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Jonás y Susi se identificaban en un mismo deseo: tendrían seis hijos. ¿Por qué no cinco o siete? No sabían responder… Era lo que sentían, desde los primeros tiempos de enamorados, imaginándose felices, al tiempo con media docena de niñitos… No existían problemas financieros. El tenía un buen empleo, con un futuro prometedor. Se casaron eufóricos, unidos por el afecto, impulsados por las perspectivas de muchos hijos…
Los años siguieron su curso inexorable, el amor entre ellos se mantuvo, pese a los viejos problemas de relaciones humanas. Por encima de todo eran espíritus amigos, pero el ideal soñado comenzó a enfriarse, desde el nacimiento del primer hijo, portador de una grave limitación mental. El segundo saludable e inteligente, pero inquieto exageradamente, daba trabajo por mil… Por eso. Cuando Susi se quedó embarazada por tercera vez, tomó la decisión inapelable: sería el último hijo. Jonás no discutió.También se desilusionó de la prole numerosa: mucha preocupación, mucho dolor de cabeza…
Nacido el bebé, una linda niña, simultáneamente fue preparada la cirugía esterilizadora… trompas seccionadas y ligadas, el anticonceptivo definitivo… Ambos se sentían aliviados, pero los bienhechores espirituales lamentaron la grave decisión, contra la cual habían trabajado mucho junto a la pareja, por cuanto la intención inicial no se configuraba en mero capricho. Era el reflejo de compromisos asumidos delante de la Espiritualidad. Seis Espíritus reencarnarían como sus hijos, obedeciendo al amplío programa de servicio redentor. La cirugía drástica prendió en el Más Allá a los tres últimos: uno enemigo férreo, con el cual deberían armonizarse, favorecidos por los lazos de la consanguinidad y las bendiciones del olvido; una víctima de sus caprichos, precipitada en tortuosos caminos, para cuya rehabilitación deberían cooperar, y una noble entidad, poseedora de vastos patrimonios de virtudes, que los ayudaría como un ángel guardián, más tarde, cuando viniesen a enfrentar los graves problemas kármicos.
Rechazado irremediablemente, los tres espíritus reaccionaron según su posición evolutiva; el primero se hizo obsesor de los futuros padres, complicándoles la existencia; el segundo se situó como alma en pena en el ambiente doméstico, imponiendo a la pareja penosas impresiones; el tercero volvió a las esferas más altas, ante la imposibilidad de una ayuda más efectiva a sus tutelados, en la condición de hijo… Y la existencia de Susi y Jonás, que sería trabajosa y sacrificada con seis hijos, se volvió peor, apenas con tres…
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Ocioso es discutir sobre la legitimidad de la planificación familiar. Si los padres tienen la responsabilidad de cuidar de los hijos, es elemental su derecho de decidir si desean tenerlos. Se resalta, aun, que esa planificación generalmente remonta a la Espiritualidad, con el concurso de generosos y sabios mentores, antes de la vuelta a la carne, cuando las parejas tienen una visión más objetiva de sus necesidades evolutivas que, no es raro que envuelvan a una prole numerosa.
El problema es que, llegados a la Tierra, se distraen de las finalidades de la existencia y, transitando por las nebulosas de la ilusión, deciden limitar la natalidad, contrariando la propia conciencia, que les dice inarticuladamente, en lo hondo del alma, que aun hay nacimientos programados para su hogar. Con eso transfieren para el futuro inciertas experiencias necesarias a la propia edificación.
Richard Simonetti
Extraído del libro "Cruzando la calle"
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