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Vida y valores (El casamiento) PDF Imprimir E-mail
Raul Teixeira
Escrito por Administrador   
Domingo, 05 de Junio de 2011 16:32

De las instituciones sociales, aquella que marca un importante progreso en la orden de la sociedad humana, se llama casamiento. Y aquellos que imaginan que casamiento sea una cosa simple, una cosa fácil, ciertamente incurren en un error. El casamiento es una cosa compleja. Veamos por qué. Cada cual de nosotros es una individualidad que se desconoce. Cada cual de nosotros se ignora solemnemente. Hay reacciones en nuestro mundo intimo, que no tenemos ni idea de que las tenemos. Hay grandezas de nuestro mundo interior que desconocemos totalmente. Hay muchas reacciones nuestras que explotan en un minuto, un momento, la gente no imagina de donde saldrán esas tales reacciones. Luego, somos desconocidos de nosotros mismos.

No es la toa que los espíritus del bien recomiendan que, para superar las tentaciones del mal y ser más felices en esta vida, será importante seguir lo que un viejo sabio de la antigüedad ya decía: Conócete a ti mismo. Ahora, en la medida en que no nos conocemos, se torna siempre difícil una relación más saludable de nosotros para con nosotros. Imaginemos cuando nos unimos a otra criatura, que, por su turno, también se desconoce. Sí, porque cada criatura humana se ignora solemnemente. Entonces, somos dos individuos, un hombre y una mujer que se desconocen a sí mismos, se conocen relativamente y que se van a unir. Y cada cual ignora al otro aun más profundamente. Todo eso podría ser superado por la buena voluntad.

Ese deseo de convivir junto a la persona querida, junto a la persona amada, junto aquel individuo que escogemos para participar de nuestra vida, para compartir nuestra vida. Todo eso nos ayudaría a ir superando esas dificultades de entendimiento. Nos iríamos conociendo recíprocamente, en cuanto nos iríamos conociendo individualmente. Cada vez que yo hiciese esfuerzos, que yo demandase movimientos de autoconocimiento, eso me facilitaría mucho conocer a otra persona. Obviamente yo me volvería mejor esposo, ella se volvería mejor esposa y ambos se harían mejor el matrimonio. Lamentablemente esas cosas no existen. Porque, cuando el individuo se casa con otro, desea ser servido por el otro, desea que las virtudes estén con el otro. Es muy común que los jóvenes digan: Estoy buscando una chica ideal para mí. Solo que él no se imagina si él será el chico ideal para ella. Las chicas dicen: Estoy buscando un príncipe encantado para mí, un hombre ideal para mi vida. Muchas veces no se da cuenta de que ellas no son la persona ideal para la vida de él. Y vivimos en ese juego social de engaña-engaña y se engaña y, con eso, es muy complicada la estructura del matrimonio. Pero nada que sea aberrante, nada que sea imposible de concretizarse, a partir del momento en que estamos lidiando con personas adultas, con criaturas maduras, que saben que, a partir del momento en que tenemos compromisos con otro corazón, necesitamos tener respeto para con ese compromiso. Es de ese modo que el casamiento se torna, según dicen los buenos espíritus, los guías de la humanidad, un progreso en la marcha de la sociedad.

El notable codificador espirita, Allan Kardec, hizo una pregunta en El libro de los Espíritus: ¿Qué sería de la vida social en el caso que hubiese la abolición del casamiento? Y la respuesta que obtuvo en El libro de los Espíritus es que el ser humano tendería a volver a la vida de los irracionales. Lamentable seria eso porque, en el momento en que ya llegamos en la etapa en que nos encontramos, somos seres racionales. La razón debe guiar nuestras decisiones, nuestros pasos, debe orientar nuestras propuestas de vida y, de ese modo, el casamiento se tornaría una cosa bastante agradable. ¿Por qué? Porque estaríamos viviendo con la persona que nos gusta, con la criatura querida. Vale la pena pensar que el casamiento en la tierra tiene ese carácter de hacernos experimentar dimensiones de amor que la gente no tendría dentro de casa con el padre y con la madre. El amor que la gente dedica a la madre, el amor que dedicamos al padre, al hermano, a los hermanos no tiene la misma dimensión del amor que un hombre a su esposa o a su novia, o que una mujer dedique a su marido, o su novio. De ahí, nos vamos, a través de la institución del casamiento, desarrollando ese matiz de amor: el amor conyugal, también conocido como amor pasional. Hasta que nacen los hijos y tendremos ahí la dimensión del amor paternal, maternal y, poco a poco, en una misma existencia, estaremos experimentando las más variadas dimensiones de amor. Y la visión del casamiento, según las vista de Dios, es permitirnos esa unión, ese encaje, de tal modo que seamos candidatos a ciudadanos del futuro. Estamos montando, a través de un crisol en la forja domestica, la gran familia del futuro, la gran familia del porvenir, porque todos nosotros somos miembros de la familia universal.

