Browse this website in:
Google
Web
Buscar en Luz Espiritual

La weblog Espirita de Mari

 

Radio Colombia Espirita

Hora local

Barcelona-España

La televisión espirita

 

Vida y valores (El perdón) PDF Imprimir E-mail
Raul Teixeira
Escrito por Administrador   
Domingo, 15 de Mayo de 2011 16:29

La criatura humana es muy especial. Al lado de las virtudes que busca desarrollar, a duras penas, hay unas tantas tormentas de difícil liberación. De entre esas tormentas, que mucho entristecen la vida del individuo en el mundo, esta la dificultad de perdonar. Es muy complicado perdonar. La criatura humana, en el relacionamiento con los otros, en varias oportunidades se va a deparar con la necesidad de lanzar mano al perdón y las cosas quedan difíciles porque, comúnmente, no tenemos hábitos de perdonarnos. Y, si no tenemos habito de perdonarnos, será muy complicado poder perdonar a los otros. ¿Por qué no tenemos la costumbre de perdonarnos? Ese auto perdón tiene que comenzar a partir del momento que yo esté bien conmigo, que yo me valorice, que yo tenga conciencia de las cosas que hice y porque las hice, y el deseo de acertar. Cuando pensamos en eso, vemos la presencia del orgullo, porque el individuo piensa casi siempre: Yo no puedo errar. ¿Cómo que no podemos errar, si somos parte de este planeta donde tantas cosas ocurren, tantas necesidades existen? ¿Cómo que yo no puedo errar? ¿Si estoy en fase de aprendizaje, de crecimiento, estoy en las luchas por desarrollar mis potencialidades, porque yo no puedo errar?

Todas las veces en que ponemos en la mente que no podemos errar, es la presencia del orgullo, porque nosotros podemos errar. La preocupación debería ser: No me gustaría errar. Yo no debería de errar. Mas el poder errar es una situación inherente a la condición humana en la tierra. Tenemos tanta ignorancia de las cosas, desconocemos tantas otras cosas y estamos sometidos a tantas presiones que, en dado momento, es posible que cometamos errores. Entonces, no vale la pena colocar en la cabeza que no podemos errar. A partir del momento en que yo admita que puedo errar y procure no errar a propósito, para que mi equivoco no se convierta en un error, estoy dando oportunidad a ser humano que yo soy para que crezca, para que me desarrolle, para que me ilumine, para que mejore. De este modo, perdonarnos es fundamental para que no salgamos arrastrando complejos de culpa.

Es muy complicado cuando las criaturas arrastran consigo esa cruz del mundo, llamada complejo de culpa, porque en la culpa el individuo no ve salida, en la culpa él ve apenas punición. El individuo pasa a admitir que él tiene que sufrir para no sentir culpa. Si el sentimiento es de culpa, por más que sufra, por más que pague, se sentirá atormentado. Cuando pasamos a gustarnos un poco a nosotros mismos, admitimos que no hay espacio para ese auto condenación, no hay ninguna necesidad de apelarnos para el complejo de culpa. Cuando pensamos bien de nuestra vida y acciones en el mundo, iremos a pensar en las responsabilidades. Esto sí es parte de la criatura humana adulta; reflexionar sobre las responsabilidades. Todo lo que hago, todo lo que quiero, todo lo que realizo, todo lo que emprendo, está bajo mi responsabilidad. Ahí no hay ningún sentido de culpa, una vez que las cosas están bajo mi responsabilidad. Si yo me equivoco, tratare de corregirlo. Si errar contra personas, pediré disculpas, pediré perdón, pero solo después que me sepa perdonar. Cuando yo cometa algún equivoco, voy a sanar ese equivoco, en nombre de la responsabilidad que yo tengo con las cosas y con las personas. Así, no hay sentido de albergar en el alma ese sentimiento auto punitivo porque él no nos llevara a nada, no nos llevara a lugar alguno que no sea el sufrimiento, la amargura cada vez más creciente. Vale la pena comenzar a querernos un poco, a respetarnos. No es colocar debajo del tapete nuestros errores, no es intentar justificar a todo costa nuestros equívocos, es tener esa conciencia de que si comentemos errores, ellos son parte de esa etapa que estamos desarrollando en el planeta. Por causa de esto, no hay ninguna razón para que no nos perdonemos, para que no nos demos una nueva oportunidad y, cuando aprendemos a hacer esto con nosotros, tendremos abertura para hacer esto con nuestro semejante.

