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Jamás supongas que tú estarás sin rumbo en la tierra. No. Cada cual de nosotros que renace en el mundo, la Divinidad nos proporciona a alguien para orientarnos, a lo largo de nuestra trayectoria por aquí. Ese alguien, ese ser espiritual es conocido, desde todos los tiempo, y nosotros lo llamamos como nuestro ángel guardián. Desde que surgió en el palco de la mentalidad humana la idea de que hay ángeles, de que existen seres angélicos, aquel ser superior a nosotros, que nos guía en la vida, que nos orienta en la vida, que nos coordina los pasos, y llamado de ángel guardián, o simplemente ángel de la guarda, o simplemente nuestro guía.
Existen varias imágenes que intentan representar a nuestro ángel guardián. Hay una muy conocida, muy popular, de un ángel con alas enormes acompañando a un niño que corre detrás de una pelota en la dirección al abismo. Es tan importante saber que la imagen que se tiene del ángel guardián es la imagen de quien nos guía, de quien nos protege. Y, de hecho, el ángel guardián es un Espíritu de jerarquía superior a la nuestra. El buen sentido nos dice que tiene que ser así.
Alguien para guiar a otro alguien no pude estar en el mismo nivel, no puede ser equiparado, porque no sabría salir de las situaciones complejas, inspirar en las situaciones difíciles. Luego, nuestro ángel guardián, invariablemente, es un Espíritu de jerarquía más alta que la nuestra.
El ángel guardián funciona como si fuese un hermano más viejo, un padre amoroso, un maestro, un profesor, mas fundamentalmente, un amigo. Y en esa amistad, en esa paternidad, en esa hermandad, nuestro ángel guardián no niega recursos para hacernos criaturas felices, aunque para eso tenga que dejarnos sufrir, aunque para eso nos permita la lágrima. De ese modo, pensamos como es de importante esa conciencia de que, a pesar de ser personas maduras, racionales, hombres y mujeres que ya conseguimos decidir nuestras vidas en la Tierra, sino tuviésemos nuestro guardián, caeríamos invariablemente en muchas trampas del camino, en muchas artimañas de la vida material en la Tierra. Porque es en la Tierra donde encontramos toda gama de peligros, todas las dificultades, y nuestra visión humana no es tan abarcador, en términos espirituales, que nos permita identificar donde se hallan determinados peligros, determinadas dificultades.
El ángel guardián es esa criatura que nos inspira, que nos orienta, mas de ninguna manera interfiere en nuestro libre albedrio, si no nadie mataría a otra persona, nadie robaría, nadie hurtaría. Si no fuese ese respeto por el libre albedrio, nadie traicionaría a nadie, nadie mentiría contra nadie, porque nuestro ángel guardián no sellaría eso, no aprobaría eso, no puede aplaudir esas cosas. Mas, en nombre del respeto a nuestro libre albedria, el nos deja actuar, en la certeza de que, después de nuestra acción tendremos que soportar el peso de la reacción. Es de ese modo que verificamos que nuestra vida en la Tierra, no es solo más feliz porque aun no lo deseamos, ni sabemos que es posible ser más feliz en la Tierra. Para nosotros, nacer en la Tierra ya es, en sí mismo, motivo de sufrimiento. Poca gente se hace la idea de que nuestra vida en el mundo es destinada a nuestro crecimiento, nuestra felicidad. Solo que, para que alcancemos ese crecimiento, para que logremos esa felicidad, tenemos que hacer nuestra parte.
Nuestro ángel guardián nos inspira, repito, nos orienta, nos ayuda, mas el no puede hacer lo que solamente nosotros podemos. Alguien que visite al médico delante de un problema de salud, oirá al medico las orientaciones debidas, recibirá del medico la receta y la medicación a tomar, mas va a tomar si quiere, hará uso, si quiere, de todo cuanto el facultativo le haya indicado. Así es nuestra vida con nuestros ángeles guardianes. Nosotros podremos recibir de ellos toda buena inspiración, mas colocarla en práctica ya será de nuestra entera libertad. Nuestro ángel guardián merece, por eso, ser buscado, procurarnos estrechar los vínculos con él. Es cierto que él no nos abandona, mas nosotros, muchas veces, nos desconectamos de la sintonía con él, salimos de esa sintonía y obviamente nos sentiremos solos, perdidos en el vasto mundo. Y es tan triste esa sensación de que no tenemos a nadie, aunque tengamos todos a nuestro favor, porque si tenemos a Dios con nosotros a través de la figura de nuestro guardián, no necesitaremos nada más.