* * *

Cuando nos unimos dos criaturas, es bueno que se diga: Nosotros no nos fundimos. No estamos a una criatura amalgamada a otra. Continuamos siendo uno y otro, unidos por el bien querer, por los lazos de amor, por la afectividad, por el compañerismo. Por todo eso que se debe alimentar una relación a dos. Pero, es importante saber que cada cual precisa tener ese libertad de respirar, como nos recuerda el gran poeta árabe Gibran Khalil Gibran, cuando nos asegura que debemos vivir juntos, danzar juntos, cantar juntos, pero que cada uno deberá estar solo. Es importante que cada cónyuge tenga ese espacio en la relación, para el momento en que necesite quedarse solo. Hay muchos instantes en que la gente quiere reflexionar las propias angustias internas, de las aflicciones intimas, de las dudas que cargan consigo mismo, de los tormentos espirituales, de las angustias morales y, obviamente, no quiere estar delante de otro, juntos en aquel momento. Son situaciones en que cada cual necesita respirar solo, llorar solo. Y si necesita la ayuda del otro tendrá la libertad de llamarlo.

Es muy malo cuando la pareja, porque está casado, se siente dueño del otro. En la hora que yo quiero, el otro ha de querer: Yo solo voy si tu estas, yo solo hago si tú haces, yo solo como si tú comes. Obviamente que sobrecarga demás el alma del cónyuge. Deberemos estar juntos cuando eso nos agrade a ambos. Deberemos caminar juntos en cuanto eso sea importante para ambos. Pero cuando uno de los dos pide un tiempo para pensar a solas, para estar a solas, para llorar a solas, es indispensable que la gente de. Porque en el casamiento estamos experimentando esa integración de dos hermanos. Nosotros somos hermanos porque somos hijos de Dios. Somos marido y mujer, somos esposos por las relaciones biológicas del mundo, biopsicológicas del mundo, por las relaciones sociales. ¿Pero, esencialmente, que somos nosotros uno del otro? Dos hermanos, hijos del mismo Padre, del mismo Dios, en experiencias del matrimonio para que desarrollemos esa dimensión del amor conyugal, que nos va a ayudar mucho por los caminos de nuestra evolución. Pero no es ese el amor total que esperamos en la vida. Por eso es que en la relación familiar nosotros experimentamos las más variadas connotaciones de amor: el amor fraternal (entre hermanos), el amor pasional (entre esposos), mas el amor filial, el amor maternal, el amor paternal. Todos los matices, exactamente porque nos necesitamos, a través del casamiento, ganar esa experiencia para que, unificados en ese sentimiento tan bonito de amar, podamos cumplir la parte que nos cabe en la obra de la Creación.

Dios cuenta con nosotros para que, a través de la relación conyugal, a través de la familia que vamos formando, podamos darnos cuenta de nuestra parte en la evolución planetaria, en la evolución de la familia. Vale la pena no ceder en las tentaciones de la guerra domestica, de la alteración domestica, de la disputa en el domicilio. Más que el amor este encima de todo eso y, poco a poco, toda la mala voluntad, las indisposiciones, aquel pisar más duro, aquel hablar más alto, pueda tener ese reconforto en las aguas del amor. Nadia va a esperar que en la tierra de pruebas y expiaciones, cada matrimonio se levante por la mañana saludándose uno a otro en aquel famoso Ave, Cesar. No. Cada cual va a tener sus dificultades diarias, más que el amor pueda estar siempre al frente, ayudándonos a superar los más variados enigmas del alma.

Cada cual que se une a otra persona, cada individuo que se une en casamiento con otro ser, deberá pensar que ese es una institución compleja, porque son dos individuos, que se auto desconocen profundamente, se unen en una relación en que ellos se desconocen. Por más que convivimos juntos, por más que los años pasan, vamos conociendo uno u otro matiz del carácter del compañero, del cónyuge, pero nunca conoceremos la intimidad, la esencia de cada criatura, una vez que ni esa misma criatura se conoce a ese nivel. Nos vamos aproximando cada vez más, transformando nuestra relación siempre más fecunda y bella. Los esposos se van sintiendo compañeros, seres útiles a la compañera y ella haciéndose amiga, la consejera, la cómplice de su ser querido. Que toda esa complicidad sea luminosa, que toda esa vinculación sea abundante, generando frutos opimos, frutos ricos y abundantes, frutos dulces, en ese gran árbol de la vida, en que el Señor de la vida nos situó.

Raúl Teixeira.

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 112, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em outubro de 2007. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 06.07.2008. Traducido por Jacob.