* * *

Cuando conseguimos perdonar a nuestro semejante habremos dado un paso cualitativo importantísimo para nuestra existencia. Perdonar a otro es una demostración grandiosa de nuestro crecimiento porque nosotros perdonamos cuando guardamos resentimiento de alguien, cuando tenemos rabia a alguien. Y perdonar es salir de ese resentimiento, salir de esa rabia. Solo hay sentido en perdonar a alguien cuando se está aborrecido con ese alguien, cuando se tenga alguna cosa contra ese alguien y, ahora, no se tiene más. Por causa de esto se perdona. Algunas personas dicen que para perdonar es necesario que olvidemos lo que la persona nos hizo, lo que sufrimos por parte de alguien, de alguna institución. Pero las cosas no pueden ser propiamente así. ¿Como nosotros vamos a olvidar una cosa que está presente en nosotros? Digamos que alguien nos haya herido, nos amputo un dedo, un brazo, ¿Cómo yo voy a olvidar esto para poder perdonar? Imaginemos a una madre que le hayan asesinado a su hijo, un homicida cualquiera. ¿Cómo va a olvidar ese episodio? ¿Cómo ella olvidara que el hijo, o que el ser querido fue asesinado? Luego, esa propuesta de olvidar no es intelectual, no es inteligente, ella es tonta, es simple. Lo que ocurre es que nosotros trataremos de cambiar el valor que dábamos a esa situación.

Cuando crecemos, nos volvemos adultos y conversamos con nuestros padres, ellos son los únicos en recordar los episodios de nuestra infancia en que cometíamos artes, peripecias, rompíamos las figuras de la casa, las tazas de porcelana de nuestra madre, objetos caros. Nos llevábamos un buen azote, quedamos con rabia de ellos. Cuando crecemos, contamos las mismas peripecias sonriendo uno para el otro. Los padres dicen: Como eras de sinvergüenza. Como eras de vivo. Como eras de condenado… con otra disposición de alma. Nadie olvido los episodios pero el valor que se dio a ello en ese día, y el valor que se da ahora de mayores, eso es lo que se modifico. De modo que, para perdonar a alguien, necesitamos mudar el valor que se da a esa situación. No alimentar, no fomentar el episodio vivido. Si alguien nos dice alguna cosa que nos desagrado, que nos hico mal, que nos entristeció, no deberemos quedar presos a esa tristeza, a esa palabra que oímos. Cuantas veces decimos a las personas cosas que lastiman a las personas, cosas que no nos gustaría a nosotros de oírlo. Por causa de eso, vale la pena hacer ese esfuerzo por abrir mano a la tristeza, a la rabia, al odio, a la indiferencia para que podamos, perdonarnos, o entender nuestro posibilidad de cometer errores, involuntariamente, entender que los otros también pueden cometer errores, involuntariamente o voluntariamente.

Cuando pensamos en el perdón y en el verbo perdonar, no podemos olvidar sus bases latinas, porque perdonar proviene de dos términos del latín: por más donare. Por querer decir más allá de, para más allá de, en cuanto que donare es donar, es dar. Entonces la palabra perdonar significa dar alguna cosa más allá, dar más allá de, dar algo más. Si prestamos atención en los enseñamientos de Jesús Cristo, El dice: Aquel que te golpee en una mejilla, preséntale también la otra. La idea del perdón. Si alguien nos agrede de afuera para dentro, nos golpeo en una mejilla, que la gente presenta la otra mejilla, la mejilla interna, donde existe el perdón porque, si alguien me golpea en una mejilla y yo le presento la otra, estoy dando alguna cosa más. Si alguien te pide que camines mil pasos con él, camina dos mil. La idea de Cristo de dar siempre un poco más, el perdón. Aquella persona que pide que la gente camine mil pasos es la persona complicada, difícil, atormentada, y ahí hacemos un poco más allá. Cuando perdonamos, hacemos siempre un poco más allá. En el mismo enseñamiento nos dice el Maestro Galileo: Si alguien te pide la capa, da también la túnica. Encontramos en ese enseñamiento de Jesús y en varios otros ese concepto de dar más allá, de dar un poco más. Alguien que nos golpee en la mejilla, alguien que nos pide mil pasos, alguien que nos pide la capa, es alguien que está pidiendo un sacrificio nuestro: dar la otra mejilla, caminar mil pasos, dar la prenda que nos viste.

Entonces el Cristo enseña que deberemos dar mas allá, dar un poco más, perdonar. Y por causa de eso, el perdón es el remedio santo, como encontramos en los Evangelios. Es gracias a ese gesto de perdonar, de dar más allá, que sentimos una paz inmensa dentro del alma, que nos sentimos integrados en esa constelación de amores de la cual es portador Jesús. Y perdonando no cargamos pesares en el alma, vivimos en paz, distribuyendo paz, por donde quiera que pasemos.

Raúl Teixeira.

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 134, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em janeiro de 2008.Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 17 de maio de 2009. Em 03.08.2009. Traducido por Jacob