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Vida y valores (El sentido del perdón) PDF Imprimir E-mail
Raul Teixeira
Escrito por Administrador   
Jueves, 28 de Abril de 2011 16:07

Existen cosas, en la vida de la gente, que la gente aun no dio el debido valor. Hay situaciones tan importantes para las cuales la gente aun no se percato. Una de esas cosas es ese vicio terrible de guardarnos basura en el alma, guardarnos tristeza, sentirnos ofendidos con lo que las personas dicen sobre nosotros, hacen con nosotros. Para ese problema, el gran antídoto es lo que la gente llama de perdón. Esa palabra parece quedarse fuera de moda, parece haber caído de moda, porque vivimos en épocas en que poca gente piensa en perdonar. Al final de cuentas, si Fulano hizo eso conmigo, tiene que pagar. Otros gritan que quieren justicia, pero hablan de la justicia con una inflexión de voz y con dureza facial, con rictus bocal que, en verdad, es un deseo de venganza. No es propiamente desea de justicia. Hasta llegamos a aquellos que desean y hacen la llamada justicia con las propias manos.

Si el perdón fuese utilizado por nosotros, sin duda, seriamos personas más saludables, más alegres, más felices. Porque la persona beneficia fundamentalmente, no la persona que lo recibe, sino la criatura que lo ofrece. Normalmente los individuos que son perdonados no están liberados de la propia culpa, son perdonados pero no limpios. Aquellos contra quienes erraron son capaces de perdonarlos, mas ellos, que cometieron el error, aun continúan cargando en si el peso del error. Pero es tan importante perdonar. Podemos observar que la criatura que tiene dificultades para perdonar a los otros, también es aquella criatura que no se perdona a sí mismo. Y la criatura que no se perdona a sí mismo, no es la criatura más justa, es la más orgullosa. Ella imagina que jamás podría haber practicado aquel desatino, jamás podría haber cometido aquel delito, nunca podría haber errado. Para ella el problema no es haber errado, es haber alguien tomado conocimiento de su error. Es un comportamiento victoriano, cuando no era problema cometer desatinos. El gran problema del periodo victoriano era el otro saber del desatino cometido por nosotros.

Cuando paramos para pensar en eso, nos damos cuenta de que el perdón resolvería todo eso. Mas, ¿de dónde viene ese término aparentemente desfasado, de donde nace esa idea de perdonar? Perdonar viene de una expresión latina per más donare. Per es un prefijo que quiere decir, más allá de. Y donare es dar. Cuando juntamos per mas donare, juntamos y forjamos la expresión dar mas allá, dar un poco más. Es prestar atención en el Evangelio, Jesús Cristo nos hace esa propuesta, para dar siempre un poco más. El evangelista Lucas llega a decir que se sentía un siervo infiel por haber hecho solamente lo que era su deber. Porque la idea de Jesús era la de la importancia de dar siempre un poco más. Per donare- dar más allá. Y es por eso que, cuando nosotros perdonamos nos sentimos felicitados por el acto del perdón, nos sentimos bien por el acto del perdón, nos sentimos leves al perdonar a alguien.

Pero la criatura perdonada continua cargando el peso de su disparate, de su desliz, de su equivoco, de su error. De ahí, si quisiéramos liberarnos de las criaturas que se equivocan contra nosotros, tenemos la formula mágica enseñada en el Evangelio de Cristo - perdón. El perdón es el remedio santo. Es gracias a esa capacidad de perdonar que avanzamos hacia afuera con el corazón limpio, sin guardar suciedad dentro de él. Naturalmente, cuando pensamos en esa cuestión del perdón, de la limpieza del alma, de la tranquilidad de conciencia, debemos imaginar cuantos individuos de los cuales precisamos que nos perdonen, cuantas son las personas de las cuales esperamos un gesto de perdón. Es verdad, porque nosotros erramos contra tanta gente en lo cotidiano. Una ingratitud aquí, una palabra áspera allí, un gesto indebido allá, una intriga, una maledicencia, un ti-ti-ti que forjamos. Entonces, cuando la conciencia cae en sí, comenzamos a pensar como sería bueno si aquellas personas contra las cuales obramos, nos pudiesen perdonar. El perdón de hecho es el remedio santo.

