delante de las leyes divinas. Siglos pasarán, primero con sufrimientos impensables en el Mundo Espiritual, después en reencarnaciones expiatorias de las más dolorosas, hasta que se restablezcan.
8-Partiendo del principio evangélico de que no cae una hoja de un árbol sin que sea por la voluntad de Dios, ¿podemos decir que esas atrocidades acontecen para que las personas paguen sus deudas?
Cuando Jesús habla de voluntad, entendamos consentimiento. Caso contrario estaremos atribuyendo el terrorismo de la Tierra a la inspiración del Cielo. Dios no necesita del concurso humano para operar Su Justicia. El mal no acontece por designio celeste, sino por la maldad terrestre. Por eso, irresistiblemente, todos responderemos por acciones que sean perjudiciales al prójimo.
Richard Simonetti
Extraído del libro "Suicidio, todo lo que usted mesita saber... para no cometer este terrible error"
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