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Fantasía y realidad PDF Imprimir E-mail
Richard Simonetti
Escrito por Administrador   
Lunes, 07 de Septiembre de 2009 15:15

Aunque se el Centro Espirita, sagrado instituto de iniciación espiritual, innumerables veces lo procuramos más por la necesidad de ayuda que por el deseo de aprender. Es cuando nos sentimos dominados por la depresión e indefinible sensación de malestar nos oprime; es cuando dolores no diagnosticables nos torturan y el desanimo nos sitia; en fin, es cuando, según la terminología espirita, somos visitados por la perturbación.

Al contacto del ambiente balsámico, bajo el efecto de la palabra amiga de dedicados orientadores, y experimentando el beneficio del pase magnético, aplicado por especialistas del más Allá, nos sentimos reanimados y regresamos al hogar como si hubiéramos recibido poderosa modificación estimulante, infelizmente mal asimilada, porque en breve empeoran esos males, para distanciarnos de la tranquilidad. ¡Es nuestro karma!- se diría. Más semejante raciocinio no siempre es admisible.

 

Así como el disturbio de la digestión es antes consecuencia del exceso alimentario con el síntoma de ulceras, nuestras frecuentes perturbaciones reflejan mucho más los desajustes del presente que los desastres del pasado. Así como la glotonería es factor de desequilibrio orgánico, la intemperancia mental es puerta abierta para la invasión de las sombras. Por eso, el auto análisis, que posibilita identificar las faltas de nuestra personalidad y sus reflejos en la conducta diaria, es preliminar e indispensable en el esfuerzo de la renovación, con el fin de que el mal desaparezca en definitiva y perdure la armonía.

Todavía, no siempre nos preocupamos con esta cuestión y, cuando lo hacemos, es de una forma superficial, distanciada de la realidad. Hoy no me siento bien psíquicamente. ¿Que abre hecho de mal entonces? “Por la mañana no olvide la oración, y estudie “El Libro de los Espíritus” con atención. Discutí con un vendedor que pretendía imponerme mercadería inferior por alto precio. ¡Deje bien claro que no soy tonto! “Dedique mi tiempo al servicio en el escritorio, durante la tarde, sin tiempo para ocupaciones inferiores. El único incidente de que me recuerdo es que pase severo desequilibrio con algunos subordinados distraídos en conversación. ¡Era preciso mantener el orden! “A la noche comparecí al servicio mediúmnico. La charla del orientador espiritual fue magnífica. ¡Cuántas lecciones! Después de la sesión, conversé con algunos compañeros. Me acuerdo que les hable respecto a un compañero. Les alerte de que se trata de una persona mezquina que no merece confianza ni respeto.” “¿Qué habré hecho de mal?

En este breve monologo podemos observar como es de fácil identificar esclarecimiento, disciplina y advertencia en tres actitudes que la Doctrina de los Espíritus clasificaría, más acertadamente, como agresividad, prepotencia y maledicencia, factores de sintonía con las esferas inferiores, el gran establo de perturbaciones. A medida que profundizamos en el estudio de la Tercera Revelación, percibimos mejor la grandiosidad de la lección legada por Jesús al recomendar oración y vigilancia. Es indispensable vigilar atentamente nuestros pensamientos y acciones en los contactos con el prójimo, conscientes de que, siempre que no expresan pureza, estaremos en camino del desequilibrio. Cuando eso acontezca, la oración sincera, de quien reconoce la propia debilidad y desea lo mejor, será el recurso divino capaz de reajustar las emociones, para que el Bien sea más fuerte.

Por Richard Simonetti
Extraído del la revista espírita "Revista el Reformador"