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Amarga Pirro (319-272 a.C.), fue un general griego, autor de libros sobre el arte de la guerra. Guerrero indómito y hábil, seria recordado no por sus hechos en el campo de batalla y circunstancias literarias, más, singularmente, por simples comentarios que dio origen a la expresión famosa: Victoria Pírrica
En 281 a C, combatió a los romanos, en defensa de una colonia griega en el sur de Italia, Trento. Lo logro. Con todo, tantas fueran las bajas en sus tropas que, recibiendo felicitaciones por el notable hecho de derrotar un ejército del gran imperio, comento amargamente:
- Una victoria más como esa y estaremos perdidos.
La victoria que se asemejaba a una derrota. La frase de Pirro es aplicada para definir ciertas conquistas que imponen tantos sacrificios y desgastes que, literalmente, no compensan.
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Hay realizaciones que traen euforia, situándose como la concretización de nuestros sueños e ideas, pero el tiempo, señor de la verdad, demuestra que cometemos grave error de valoración.
-El audaz empresario, que se compromete con la corrupción para enriquecerse.
-El trabajador ambicioso, que usa de la intriga y lisonja para superar jerárquicamente a sus colegas.
-La astuciosa joven, que se vale de su belleza para seducir al hombre rico.
-El hábil político, que ilude al pueblo para ganar la elección.
-El hijo rebelde, que deja el hogar para librarse de la tutela paterna.
-El dictador truculento, que machaca cualquier oposición para sustentarse en el poder.
-El traficante sin escrúpulos, que siembra el vicio para vender su producto.
Exultan con sus sucesos, sin percibir que pagaran un precio muy alto, bien de acuerdo con la expresión evangélica: ¿De que vale conquistar el mundo y perder el alma? (Marcos, 8:36)
Jesús se refiere a efímeras victorias humanas que son derrotas del Espíritu Inmortal, imponiendo penosas reparaciones.
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Por otro lado, hay situaciones que se figuran como lamentables derrotas. Constatamos después que fueron benditas oportunidades de rescate, renovación y conquistas espirituales:
-La enfermedad grave que depura el alma.
-La limitación física que impone saludables disciplinas.
-La desilusión amorosa que deshace la fantasía.
-La muerte del ente querido que despierta la religiosidad.
-La dificultad financiera que estimula la iniciativa.
No es raro hacerse noche oscura en nuestros caminos para que nazca un nuevo día. Si no nos desanimamos delante de las sombras, iremos al encuentro del luminoso amanecer.
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La propia muerte de Jesús, aparentemente derrotado por la maldad humana, era en verdad, la coronación de la misión que comenzaba en el pesebre y alcanzo el clímax en la cruz. Los dos episodios se completan, componiendo la bandera del Cristianismo para la construcción del Reino de Dios.
Humildad, en el pesebre. Sacrificio, en la cruz.
Y más: De lo alto de la cruz, Jesús clavaba los pilares de una nueva actitud delante de la maldad humana, rogando a Dios:
-Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen (Lucas, 23:34)
Aquellos que lo perseguían y abucheaban no tenían ni idea de cuánto les costaría en dolores expiatorios aquel aparente triunfo. Eran dignos de compasión. Espiritualmente estaban tan derrotados como Pirro en su frustrante victoria.
Richard Simonetti
Extraído del libro"Livro Luzes no Caminho" Traducido por Jacob
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