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Esa presencia de Dios junto a nosotros, a través de la figura de nuestro ángel guardián, precisa ser valorizada por nosotros. Si, precisa ser valorizada por nosotros. Es muy común que lleguemos al punto de salir procurando ayuda a través de otras criaturas. Vamos a pedir ayuda a los médiums, a los sacerdotes, a los rabinos, a los pastores, los padres santos, en la tentativa de que ellos nos resuelvan los problemas, suponiendo que ellos nos guiaran en los caminos. Muchas veces lo hacen, pero son criaturas humanas como nosotros, viviendo las mismas luchas y necesidades del mundo, las veces en un plano de mejor visión, muchas veces dotados de mayor experiencia que la gente, mas no dejan de ser criaturas humanas, atrapados por los mismos vendavales que atrapan nuestras vidas, ni siempre ellos atinaran para con el sentido de aquel sufrimiento que nos acontece, para con la fuente de aquel tormento que nos perturba. Más, nuestro ángel guardián sabe exactamente porque estamos atravesando determinados acontecimientos de la vida, positivas o dolorosas. Nuestro ángel de la guarda lo sabe.
Sera importantísimo aprender a cerrar el circuito con ellos, a entablar contacto con ellos. Podremos hacer eso, sin duda, aprendiendo a hacer silencio íntimo. Vivimos una época en la Tierra y, particularmente en ese lado occidental del mundo, en que no conseguimos hacer silencio mental. Acostumbrados culturalmente al barullo, al tumulto. De esa forma, será muy difícil para nosotros mantener contacto con nuestro ángel guardián. Para oírlo entre comillas, su voz, para aceptar su psiquismo, es necesario silenciar nuestros barullos internos, nuestros tumultos interiores. Los orientales acostumbran a decir que nuestra mente occidental es semejante a un macaco loco, porque salta de una para otra rama. Nosotros pensamos varias cosas al mismo tiempo y eso nos perturba mucho la capacidad de concentración.
Es necesario, en nuestra vida, el ejercicio de hacer silencio íntimo, el ejercicio de silenciar, descolgar los teléfonos, la campana de la puerta, desconectarnos de la radio, la televisión, y hacer durante un tiempo, nuestra reflexión. Pensar en la naturaleza, los cuadros buenos de la naturaleza, las cosas que nos sensibilizan, que nos conmueve. Poco a poco vamos aprendiendo a concentrarnos. Concentrarse es dirigirse para alguna cosa o algún lugar. Es transformar alguna cosa, algún lugar, algún hecho, en el centro de nuestra atención. De ahí entonces, nuestro ángel guardián merece que hagamos ese ejercicio para conseguir, a lo largo del tiempo, establecer un puente con él. Al principio, cuando comenzamos a hacer silencio íntimo, sentiremos gran dificultad, porque estamos acostumbrados al barullo. Tenemos que hablar todo el tiempo de nuestra vida. No tenemos costumbre de silenciar, de pasar algunas horas por cuenta de nuestra propia reflexión. Tenemos que estar escuchando alguna cosa, sea música, sea la conversa de otros, sea el futbol en la radio, sea la novela, sea lo que sea: todo el tiempo nos acostumbramos al barullo, no conseguimos hacer el puente con el más allá Superior.
Es importante que comencemos el ejercicio. En la hora en que el pensamiento se escape, retornamos y recomenzamos a pensar en aquello que era el blanco de nuestra atención. El tiempo va pasando y vamos aprendiendo, poco a poco, a estar más tiempo en silencio. Silencio, oyendo la voz del infinito. El célebre Pitágoras estableció que el Universo tiene una armonía, una sinfonía, cuerpos que giran para todos los lados, con velocidades variadas no pueden tener otra destinación sino la producción de sonidos. Mas Pitágoras estableció que nosotros no conseguimos oír esos sonidos de la naturaleza, porque ya nacemos sumergidos en él, no tenemos el contraste del sonido y del silencio. Entonces, para nosotros será importante aprender a oír ese sonido del Universo conscientemente, sabiendo que no sabremos distinguirlo del silencio cósmico. Más vamos a aprender a oír el silencio del Universo que, para nosotros, será una verdadera sinfonía. Solamente cuando lo logremos, sabremos.
Habremos conseguido hacer puente mental con nuestro ángel guardián. Nos surgirán inspiraciones, ideas, palabras, primeramente de aquellas ideas que ya habíamos desarrollado. De ese modo, estaremos integrados con aquel Espíritu que fue destinado a conducirnos en la Tierra, de nuestra cuna a nuestro túmulo. Muchas veces, desde antes de nuestra cuna terrestre, muchas veces, más allá de nuestra muerte física, nuestro ángel guardián nuestro amigo, representante de Dios junto a nosotros.
Raúl Teixeira.
Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 120, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em outubro de 2007. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 03.08.2008. Em 29.09.2008. Traducido por Jacob
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