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Cuando miramos la Magna Grecia, en los tiempo mas remotos de su Historia, encontraremos allí la practica de las Olimpiadas. Fue en Grecia que tubo inicio ese pensamiento olímpico, cuando jóvenes, para homenajear a los dioses, para honrar a la paz, festejar las estaciones primaverales, se colocaban en peleas notables. Se golpeaban, competían, en el sentido de superar a los propios limites de sus cuerpos. Era bonito de ver, en las tierras atenienses como en Esparta, como la juventud se posicionaba delante de las propias posibilidades. Se entrenaban hasta el agotamiento. Corrían, tiraban dardos, flechas, hacían de todo en honor de las Olimpiadas. Ahí empezamos a pensar en el porque de aquellas competiciones. ¿Que es lo que hacia aquellos jóvenes competir? Era el deseo de la auto-superación. Naturalmente, eso se constituía en una competición muy saludable, porque exigía de los jóvenes disciplina. Disciplina en el ejercicio, de la nutrición alimenticia, disciplina de hábitos, disciplina general.
Ahora, cuando tenemos una juventud disciplinada en torno de un deporte, en torno de un ocio, en torno de una olimpiada para ver quien es capaz de superar, no solo el récord del otro, sino el de su propio récord, vemos como es de saludable esa competición. En nuestras sociedades contemporáneas, encontramos aun las competiciones. Las escuelas, en su estructura académica, llevan los alumnos a competir unos contra los otros. Aquellos alumnos que desean ser los primeros de la clase tienen que estudiar bastante, deben esforzarse bastante. Hay aquellos alumnos que quieren ser los mejores en la Educación Física, en los torneos deportivos. Ellos tiene que disciplinarse mucho, obedecer las reglas, adoptar determinadas alimentaciones, ciertas posturas, dormir temprano. Como es de importante para el individuo en formación ese tipo de orientación que las competiciones acostumbran a ofrecer. Siempre que vemos esa forma de competir, vemos que es saludable.
Si existe un numero de vacantes que debe ser completado por un numero pequeño de personas, hay que hacer un concurso. Entonces, los concursos son todos competitivos. Son experiencias competitivas de la sociedad con las cuales ya nos aclimatamos. Estudiamos, nos preparamos y vamos a hacer el concurso. Vamos a competir. En verdad, no estamos compitiendo en el sentido de perjudicar a los otros, estamos compitiendo en el sentido de que disputamos con los otros los mismos espacios, que son pocos, las mismas vacantes, que son pocas. De ahí comenzamos a ver la competición teniendo ese carácter social bastante plausible, bastante respetable y es necesario, una vez que no hay vacantes para todo el mundo, en determinado concurso, sea escolar, académico, sea profesional. No hay una empresa del gobierno o privada que pueda emplear a todos los hombres y mujeres de una sociedad. Hay un numero limitado de vacantes y, para que se las disputen, las personas tienen que prestar concurso. Son competiciones. Es muy valida esa especie de competición. La competición para a adoptar un carácter nefasto, negativo, cuando partimos para el error, para querer pasar sobre las personas a cualquier coste. Cuando queremos empujar a los otros, pagando cualquier precio. Salimos del campo de la ética, huimos de las experiencias éticas y comenzamos a buscar aquello que no corresponde al espíritu olímpico de Grecia, la auto superación. Estaremos, sin llevar las debidas condiciones, queriendo sacar el lugar de los otros. Es bien diferente de la primera propuesta que era conquistar nuestro lugar. Ahora encontramos los que quieren sacar de los otros ese lugar que los otros conquistaron debidamente.
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Cuando la persona llega a ese punto de querer pasar por encima de los otros, a cualquier precio, estamos delante de serios gravámenes. Ese tipo de competición deshonesta puede llevar a los individuos a cometer crímenes, desatinos, causando infortunio a si mismos y causando infortunio a los otros. Cuando encontramos individuos dispuestos a comprar diplomas, a comprar trabajos académicos, que serán colocados en su nombre, cuando vemos individuos falsificando documentación para sacar el espacio de los otros, las vacantes de otros, el lugar de otros, eso no es un competición honesta. Cuando encontramos aquellos que compran el voto del pueblo y aquellos que venden sus votos, ya no es una competición saludable. Estamos delante de una salvajería social. Es muy importante pensar en una competición que nos de alegría de vivir, a partir de cuyas experiencias consigamos aun mirar a los ojos de las personas. Tener esa certeza de que lo que conseguimos fue a costa de nuestro propia esfuerzo. Pero, encontramos en la sociedad contemporánea la practica de los nepotismos, de los apadrinamientos sociales, políticos, religiosos cuando los míos parecen tener mas valor de lo que los otros y los de los otros. Eso solo lo podríamos saber si hubiese una honesta competición. Si nuestros parientes, si nuestros afectos, si nuestros amigos tienen tantos potenciales, tienen tanto valor, ¿porque se niegan a competir con los otros? ¿porque huyen de los concursos? ¿y porque las autoridades no hacen los concursos, si tiene tanta confianza en las posibilidades de sus apadrinados? Es en ese momento que la sociedad se eclipsa, es en ese momento que la sociedad se atormenta, es en esa hora que la competición gira en tragedia.
Competir no es el problema, desde que sea transparente, desde que sea honesta la competición. Cuando partimos para ese “bas fond”, para ese fin de línea, para ese pantano de los intereses escondidos de actividades soeces, ahí la competición gana otro sentido. Es por eso que precisamos aprender a valorar nuestra propia lucha, cada cual aprende a estudiar, a desarrollar su propia potencial. Es lamentable encontrar alguien que no le guste estudiar, que se niegue al aprendizaje personal, convicto de que, en la hora en que precise de dinero, habrá un padrino para colocarlo donde el no merecía estar. Es muy triste ver que alguien, en ese estado de cosas, en esa situación, se candidata a, eso si, a sufrimientos terribles en ese misma existencia o en existencias futuras, en otras encarnaciones. Todo aquello que no conquistamos con nuestro merito, no nos pertenece, es una usurpación y esa usurpación nos cuesta muy caro, cada vez que la cometemos. Fue Jesús Cristo que nos dijo: “A cada uno será dado conforme a sus obras”. En términos espirituales eso es verdad, nosotros solamente recibimos aquello que hicimos por merecer. Pero, en el campo de las sociedades humanas, no. Encontramos mucha gente ocupando cargos que no merecían ocupar. Ocupando posiciones sociales, políticas, económicas, funcionales, de modo general, para lo que no hicieron ningún esfuerzo a no ser lo de conseguir apadrinamientos. Eso es contra la sociedad saludable que estamos queriendo construir. Eso es contra la ética, contra las buenas costumbres. Que la competición exista, pero que sea una propuesta de auto superación. Que cada cual de nosotros haga su esfuerzo. No es porque yo soy negro, amarillo, pobre, blanco, que yo sea de esa etnia o de la otra etnia, que yo viva en el barrio X,Y,Z que yo tenga que merecer tratamiento especial. La competición es saludable, cuando saludable es el carácter de aquellos que seleccionan.
Raúl Teixeira
Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 176, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em setembro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 10.01.2010.Disponível no DVD Vida e Valores, v. 4, ed. Fep. Em 29.03.2010. Traducido por Jacob.
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