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1 – La mejor prueba contra la reencarnación es el crecimiento de la población mundial. Somos, hoy, seis billones de habitantes. En la edad media no pasábamos de quinientos mil… Obviamente no son los mismos Espíritus que están retornando. La población global de la Tierra, entre encarnados y desencarnados, es de cerca de veinticinco billones. Por otro lado tenemos las llamadas emigraciones planetarias, Espíritus que vienen de otros mundos para vivir en la Tierra. Siempre habrá Espíritus para reencarnar.
2 – La reencarnación destruye los lazos de familia. Cada Espíritu tenderá a seguir sus propios caminos, en nuevas existencias, modificando sus relaciones. La unidad de existencia, con la transferencia compulsoria hacia el cielo o el infierno, es que los destruye. ¿Cómo quedaría una madre, cuyo hijo fuese al infierno? Las uniones afectivas se consolidan en las vidas sucesivas, formando familias espirituales que reencarnan para experiencias en común.
3 – Corremos serio riesgo de no encontrar más a nuestros familiares al desencarnar. Probablemente habrán reencarnado. Es una posibilidad remota, ya que los Espíritus tienden a quedarse mucho tiempo en la vida espiritual. Aunque, eventualmente, un familiar haya reencarnado, si hay lazos de legítima afectividad entre nosotros, no lo perderemos de vista y nos reencontraremos, fatalmente, mas tarde o temprano.
4 – Es inconcebible imaginar que tuve otro sexo, pertenecí a otra raza, tuve otro color, viví en otro lugar, en una existencia anterior. Yo soy el mismo, no otra persona, con todas las características físicas, intelectuales y mentales que me son propias. Es preciso distinguir la individualidad, el ser perenne, de la personalidad, el ser transitorio. Imagínese un actor desempeñando papeles, en múltiples escenarios teatrales. Podrá ser una mujer, un joven, un viejo, blanco o negro, oriental u occidental, rico o pobre, pero, íntimamente, será siempre el mismo individuo, incorporando experiencias. Así ocurre con el Espíritu, en el desdoblar de las reencarnaciones. Asume innumerables papeles, componiendo personalidades que se suceden, pero es siempre el mismo, un Espíritu inmortal en transito hacia la perfección.
5 – Diciendo que todo es consecuencia de nuestro pasado, la reencarnación nos induce a la pasividad. La reencarnación estimula la impasividad, es decir, la serenidad ante los sufrimientos y dolores resultantes de lo que hicimos en el pasado; pero deja bien claro que el futuro depende de nuestras iniciativas, estimulándonos al esfuerzo del Bien y al empeño de auto- renovación.
6 – En la carta a los Efesios el apóstol Pablo afirma que al hombre le es dado vivir apenas una vez y después será juzgado. Es la opinión de Paulo. Jesús, su y nuestro maestro, enseñaba que es preciso nacer de nuevo para merecer el reino de Dios. Ciertamente no se refería al bautismo, o estaría cerrando la puerta a billones de personas que siquiera saben de lo que se trata.
7 – Si la reencarnación es un proceso educativo, en que rescatamos deudas y corregimos nuestras malas tendencias, es imposible justificar el sufrimiento de personas virtuosas y buenas. Vemos lo que la persona es hoy; no sabemos lo que ella fue ayer. Todos tenemos deudas que rescatar. Cuanto más evoluciona el Espíritu más hondo penetra en su pasado y mejor percibe la necesidad de someterse a determinadas pruebas, redimiéndose ante la propia conciencia.
8 – El hecho del movimiento cristiano, entre católicos y protestantes, no aceptando la reencarnación es evidente demostración de que se trata de una equivocación. Buena parte de los cristianos, inclusive los espiritas (que somos cristianos también) la acepta. Por eso, la recíproca es verdadera: el hecho de que billones de personas, entre cristianos y adeptos de otras religiones acepten la reencarnación es una demostración evidente de que se trata de una realidad. Consideremos, aún, que el movimiento cristiano no aceptó, en un principio, la teoría evolucionista de Darwin (1809-1882) y la teoría heliocéntrica de Copérnico (1473-1543). Los teólogos “rompieron el molde”.
Extraído del libro “Mediumnidad, todo lo que usted necesita saber”
Richard Simonetti
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