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Es imposible que alguien viva en la tierra sin tener problemas. Este es un planeta de problemas. No necesitamos mucho para oír la voz del Sublime Pastor cuando dice: En el mundo solo tendréis aflicciones. No podemos discutir la veracidad de las cosas dichas por Jesús de Nazaret. El sabía muy bien quienes somos nosotros y la necesidad que todos tenemos de estar en este planeta, en el planeta tierra. En el mundo solo tendréis aflicciones. De ninguna manera El nos dice que el hecho de tener aflicciones en el mundo implicaría en afligir a los otros. De forma ninguna. Todo en la tierra tiene un significado de aflicción.
Casi todo, en el mundo, es profundamente afligente. Sentir aflicciones por no saber las cosas. Se aflige la madre embarazada, la mujer embarazada por no saber si el bebe va a nacer sano, va a nacer con problemas. Se aflige la persona que está en la parada del autobús en la hora del trabajo y pasa el primer autobús lleno, el segundo lleno.
La hora está pasando y la criatura se aflige. Se aflige el estudiante que estudia locamente, pero no tiene la minina idea de cómo serán las pruebas, lo que saldrá en la pruebas. Se aflige la persona delante de lo que va a comer: ¿Sera que esto me hará mal? ¿Sera que esto me hará bien? ¿Sera que yo puedo comer esto? ¿Sera que esto engorda? ¿Sera que…? Las varias aflicciones del mundo, en todos los niveles.
Si uno de nuestros familiares que está en la calle, que está trabajando y que acostumbra a llegar en un determinado horario y no llega, allá está la aflicción tomando cuentas de nosotros: ¿Qué pasara? ¿Qué habrá sucedido? ¿Qué habrá pasado? Y comenzamos a telefonear, a llamar, a saber, a buscar… Las aflicciones. Todos esos fenómenos tienen niveles, niveles menores, niveles mayores. Todos en la tierra sufrimos muchos reveses. El desempleado, por ejemplo. Que tormento, tenemos esa falta de seguridad cuando falta el trabajo profesional, cuando no tenemos donde ganar el pan diario. La enfermedad, las dolencias que invaden nuestra casa, nos acometen, acometen nuestros familiares. Gastamos dinero, gastamos recursos emocionales, sentimentales, en buscar la solución para el problema de la cura, de la medicación, del tratamiento. El luto, la aflicción del luto, el dolor del luto. Cuando vemos alguno de los nuestros partir al más allá, algún amigo, alguna persona querida, todo eso es parte de lo que podríamos decir que son nubes pesadas que se ajustan, que se paran sobre nuestras vidas. Es como si, a cualquier momento, esas nubes se fuesen a desplomar convertidas en tempestad. Es verdad, todas esas experiencias se asemejan a nubes que pasan. Todas ellas tomaran un nuevo rumbo, todas partirán delante de los vientos de una nueva realidad, delante de los aires de una nueva espera. Ningún desespero delante de esas nubes densas.
Nosotros, en la tierra, estamos aquí exactamente para eso: aprender a driblar situaciones difíciles, aprender a superar desafíos, aprender a ganar experiencias positivas, experiencias del bien, aprender a aproximarnos al Reino del Señor, ese Reino de los Cielos que se encuentra en nuestra intimidad, ese Reino de los Cielos que está dentro de nosotros. Por eso, delante de esas nubes pesadas que nublan de vuelta y media, los cielos de nuestra existencia, cabe una postura de serenidad. No es fácil, no es simple, pero no tenemos otra alternativa delante de los reveses, delante de las aflicciones, sino la tranquilidad, aserenarnos tanto cuanto nos sea posible, haciéndonos siempre esta misma pregunta: ¿Si yo me despertara, si yo me desarticulara, resolvería alguna cosa? La respuesta será negativa. Y, si yo no resolviera nada perdiendo los estribos, perdiéndome en medio de los problemas, mejor guardar armonía en mí y esperar por Dios.
