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Compromiso no cumplido PDF Imprimir E-mail
Richard Simonetti
Escrito por Administrador   
Martes, 18 de Enero de 2011 15:37

Doña Flausina casi podría considerarse una mujer realizada y feliz: espírita consciente, participante de obras asistenciales, tres hijos íntegros y cariñosos, ocho nietos adorables, ideas lúcidas, salud razonable, situación financiera estable… El único problema era la “cruz” que cargaba en el hogar: su marido.

Existía, latente, una profunda falta de entendimiento entre ellos, que explotaba numerosas veces, en fricciones y discusiones acaloradas que, no era raro, descendían al nivel de la agresividad. No es que fuese mala persona. Era un hombre hasta generoso, buen padre, casero, sin vicios, pero de genio difícil, un tanto impertinente, “cualidades” que, para Doña Flausina, parecían aumentar en la medida en que él envejecía.

– Sólo el Espiritismo me da fuerzas para “aguantar” a Gumersindo. –Proclamaba, enfática. – Quiero estar con él hasta el fin, cumpliendo mi compromiso. ¡Entonces estaré libre! ¡Juntos, nunca más!

Así fue hasta su desencarnación, después de 48 años de convivencia difícil. De vuelta a la Espiritualidad, ya integrada en la Vida Mayor, Doña Flausina analizaba, con un generoso mentor, sus hechos en la vida física.

– Hija mía, –le decía, gentil– usted llevó una existencia provechosa, fue inteligente madre de familia, batalladora en las lides espíritas, servidora de la Caridad… Trae un bello bagaje de realizaciones… Pero tiene un problema grave, un compromiso no cumplido: su marido.

– ¿Cómo? –Interrogó la señora con extrañeza – ¿No fui fiel a los deberes matrimoniales? ¡¿No soporté, estoicamente, durante medio siglo?!

– Ese es su problema: ¡usted lo soportó solamente! No obstante su compromiso era bien distinto. Debía armonizarse con él, superando antiguas amarguras reminiscentes de una convivencia anterior. Adoptando la postura de quien carga una pesada cruz, usted anuló cualquier posibilidad de aproximarse a él, ayudándolo a superar sus idiosincrasias con la fuerza de la amistad. Le faltó, hija mía, el ejercicio de la caridad que silencia, que perdona, que no guarda resentimientos, que supera desavenencias. Y él necesitaba mucho de su comprensión. Es un alma perturbada y neurótica, no obstante sus virtudes. Como usted en cierta manera contribuyó para que fuese así, en base a las influencias negativas que ejerció sobre su Espíritu, en el pasado, no veo otra solución para el problema sino una nueva unión entre ustedes, en una existencia futura, repitiendo las lecciones del matrimonio, hasta que aprendan a convivir pacíficamente.

*****

Después del encantamiento del inicio, fatalmente surgen dificultades de relación en la vida conyugal. Somos, en la Tierra, aprendices insipientes en el arte de convivir. No obstante, aquellos que atraviesan el casamiento a “regaña dientes”, como sometiéndose a una intolerable prisión, forzosamente reencontrarán al cónyuge en nuevas experiencias matrimoniales, presos uno al otro por esposas de resentimiento, amargura, aversión… Solamente cuando formamos por flores de amistad los hilos del matrimonio, disfrutarán los cónyuges la libertad de decidir si seguirán juntos en el camino del porvenir.

Richard Simonetti

Extraído del libro "Cruzando la calle"