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Esa es una cuestión bastante interesante, la del agradecimiento. Curiosamente, no tenemos costumbre de agradecer. Parece que nuestro agradecimiento es esa cosa formal: Gracias, Gracias, Gracias. Y en eso, en esa única palabra, parece que ya lo decimos todo. Pero el agradecimiento no es bien decir, gracias, a veces forzado, a veces aborrecido. Es muy importante agradecer. El agradecimiento es de esas dávidas para con el benefactor que engrandece aquel que recibió las gracias. El benefactor lo hace por hacer. Pero agradecer es un gesto de reconocimiento que las personas no están obligadas a hacerlo para nosotros. Si lo hacen, algún movimiento de su corazón las inspiro para hacerlo.
Muchos imaginan que su madre, que su padre, que sus hermanos tengan obligación de atender sus cuestiones personales. Los padres, obligaciones de criar a los hijos, de educar a los hijos, pero cuando traen un dulce de la calle, traen un juguete de la tienda, una camisa nueva o nos llevan para un paseo es un aumento, es algo más. Cuando se sientan con nosotros y con nosotros conversan, cuando nos permiten ampliar nuestra cultura, trabajar nuestra sensibilidad, nos ponen en un aula de música, de guitarras, de karate, de judo, de capoeira, es algo extra.
Cuando pensamos en eso, verificamos cuan poco agradecemos a nuestros padres, quiero repetir, no se trata de agradecimiento con las palabras: Muchas gracias. Se trata del agradecimiento con nuestra manera de ser con ellos, de vivir con ellos, de actuar junto a ellos. Cuantos son los hijos ingratos para con sus madres, para con sus padres. Parece, en muchas situaciones, que la medre es una esclava sin el respeto de sus hijos porque ni los esclavos se les deben tratar sin respeto. Cuantos son los hijos que gritan, que golpean puertas, que se atormentan de tal manera que agreden, hasta físicamente, a sus madres. No es necesario decir que estamos en un territorio terriblemente complicado de la ingratitud. Hay muchos que dicen: Mi madre no me entiende, Mi padre no me entiende, No hay dialogo, pero ¿cuál es el dialogo que estamos buscando?
Muchas veces queremos el dialogo en que ellos nos aprueben siempre o hagan lo que estamos pidiendo, o compren lo que deseamos. Cada vez que ellos nos dicen No, No puedo, No puede ser, No podemos, no hay dialogo. Interpretaciones nuestras. Ese es un tipo de ingratitud indisculpable porque los hijos debemos todo a nuestros padres. Nosotros, los hijos, debemos la vida a nuestros padres. Mi madre es analfabeta, Mi madre es nerviosa, Mi madre…. Nuestra madre puede ser lo que sea pero es nuestra madre. Fue gracias a esa mujer analfabeta, tensa, nerviosa que nacimos. Hay tantas otras mujeres calmas, cultas que odian a los hijos, que detestan a los niños. Solo por esa razón nuestra madre merece nuestro respeto, nuestro cariño, nuestra atención, nuestra gratitud y, curiosamente, solamente cuando ellas parten es cuando reconocemos cuanto eran de importante para nosotros.
Cuantas veces decimos que nuestro padre no nos da cariño, no nos abraza, nunca tuvo un gesto de ternura con nosotros, nos trataba siempre de cierta forma distante. Pero esos padres nunca nos dejaron de faltar nada, siempre nos cobijaron con su protección. Jamás tuvieron un fin de semana para sí, trabajando siempre a fin de que pudiésemos banquetear con los beneficios domésticos. Todo eso precisa ser muy bien pensado porque cuando leemos los mandamientos recibidos por Moisés, en el Sinaí, de ellos nos llama la atención: Honra a tu padre y a tu madre, a fin de vivir largo tiempo en la tierra que el señor tu Dios te dará. Quien no consigue respetar, honrar, agradecer al padre y a la madre, no hará eso con nadie más.