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En la medida en que buscamos esa armonía y entregamos nuestra vida en las manos de Dios, todas las cosas se van encaminando. Esas nubes que pasan sobre nuestras existencias pueden provocar mucho pavor, mucho miedo, mucha inseguridad, haciendo con que mucha gente admita el azar sobre su vida. Hay personas que se imaginan dotadas de una falta de suerte, del azar de la suerte, cuando en realidad no estamos expuestos al azar. Las cosas, nos suceden, en razón de la escala de nuestros meritos, de nuestros desméritos, de los errores y aciertos que hayamos perpetrado en días lejanos o próximos de nuestra existencia espiritual. Por eso, es importante verificar que las frustraciones, los conflictos que llegan a nuestras vidas también son nubes que pasan. Si miramos un año atrás: el pariente doliente, el hijo enfermo, nuestra propia enfermedad y, cuando nos damos cuenta, estamos aquí, alegres, cariñosos, sonrientes, trabajando, alegres. Todo aquello se fue. Todo aquello ya paso.
Hay un caso muy interesante que oí de la voz de nuestro deseoso médium Chico Xavier, conocido mundialmente por sus libros, más de cuatrocientos libros publicados, centenas y centenas de entidades espirituales escribieron por su intermedio. Pues bien, Chico Xavier vivía, cuenta él, un momento muy difícil en su existencia, imaginándose delante de un proceso expiatorio bastante severo y, en el momento que su ángel guardián se le apareció, se le mostro, el Espíritu Emmanuel, su guía espiritual, él, en medio de toda aquella aflicción que lo desgastaba, le dijo a Emmanuel: Mi hermano, cuando haya una oportunidad que el señor encuentre con la madre de nuestro Maestro Jesús, pida a ella una orientación para mí. Estoy atravesando esa hora aciaga de mi vida y, ciertamente, un mensaje de María me ayudaría a superar ese trance. Y era tan honesto, era tan sincero el dolor de Chico, que su benefactor espiritual dijo que lo iría. En la primera oportunidad en que estuviese en contacto con la madre del Nazareno, pediría a ella una orientación para su vida. Días después, narra Chico Xavier, el Espíritu Emmanuel le apareció y le dijo: Chico, la madre de nuestro Maestro le manda un mensaje. Y nuestro Chico Xavier, de nostálgica memoria, tomo papel, lápiz para anotar el mensaje que le venía de parte de María de Nazaret: Puede decir, mi hermano. Y el Espíritu Emmanuel dicto para él: Esto también pasara. Y chico quedo esperando la continuidad del mensaje. Pero el mensaje era esto, la afirmativa de que todas las nubes pasan. Esto también pasara.
Curioso es que, cuando conversamos con Chico Xavier, el nos llamo la atención para un fenómeno de lenguaje muy interesante y para un entendimiento muy propio para la cuestión. Cuando el leyó largamente y varias veces aquella frase, llegada para el de parte de la madre del Maestro, se dio cuenta de la veracidad de ella porque todo en el mundo pasa. En este mundo nada es permanente y se pasa los momentos de tristeza, de dolor, de amargura, también pasan los momentos de jolgorio, de fiesta y de alegrías. Todo pasa porque este es un mundo de pasajes. Estamos aquí, pasando, estamos aquí momentáneamente, porque el reino de Cristo aun no es de este mundo y, nosotros, conforme Sus propias palabras, somos ovejas de Su rebaño. De ese modo, no somos de aquí, estamos de pasada por la tierra. Todas las cosas que hoy nos causan sufrimiento, amargura, dolor, luto, llanto pasaran si sabemos esperar los vientos de la Providencia Divina, los vientos de la Sublime Misericordia, con firmeza y trabajo, con buena voluntad y perseverancia, colocándonos, por nosotros, bajo el Amor y la Justicia de Dios.
Raul Teixeira
Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 156, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná.Programa gravado em julho de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 18.10.2009.Em 06.01.2010. Traducido por Jacob
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