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La nueva dirección, liderada por Leandro Alves, hombre culto e inteligente, pretendía dinamizar el trabajo del Centro y, sobre todo, renovarlo, buscando superar viejas prácticas no compatibles con los postulados espíritas. Formaba parte del elenco de cambios, la retirada del viejo cuadro situado en un lugar destacado en el salón de reuniones, donde aparecía una simpática pintura de un viejo negro. Según los antiguos, fue pintado en los principios de la institución, conforme la descripción de un médium vidente.
– La pintura era muy fea. No merecía ni estar en la biblioteca, conforme la idea inicial. Mejor llevarla para el depósito de antigüedades y después darle fin.
– Así razonaba el presidente, en cuanto retiraba el cuadro.
En aquella misma noche, en una concurrida reunión de asistencia espiritual, el personal percibió la ausencia de la pintura. Leandro, diplomáticamente, explicó su posición, inspirada en principios doctrinarios. El Espiritismo no admitía ningún tipo de práctica exterior. La presencia del cuadro sugería un icono, a semejanza de las iglesias orientales, objeto de culto, inspirando posturas idólatras. Aunque el respeto y la admiración que la dirección dedicaba al querido mentor, tal presencia en el salón de reuniones era incompatible con la pureza de la doctrina. Sus ponderaciones no fueron recibidas pacíficamente…
Antiguos colaboradores situaron la medida como falta de respeto. Al final, el cuadro estaba ahí hace años y nunca incomodó a nadie. Al contrario; servía de una preciosa inspiración. Personas afligidas y perturbadas se emocionaban evocando al mentor, teniendo los ojos posados en su figura venerable, por sí solo capaz de ofrecerles confort y tranquilidad. La discusión arreció, resbalando hacia la agresividad. Viendo que el ambiente se desordenaba, Leandro tuvo por bien cerrar la reunión, no sin antes informar que la iniciativa era de la dirección y tenía carácter irrevocable.
Mientras, el asuntó no se acabó. Al contrario: recrudeció, generando confusión y falta de atendimiento. El proceso culminó con un texto para ser firmado por prácticamente todos los frecuentadores. Se pretendía que el cuadro fuese “rehabilitado” o dejarían la institución. Ante la gravedad de la situación, la dirección se reunió extraordinariamente. El asunto fue largamente debatido y se llegó a una decisión por unanimidad, porque cualquier alternativa sería desastrosa, dejando el centro vacío. Al día siguiente el cuadro volvió al salón de reuniones…
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Es importante la actualización doctrinaria. Muchas organizaciones espíritas desenvuelven actividades distanciadas de los postulados espíritas. Es preciso renovar, superar creencias, mitos, supersticiones… Es imperioso reconocer, mientras, que antes de renovar las prácticas es preciso preparar a los practicantes. Medidas administrativas unilaterales, en enfrentamiento con las aspiraciones del grupo, tienden a desarmonizar, revelándose contraproducentes. Es indispensable, por eso, imitar la sabiduría de la Naturaleza, que no avanza a saltos, usando los ingredientes de la tolerancia y de la comprensión, con estímulo al estudio metodizado, a fin de que los propios participantes de las colectividades espíritas maduren y, por sí mismos, se decidan a las modificaciones necesarias.
Richard Simonetti
Extraído del libro "Cruzando la calle"
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