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Dificultades en el desligamiento PDF Imprimir E-mail
Richard Simonetti
Escrito por Administrador   
Miércoles, 15 de Junio de 2011 15:45

1. ¿Todos los suicidas pasan por las mismas experiencias dolorosas?

Básicamente, sí, aunque con algunas diferencias relativas al tipo de muerte y a la condición evolutiva. Cuanto más evolucionado, en términos de cultura y discernimiento, más sutil se torna el cuerpo espiritual. Consecuentemente, es más fácil registrar en forma de desajustes, sus compromisos con el mal, sea el que practica contra el prójimo, sea aquel que practica contra sí mismo, por los excesos, vicios, disparates y por el propio suicidio.

2. A parte de la terrible constatación de que no alcanzó su intento, no "murió", y de los desajustes periespirituales, ¿hay algo más que aflija al suicida después del funesto acto?

Los suicidas enfrentan grandes dificultades para desligarse de los despojos carnales. Según ellos, sufren tormentos indescriptibles y soportan la más dolorosa experiencia: la terrible sensación de estar siendo devorado por los gusanos.

3. ¿El Espíritu puede ser devorado por gusanos?

Obviamente, no. Lo que sucede es que el Espíritu queda preso al cadáver por lazos fluidicos que, sumados, formar el famoso cordón de plata, del que nos hablan los mentores espirituales. Es a través de estos lazos que el Espíritu recibe la impresión de ser devorado por los gusanos.

4. Haciendo uso de su misericordia ¿no tienen los mentores espirituales los medios necesarios para promover un rápido desligamiento?

Es por misericordia que no lo hacen de inmediato. Si hubiera un desligamiento extemporáneo, antes que el desencarnante haya superado las impresiones más fuertes, relacionadas con la experiencia física y el tipo de muerte, retornará al Mundo Espiritual en condiciones aún peores. Dejarlo preso al cuerpo por determinado tiempo es un mal menor.

5. ¿Ese problema alcanza sólo a los suicidas?

Alcanza a todos aquellos que se envuelven con pasiones, vicios e intereses de la vida física, sin pensamientos de carácter espiritual, sin cultivar religiosidad, sin ejercitar el desprendimiento; todo ello en beneficio de la fraternidad. Cuanto mayor sea su compromiso con la Tierra, mayor la dificultad para retornar al Más Allá.

¿Esa situación puede prolongarse indefinidamente?

Normalmente, con la descomposición, las ataduras periespirituales se van deshaciendo. En cuestión de algunos días el Espíritu estará liberado. Aún así, en ocasiones, el Espíritu permanece en el cementerio, imantado al propio cadáver aunque no de forma indefinida.

7. ¿Y el Espíritu tiene conciencia de esa situación?

Tiene conciencia de su sufrimiento, aunque no siempre perciba lo que está ocurriendo. Imagínese en un lecho de hospital, abandonado por amigos y familiares. La soledad es uno de sus tormentos mayores.

8. ¿Esa permanencia junto a los despojos carnales deja alguna secuela?

Queda la terrible impresión de que fue enterrado vivo. Podrá incluso repercutir en futuras existencias. Muchas personas temen despertar en la sepultura, pensando incluso en la cremación para evitar esa posibilidad; probablemente pasó por experiencia de esa naturaleza en vidas anteriores. De ahí el miedo.

Richard Simonetti

Extraído del libro "Suicidio todo lo que usted necesita saber para no cometer este terrible error"