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Richard Simonetti
Escrito por Administrador   
Lunes, 30 de Mayo de 2011 14:35

1.¿Cuál es la primera consecuencia del suicidio?

La terrible constatación: el suicida no alcanzó su intento. ¡No murió! No fue borrado de la Vida. Continúa existiendo, sintiendo y sufriendo, en otra dimensión, experimentando tormentos mil veces acentuados. Es una situación traumática y terrorífica.

2.¿Sus sufrimientos son de orden moral?

En parte. Existe otro tipo de sufrimientos: los estragos en el periespíritu, el cuerpo espiritual. El apóstol Pablo lo denominaba cuerpo celeste. Un cuerpo hecho también de materia, pero quintaesenciada, en otra franja de vibración, como define Allan Kardec. Es el vehículo de manifestación del Espíritu en el plano en que actúa, e intermediario entre él y el cuerpo físico, en la reencarnación.

3.Cuando el médium vidente dice que está viendo determinado Espíritu, ¿es por el cuerpo espiritual que lo identifica?

Exactamente. El Espíritu no tiene morfología definida, como ocurre con la materia. Es una luz que irradia. Diríamos, entonces, que el vidente ve determinado Espíritu en su cuerpo espiritual, así como identificamos un ser humano por la forma física.

4.¿Qué ocurre con el periespíritu en el suicidio?

Siendo un cuerpo sutil, que interactúa con nuestros pensamientos y acciones, es afectado de forma dramática. Si alguien me disparase un tiro y yo desencarnara, posiblemente experimentaré algún trauma, pero sin daños periespirituales más graves. Sin embargo, si yo fuera el autor del disparo, buscando la muerte, el periespíritu se verá afectado y retornaré al Plano Espiritual con una herida coincidente con la área alcanzada en el cuerpo físico. Es muy común que el médium vidente observe suicidas con graves lesiones en el cuerpo espiritual, producidas por un instrumento cortante, revólver u otro medio violento usado por ellos.

5.¿Cualquier tipo de suicidio siempre afectará una área correspondiente en el periespíritu?

Sí, con tormentos que se extenderán durante largo tiempo. Dicen los suicidas que se sienten como si aquel momento terrible de auto-aniquilamiento hubiese sido registrado por una cámara en su intimidad, reproduciendo siempre la misma escena trágica. Imaginemos a alguien apuñalándose. La diferencia es que, mientras está encarnado, esa auto-agresión termina con la muerte, mientras que en la vida espiritual ella se reproduce, insistentemente, en su mente, sin que el suicida se aniquile.

6.Digamos que la persona se dispara un tiro en la cabeza...

Sentirá repercutir, indefinidamente, el sonido del disparo y el impacto del proyectil agujereando la caja craneal y dilacerando el cerebro. Un tormento indescriptible, según el testimonio de los suicidas, que nos hace rememorar la fantasía teológica de las llamas del infierno, que queman sin consumir.

7.Hablando de llamas, ¿y si la persona se mató a través del fuego, desintegrando el cuerpo?

Va a sentirse como alguien que sufrió quemaduras generalizadas. Experimentará fuertes dolores e insoportable inquietud. Es una situación desesperante, infinitamente peor que aquella de la cual, de forma impensada, pretendió huir.

8.¿Podemos interpretar los desajustes periespirituales como castigos divinos?

Imaginemos a un hijo que, no obstante ser advertido por el padre, no toma los debidos cuidados al usar una navaja afilada y se lastima, seccionando un nervio. Los dolores y trastornos que va a sentir no serán de iniciativa paterna para castigarlo. Él apenas sufrirá el resultado de su imprudencia. Es lo que ocurre con el suicida. Sus tormentos se relacionan con los desajustes que provocó en sí mismo. No constituyen castigo celeste, sino mera consecuencia de desatino terrestre.

Richard Simonetti

Extraído del libro "Suicidio todo lo que usted necesita saber para no cometer este terrible error"