|
Encontramos una enseñanza notable de Pablo de Tarso, el gran Apóstol del Cristianismo naciente, cuando dice: Dad gracias a Dios por todas las cosas. Ese enseñamiento de Pablo, naturalmente enfoca la cuestión de la gratitud. Veía el Apóstol la importancia de ser agradecido. Percibimos que esta no es una costumbre entre las criaturas humanas. Todos nosotros nos gustaría de recibir. ¡Y cómo nos gusta! Pero, la cuestión es en la hora de agradecer. Parece que las personas que hacen las cosas para nosotros, que nos atienden de alguna forma, en nuestro juicio profundo, no hacen más que su obligación, cuando no es verdad. Ahí comenzamos a encontrar espectáculos tenebrosos de ingratitud. Espectáculos de ingratitud que comienzan muchas veces, dentro de nuestra casa, dentro del hogar. Cuantas veces, conversando con psicoanalistas, con psicólogos, hablan de las reclamaciones, de las quejas de muchos hijos referente a sus padres.
Es muy difícil encontrar hijos que no tengan quejas de sus padres. Sin embargo, vale pensar que los padres también tendrían quejas de sus hijos, pero porque los aman, los toleran. De ese modo, vemos con mucha extrañeza la ingratitud de los hijos por los padres. Muchos alegan que su madre tiene defectos A, defectos B; otros dicen que su padre tiene ese o aquel defecto. Uno dice que su madre no está por él, que no le da importancia, otro dice que su madre lo mima. Otros hablan que sus padres nunca los abrazan, nunca los besaron. Otros hablan que sus padres son muy exigentes, que el padre es muy cobrador. Y nos quedamos pensando. Naturalmente aquellos que reclaman tanto de los padres, sea del padre, sea de la madre, nunca se detuvieron para pensar que, por más complicado que sea el padre, sea la madre, ellos tienen una virtud por la cual se tiene que ser eternamente agradecido. Si. Fueron ellos que nos dejaron nacer, para que tuviésemos esa vida que tenemos hoy, para que tuviésemos esa libertad que tenemos hoy, para que pudiésemos ser como somos hoy. Les debemos a ellos, con todos los defectos que ellos puedan tener.
Es natural pensar que quien no consigue agradecer a su padre, a su madre que le dieran, la vida física, que le concedieran la oportunidad del cuerpo físico, de la vida en la tierra, difícilmente agradecerá a los otros, a los extraños. Aquel que no agradece a sus padres, no agradece a nadie. Algunos dicen: Pero yo no amo a mi madre. Otros afirman: Pero yo no amo a mi padre, esa es otra cuestión. Analizando todo eso, dentro del enfoque reencarnacionista, podemos bien admitir que, en la mayoría de las veces, los hijos y los padres son Espíritus antagónicos, Espíritus que tuvieron experiencias no muy felices en otros existencias y que, por eso, cuando llegan al mismo hogar, debajo del mismo techo, la Divinidad propone que ellos se acepten. Esa inconsciencia relativamente al pasado, ese olvido que el pasado nos impone en la nueva vida, es para que nosotros los aceptemos y no para que creamos problemas con la cuestión de la ingratitud.
Es por eso que vale la pena pensar que la gratitud es una virtud de quien consigue amar, pero también de quien consigue raciocinar. Sabiendo que no sentimos amor por las personas que nos atiende, pero ellas nos atiende. Entonces, necesitamos serles gratos. Sabiendo esa dificultad dentro de los hogares, cuando muchos hijos son ingratos para con sus padres, quedamos pensado que ellos encontraran por los caminos del mundo lo que la vida les reservara. Porque si no somos capaces de dedicar ese sentimiento de agradecimiento por la vida, por el cuerpo físico, por las oportunidades, por el hogar, por la escolaridad que tuvimos, aun por las luchas que nos dieron valor, quien no consigue agradecer esto, ¿Cómo va agradecer otras cosas? La gratitud, sin duda, es nuestra demostración de madurez, y nuestra demostración de madurez delante de la vida. Todas las personas que nos hacen bien, que nos ayudan a crecer, mayormente quien nos dio el cuerpo físico, son dignos de nuestro agradecimiento. Agradecer es servir la vida, es una forma de ser feliz.