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Cuando pensamos en esa gratitud para con los padres es porque cuando no conseguimos ser gratos con ellos, será muy difícil ser agradecido con cualquier otra persona. Nuestros padres son la base de nuestra vida, representan el guía que todos nosotros seguimos. Es natural que ellos tengan obligaciones para con sus hijos, es común. Pero hay cosas que ellos extrapolan, hacen mas allá, nos dan cursos de música, de arte, nos ponen para estudiar guitarra, canto, karate, judo, pagan nuestros viajes, hacen mil cosas con esfuerzo, con sacrificio, que merecen nuestra gratitud. Independientemente de nuestros padres, existen otras tantas personas que nos ayudan a vivir. Quien lava nuestra ropa, quien cocina para nosotros, quien nos presta un favor pagando una cuenta, cuidando de nuestro animal, quien nos ayuda a hacer un servicio, una construcción, un concierto, quien nos oye las quejas, quien tiene oídos en nombre de la amistad para nuestras reclamaciones… todas esa personas deberían ser el blanco de nuestros agradecimientos.
Entonces, agradecer no será propiamente decir palabras más vivir de tal manera esas relaciones que las personas en ellas envueltas se sientan gratificadas. Como es importante ser fieles a los amigos, a nuestros buenos amigos. El respeto que les debemos, dentro de la libertad que tengamos. Pero hay una pared de vidrio entre nosotros, que se llama respeto. Respeto al otro, a la individualidad, a los gustos. Nada de eso impide nuestra amistad, o nuestro buen querer. Cuando pensamos en aquellos que son blanco de la ingratitud será importante que ellos no se preocupen, no se atormenten con eso. Sé que es difícil, alguien que sirve, que ayuda, que extiende la mano y recibe la bofetada, o el escarnio, agrura o la indiferencia como respuesta. Sin embargo, lo agradable, para quien ayuda, es el propio acto de ayudar. Aquel que ama se siente gratificado, no con la gratitud de los otros más con la posibilidad de amar, de ser amado, de venir a amar.
Es tan importante hacer el bien pues esa realización ya nos gratifica. Es tan bueno hacer el bien porque nos encuadramos en las Leyes de Dios. Hacer el bien no es una actitud religiosa. Parece que vinculamos hacer el bien con el hecho de que alguien sea religioso. No, hacer el bien es la Ley de la vida. El bien es la Ley de Dios. Cuando lo realizamos, no estamos haciendo ningún favor. Lamentablemente llegamos a un nivel, en nuestra sociedad, de falta de respeto al bien, de desatención al bien que, cuando una persona, por ejemplo, es honesta, encuentra un documento, una cartera de dinero y lo devuelve, ella será un héroe nacional. Esa debería ser la cosa más común porque la cosa más común es el hábito de sacar provecho en todo, de explorar al otro, de no agradecer, como si las personas tuviesen obligación de servirnos. Es tan bueno cuando quien hace el bien no tiene ningún deseo de recibir agradecimiento.
El agradecimiento ya está en la propia conciencia de haber obrado de conformidad con la Ley de la vida. Y la Ley de la vida es la Ley de Dios. Hacer lo que sea oportuno, distinguir el bien del mal, eso es parte de nuestros deberes. Hacer el bien no debería ser una actitud para esperar gratitud de nadie. Nadie se frustre. Haga el bien sabiendo que podrá no recibir ninguna reciprocidad. Es muy común percibir que las personas tienen pena de quien les hace el bien. Parece que se rebelan, se sienten tristes por haber sido ayudadas, se sienten humilladas, como muchos verbalizan. Son criaturas orgullosas, muchas veces, y que, por eso, no se doblan, no saben agradecer. Quien hace algo por ellas no hacen más que lo que tienen que hacer, admiten. Pero, quien hace el bien, quien realiza esa proeza de amar, de servir al prójimo, de servir al semejante, no se atormenta cuando no hubo gratificación, cuando no hubo agradecimiento porque nuestra conciencia, que es donde residen las Leyes de Dios ya asimiladas por nosotros, nos gratifico, dijo que somos parte del rebaño de nuestro Creador, de los amigos de Cristo, realizando luz por la tierra entera.
Raúl Teixeira
Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 163, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em julho de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 13.12.2009. Em 22.03.2010. Traducido por Jacob.
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