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Un duro legislador PDF Imprimir E-mail
Richard Simonetti
Escrito por Administrador   
Domingo, 31 de Julio de 2011 16:47

Era temido legislador. Instituía castigos terribles. Peor: cometió injusticias innumerables, como si no supiese lo fundamental, la pena no puede sobrepasar la naturaleza del crimen.

Dos hombres luchan. La mujer de uno de ellos entra en la pelea. Precipitadamente coge las vergüenzas del adversario, más exactamente el miembro viril, y accesorios. El caso va a parar a la justicia. Es elaborada la sentencia, con base en el código inflexible:

- Que le sean cortadas las manos.

¡Cáspita! ¡Eso es pura crueldad! ¡Jamás un acto de justicia!

Ciertamente el lector desavisado dirá:

-¡Legislador loco!

Si usted piensa así, estará cometiendo una herejía, por cuanto esa sentencia está en la Biblia, en el viejo testamento (Deuteremonio, 25:11-12). Es atribuida a Jehová, el dios judío, promovido por los teólogos cristianos al supremo señor del Universo. Por eso, quedo pasmado cuando se habla que la Biblia es la palabra de Dios. Literalmente se está pretendiendo que el Eterno inspiro tales sandeces.

Hay otras preciosidades: En el mismo capítulo, del citado Deuteronomio (5-10), Jehová determina que si un hombre muere sin dejar descendencia su hermano deberá casarse con la viuda. Si recusa, será llevado a los ancianos. Si insiste en no cumplir su deber, ella escupirá en su rostro, le quitara las sandalias de sus pies y su hogar pasar a ser la casa del descalzado. Diríamos del “Desgraciado”, ciertamente es un mal menor, considerando la posibilidad de que la cuñada fuese más vieja, de parcos atractivos y harta de mal humor…

En Reis (2:23-25), niños traviesos se burlaban de la calvicie del profeta Eliseo. Digamos que lo provocaban gritando, a respetable distancia:

-¡Calvo! ¡Calvo!

“Piadosamente”, Eliseo evoco la ira divina sobre los chiquillos. Inmediatamente Jehová providencio el castigo: dos osos salieron del bosque cercano y despedazaron cuarenta y dos niños.

La agresividad del dios bíblico se hace sentir en toda su fuerza, en Josué (10:36-43): Así hirió Josué toda aquella tierra, la región montañosa, el Néguev, las llanuras, y el descenso de las aguas, y a todos sus reyes. Destruyo todo lo que tenia aliento, sin dejar siquiera uno, como ordenara el señor dios de Israel. Todo eso, lo que tenia aliento, abarca hombres, mujeres, viejos, niños, animales, peces, pájaros… ¡todos los seres vivos! Ni Hitler (1889-1945), Stalin (1879-1953) y Atila (406-453) juntos serian tan crueles.

Dice Mark Twain (1835-1910): Lo que me incomoda en la Biblia no son los párrafos que no comprendo. Son justamente los que comprendo.

El notable escritor americano esta en lo cierto. Imposible aceptar que tantas fruslerías, ingenuidades, sandeces, maldades y violencias puedan ser atribuidas a los humores de un dios no muy justo de lo que hace y de lo que quiere, tanto que, en dado momento, como esta en la Génesis, capitulo 6, se arrepintió de haber creado al Hombre.

¡Es eso mismo, querido lector! El Eterno decidió acabar no solo con la raza humana, mas con todas las formas de vida, promoviendo un diluvio universal. Si no fuese Noé a caer en sus gracias y recibir autorización para construir el arca, ciertamente usted no estaría leyendo estas líneas. No quiero sugerir que debamos menospreciar a la Biblia. Simplemente, debemos colocarla en su dimensión exacta: no un libro divino, más un repositorio de leyendas, tradiciones y costumbres del pueblo judío.

Debemos analizarla en su contexto histórico, separando la cizaña del trigo, sin miedo de descartar lo que no reciba la aprobación de la razón. Entonces aprovecharemos mejor la lectura, extrayendo, tanto del Nuevo como del Viejo Testamento, lo que hay de bueno, productivo y edificante, no la palabra de Dios, mas de nombres que, en determinado momento, superaron las fragilidades humanas, ofreciéndonos un flash de espiritualidad.

***

En ese contexto, lo destacado esta con Jesús, el único Espíritu en tránsito por la Tierra con elevación suficiente para situarse en comunión con Dios y ofrecernos una visión más amplia de la voluntad celeste. Revocando sutilmente todo lo que hasta entonces se atribuirá al verbo divino, Jesús sintetiza la orientación ideal en dos mandamientos sencillos, suficientes para edificar el soñado reino divino, de justicia, paz y concordia entre los hombres: El amor a Dios por encima de todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Richard Simonetti

Extraído del libro “Livro Para Rir e Refletir”
Traducido por Jacob