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Nunca se oyó hablar tanto de paz en el Tierra, como en estos tiempos que estamos viviendo. Para todo y para cualquier cosa, se habla de la paz. Desde hace mucho se conocía la paloma de la paz. Hace mucho se habla de la bandera de la paz, de los tratados de paz o de armisticio. Pero, al final de cuentas, ¿que viene a ser la paz? Es muy difícil para quien no es pacifico saber lo que es la paz. Para mucha gente, la paz es la postura de las aguas paradas; para otros, la paz es la inercia, es no hacer nada, es no tener que incomodarse, importunarse, salir de su lugar, no tener nadie que lo aborrezca, que lo importune, que lo aburra. Parece que la paz se torna, para mucha gente, una virtud estanque, parada, anquilosado, como, en realidad, la paz es exactamente lo opuesto. Cuando vemos la superficie espejada en el lago, jamás supondremos que en la intimidad del lago exista quietud. Hay vida que hierbe, hay vida exuberante.
Existe vida que se muestra, que se multiplica, que se revigoriza. Cuando se habla en armonía o en paz estamos tratando de una postura de vida porque la paz es una virtud activa y también pro-activa. La paz engendra otras tantas virtudes. La paz realiza muchísimos trabajos. Por causa de eso, cada vez mas es necesario aprender a identificar que paz es esa la que nos estamos refiriendo. ¿Es la paz de los cadáveres? ¿La pereza rancia de los cadáveres? O estamos hablando en paz: ¿actividad, actitud, conciencia tranquila, disposición para el bien, para el trabajo, para la lucha? Eso es paz. Cuando pensamos en los ases de la paz que el mundo conoció, a semejanza de Gandhi, el gran líder de la paz en la India, vemos que la vida de Gandhi tubo de todo, menos inercia. Era un hombre de actividad. Actividad social, en la política, actividad religiosa. Era un hombre de actividades en pro del bien general. Era un hombre de paz. Cuando pensamos en Teresa de Ávila, la conocida Santa Teresa de Ávila, monja, religiosa por excelencia, constatamos que ella no vivía rezando por los esquinas el día entero. Luchaba, buscaba recursos para sus ancianos, buscaba elementos que pudiesen ayudarla a mantener, a construir y a mantener el hogar de los ancianos. Sufrió el convite devastador de un príncipe, un convite indecoroso, indecente, cambiándolo por una ayuda que ella rechazo con la mayor tranquilidad. Vemos, en la vida de esa mujer de paz que su paz tenia de todo, menos inercia. Recordémonos del Premio Nobel de la Paz, que fue Madre Teresa de Calcuta. Aquella mujer pequeña y delgada hacia de todo, menos inercia. Alfabetizo a niños, cuido de leprosos, tuberculosos, de viejos abandonados lanzados en los basureros de la India. Era una mujer activa, exhuberantemente activa y era de la paz. Cuando recordamos a esas personas tan recientes en la Humanidad, recordamos de Martin Luther King Junior que, en 1968, tan cerca de nosotros, hizo la gran marcha sobre Washington contra el apartheid americano, el preconcepto étnico americano. Vemos que la paz carga en sus ingredientes esa capacidad de salir del lugar, de movernos; esa capacidad de actuar, de hacer, de provocar cambios positivos para la sociedad. Es por causa de eso que, todas las veces que hablamos de paz, será necesario establecer si estamos hablando verdaderamente de paz o si nos referimos a la inercia de los muertos, a la inercia del pantano, a la inercia de la muerte.
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Siendo la paz esa virtud, por excelencia, que esta dentro de la criatura y que es bien diferente de lo que se acostumbra a imaginar, evocamos uno de las enseñanzas del Hombre de Nazaret, cuando nos dice: Mi paz os dejo, mi paz os doy, mas no os lo daré como el mundo lo da. En esta enseñanza de Jesús Cristo percibimos algo fabuloso porque, en verdad, nadie puede dar de lo que es suyo, espiritualmente, para el otro. Pero Jesús Cristo nos decía que dejaba Su paz como modelo para nosotros, como propuesta y, aun así, no lo dejaba de la misma manera como el mundo lo deja. La paz del mundo, vale la pena mirar, es como la paz de los cadáveres, la paz de la inercia, la paz del no hacer nada. Es una paz que no debería ser llamada de paz, es una tranquilidad, un sosiego, un ocio. La paz de Cristo es trabajo dignificante. Notamos, a lo largo de la Historia, hombres y mujeres que se dedicaron al trabajo de la paz y lo hicieron con rara maestría. Si miramos, por ejemplo, el genio de Madre Teresa de Calcuta: con que fuerza esa mujer trabajo por la paz. En su vida encontraríamos todos los problemas, menos la inercia. Alfabetizo niños, amparo a leprosos, tuberculosos, retiro de los vertederos los mayores que eran allí tirados por los propios hijos. Madre Teresa fue Premio Nobel de la Paz, tamaño trabajo que realizo en ese campo de la paz. Pero, si miramos la saga de Gandhi, de Mohandas Gandhi encontraremos en su vida todo, menos inercia. Porque fue un gran líder político, social, religioso, un hombre de masa, un hombre que hablaba para que los otros oyesen, hablaba con buen sentido. Lucho contra un imperio entero que dominaba el país, fue preso, sufrió, preservando la paz. Decidió no hacer cualquier movimiento contra la violencia, porque el afirmaba que cualquier movimiento contra la violencia seria igualmente violento, tendría que ser igualmente violento. El propuso un movimiento por la paz. Era el movimiento de la no violencia y es por causa de eso percibimos que todas las personas que lidian en pro de la paz son criaturas activas, dedicadas, trabajadoras de su ideal, activas en su ideal.
Tenemos que destacar, entonces, lo que es la persona pacifica de la persona pasiva. Vale la pena recordar que el individuo pacifico no esta protegiendo la propia piel, no tiene intereses personales. El mira el bien común, el esta siempre listo para trabajar en pro del bien común. La persona pasiva esta pensando en si, en no incomodarse, en no aturdirse. Es por causa de eso que vemos tanta gente que da abrazos simbólicos en los arboles pero derrumba las plantas, corta los bosques. Encontramos personas que dan abrazos simbólicos en los edificio públicos que después van a criticar. Otros que abrazan los lagos, las fuentes, los ríos, manantiales diversos en nombre de la paz, de lo verde, de la ecología pero tiran detritos, tiran por las ventanas de sus vehículos, o del autobús, latas botellas, bolsas de plástico, en nombre de su pasividad. El pacifico buscaría un basurero para preservar la naturaleza, el pasivo tira en cualquier lugar, ajustándose la idea de que aquello ya estaba sucio, ya estaba así. Empuja cada vez mas los problemas para adelante, alegando que los problemas ya existían. Es la paz que cargamos por dentro de nosotros que poco a poco explota, vacía nuestra realidad y hace con que las personas a nuestro alrededor se bañen en nuestra paz. Esa paz que desborda de nosotros contagia la sociedad en que vivimos y la sociedad en que vivimos apaciguada, con nuestra influencia, con nuestra participación, extenderá la paz para el mundo y todos seremos, sin duda, mucho mas felices.
Raúl Teixeira
Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 155, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em julho de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 27.12.2009.Disponível no DVD Vida e Valores, v. 5, ed. Fep.Em 22.03.2010. Traducido por Jacob.
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