* * *
Solamente cuando conseguimos agradecer al padre y a la madre, entendemos esa felicitación a otras personas, porque los amigos más próximos son ellos, nuestros padres. A veces, encontramos el hábito malo, que se viene implantado aun dentro de los hogares, que es el hábito de no enseñar a los hijos a agradecer. Las relaciones de nuestros hijos comienzan con los servidores domésticos, con las empleadas domesticas. Porque son empleadas domesticas, pasa por la imaginación general que esas personas no deben recibir agradecimiento. ¿Cómo no? Claro que ellas están recibiendo un salario para servirnos, para sernos útiles, sin embargo, toda criatura se siente feliz, gratificada, cuando le agradecemos. Es por eso que vale la pena agradecer a toda criatura que, de alguna forma, nos atiende. El servidor domestico pone la comida en la mesa; Muchas gracias, Fulano. Retiró nuestro baso, nuestro plato: Gracias, Fulano. Porque la criatura puede hacerlo con mala voluntad. Si aprendemos a agradecer, ella tendrá placer en servirnos, placer en atendernos. Y, en todas esas relaciones que establecemos unos con otros, no podemos perder de vista la cuestión energética, la cuestión vibratoria. Aquella criatura que sabe que nosotros estamos desdeñando, vibra mal con relación a nosotros, hace las cosas vibrando negativamente. Sera capaz de impregnar aquello que nos sirve, aquello con que nos atiende. Y no cuesta decir a nuestra servidora domestica: Fulana, Beltrana , por favor, tráigame un café. Fulana, Beltrana, muchas gracias. No cuesta, es una palabra a cada momento en que nos sintamos agradecidos.
Cuantas veces entramos en un restaurante, llamamos al camarero de muchacho o camarero, no sabemos el nombre, ni tenemos interés en saberlo, y lo tratamos como si él no hiciese más que la obligación a servirnos. Es verdad, el recibe un salario para servirnos, pero, como personas amorosas, como personas que buscan la paz en el mundo y quieren ayudar con aquello que les es más fácil, no nos costaría agradecer a la persona que nos sirve la mesa. Con toda certeza, cada vez que el viniera a la mesa para servirnos, el tendrá una sonrisa, tendrá alegría, tendrá aquella satisfacción en colocar nuestro plato, en nuestro baso aquello que estamos solicitando. La gran cuestión es trabajar, enérgicamente, las relaciones, sabiendo cuanto el individuo se siente feliz cuando recibe un agradecimiento.
¿El dependiente, quien le agradece al dependiente? El no hace más que lo que tiene que hacer, él está recibiendo un salario para eso, ese es el discurso que nosotros usamos. Pero es tan bueno cuando alguien nos atiende y, después de haber hecho al dependiente de bajar todos los productos para que nosotros veamos cuál de ellos iremos a comprar y, a veces, no compramos nada, después de aquel sacrificio decimos: Muchas gracias, usted fue muy gentil. Cuantas veces esa criatura, que está al otro lado, atendiéndonos, espera una palabra de alguien, delante de las crisis humanas que está viviendo.
Desde hace algún tiempo, saliendo del aeropuerto de Galeão, en Rio de Janeiro, conduciendo el coche, estaba con un amigo y pase por la joven que cobraba la entrada del estacionamiento. Pare el coche y le entregué el tique, ella me dijo lo que valía y, por detrás de esa joven vi una presencia espiritual. Era un hombre de cabellos blancos, con aire preocupado, y me dijo así: Métase con ella, juegue con ella, ella es de Ceará. En aquel momento, mire a aquella joven entristecida, aburrida, y le dije: ¡Hola, cearense. Ella abrió una sonrisa. ¿Cómo sabe usted que yo soy de Ceará? Yo le dije: Por sus maneras. E ella quedo feliz, agradecida. Yo le dije: Muchas gracias, aunque ella estuviese allí para atender a todo el mundo que fuese a pagar el estacionamiento.
Agradecer no debería ser una obligación, debería ser una alegría, un deber nuestro de fraternidad. Por eso, desde los tiempos apostólicos, Pablo de Tarso nos enseño con relación a Dios: Dad gracias a Dios por todas las cosas y, cuando agradezco a mi prójimo, estoy agradeciendo a Dios que lo colocó en mi camino.
Raúl Teixeira
Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 139, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em abril de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 15 de março de 2009. Traducido por Jacob.
|