* * *

Cuando pensamos en el perdón de esa forma, como un remedio santo, nos damos cuenta de que Jesús Cristo, conforme dijimos en varios momentos, nos llamo la atención para esa capacidad de darnos un poco más. Hay una de sus enseñanzas notables, como todas los otras, que nos llama la atención para lo siguiente: Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra. Cuando pensamos en ese enseñamiento de Cristo, ¿qué es? Si alguien pega en una mejilla y nosotros ofrecemos la otra, ese es el mensaje de perdón. Damos un poco más. La otra mejilla no es el otro lado del rostro, es la mejilla interna. Cuando alguien nos agrede de fuera para adentro, presentamos la cara que tenemos dentro para afuera. Nuestra capacidad de perdonar, nuestra capacidad de entender. De ahí, como queda lógico, como queda bonito el enseñamiento de Jesús. Más, continúo El al decir en el mismo enseñamiento: Si alguien te pide caminar mil pasos, camina otros mil, camina dos mil. El mensaje de la tolerancia, de la comprensión. Si alguien nos pide, a través de sus actos, un gesto de tolerancia, que la gente tolere un poco más, que la gente comprenda un poco más, sea indulgente un poco más. Es el perdón.

Siempre que donamos más allá, siempre que donamos un poco más, estamos perdonando. Hay personas que son tan increíblemente pesadas, complicadas, difíciles para la vida de la gente y nosotros vamos ejercitando en la práctica de comprenderlas, de soportarlas, de tolerarlas. Eso se llama perdón. Dar más. Pero Jesús Cristo nos dice en la secuencia de esos enseñamientos: Si alguien pide la capa, le das también la túnica. Veamos que la idea del enseñamiento es dar un poco más, porque, cuando aprendemos a donar un poco más de nosotros, estamos haciendo un esfuerzo íntimo. Aun no son esas actitudes en nosotros espontaneas. Tenemos que comenzar a actuar disciplinadamente, hacer así, porque es así como tiene de ser, es eso que la Ley Divina me propone, es de ese modo que yo debo ser.

Comenzamos, como nos enseña el Espíritu André Luiz, haciendo las cosas por obligación, después comenzamos a hacerlas por hábito, hasta que después de la obligación, después del hábito, ellas se transforman en actitudes espontaneas. Nadie espere que, de repente, comience a perdonar, de repente ya tenga el corazón abierto para el perdón. No, no lo espere. Aun somos muy limitados en nuestra evolución espiritual. Para eso necesitamos comenzar temprano a hacer las largas caminadas. Si el perdón es para nosotros una cosa complicada de realizar, comencemos ahora a disculpar, a tolerar, a soportar y, poco a poco, esas virtudes se van tornando de tal modo eficaces en nosotros, que nos van convirtiendo en personas leves, personas muy soft, capaces de perdonar sin hacer fuerza.

Todas las criaturas que perdonan sin hacer fuerza, o sin hacer esfuerzos, son aquellas que comenzaran un día a perdonar llorando de rabia. Yo voy a perdonar porque yo se que yo lo necesito. El corazón aun estaba arañado, el corazón aun estaba adolorido, pero ellas comenzaran por no repetir, por controlar la lengua, por controlar las manos. Ya era un gesto inicial del perdón, porque aprendemos en el Evangelio, que podemos cometer errores por pensamientos, por palabras y por actos. A veces solo pensamos, ya es un progreso. Otras veces pensamos y la lengua no cabe en la boca y hablamos. Otros hablan, después de haber pensado y acaban por cometer el desatino. Vamos hacer lo contrario, vamos a comenzar a desarmar esa bomba. Primero, no reavivábamos, después, si queremos hablamos, hasta el momento en que no alimentamos el pensamiento otra cosa que no sea lo de dar de nosotros un poco más.

Perdonar es perdonarse. Jamás conseguimos perdonar el más gesto de alguien, el error de alguien, si no conseguimos perdonarnos a nosotros mismos. Solamente a partir de la práctica del autoperdón, cuando nos compenetremos de que no somos personas infalibles, no vamos a errar a propósito, mas estaremos consciente de que en esa larga marcha de la humanidad para la victoria, es muy fácil tropezar, es muy fácil caer, mas es preciso levantarse, darse el tiempo para descansar, para levantarse de la caída, para relajar la mente. A través del auto perdón, invariablemente, se constituye la base del heteroperdón, porque perdonar, dar mas allá es un remedio santo.

Raul Teixeira.

Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 121, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em outubro de 2007. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 10.08.2008. Em 05.01.2009. Traducido por Jacob.