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Aun la alcoholmania PDF Imprimir E-mail
Raul Teixeira
Escrito por Administrador   
Martes, 29 de Marzo de 2011 15:59

No han sido pocas las justificaciones buscadas por un enorme contingente de individuos, para absolver el vicio de la ingestión de bebidas alcohólicas en sus prácticas usuales. Es más que comprensible la procedencia de esas escusas, teniéndose en cuenta que todos saben, a la saciedad, de los problemas variados que los alcohólicos son capaces de promover sobre la salud física y social. Por más paradójico que sea, vemos todos los días y hace mucho tiempo, personas vinculadas a las más variadas creencias provenientes del Movimiento Cristiano, en busca de explicaciones en apoyo de su vicio alcohólico. Dicen muchos que nada hay que los impida de sorber sus bebidas, una vez que beben sólo socialmente. No pueden ser consideradas como alcohólicos, afirman... Varios otros alegan que su creencia nada les prohíbe, por eso nada debe relacionar su fe a las costumbres inocentes, mantenidas para su alegría y satisfacción... Algunos se basan en el hecho de que toman sus dosis en casa y, de esa forma, están justificados porque no molestan a nadie... Diversos que tienen responsabilidades declaradas en los campos de la orientación cristiana, aseveran que no son "ortodoxos" o que no se pueden dejar "fanatizar", olvidados o ignorando que ser ortodoxo es exactamente ser fiel a la creencia profesada, en todos sus puntos y que, si es importante no fanatizarse por la creencia, será bien más importante que no se deje fanatizar por el vicio.

Muchos son los que, más atormentados en la búsqueda de una retumbante legitimación para el alcoholismo, llegan a afirmar que "hasta Jesús bebió...", una vez que no logrando alzarse hasta los ejemplos noblísimos del Divino Modelo y Guía de la Humanidad, livianamente intentan rebajar. Lo hacia los caminos de la intemperancia y morbidez en que transitan. Surgen defensas apasionadas y argumentos extravagantes y aun sofismáticos. Observamos, sin embargo, que el vicio sea practicado de la manera que sea y donde sea y por quien sea, jamás dejará de ser un vicio, necesitando ser expurgado, a fin de que se yerga el individuo a él sometido para alcanzar sus verdaderos caminos de renovación y júbilo. Esté el alcohol utilizado como costumbre social, doméstica, particular o aislada, como se desea situarlo, siendo algo completamente dispensable para la vida de la persona, establecerá lo que se llama alcoholismo crónico, que es el hábito de la consumación de etílicos variados como aguardientes, sidras, vinos y cervezas, aunque en dosis moderadas, toda vez que los individuos no puedan pasar sin ellos. Sin duda, en la huella de todo y cualquier vicio alimentado por cualquier clase de persona, estarán siempre actuantes las influencias obsesivas, deteniendo sus usuarios en régimen de templada posición psíquica, entre la indecisión de cambiar o mantenerse como está y, en razón de las fuertes relaciones humanas con el “viejo hombre”, usualmente se deciden por mantener el proceso, procurando entonces, nuevas escusas hasta llegar al punto de afirmar que "ya asumieron el hábito... y ya está..."

En esos caminos en que el vicio se presenta como cosa asumida, hay los que desean mostrarse indiferentes a cualesquiera avisos del sentido común, señalando con la libertad propia; otros prefieren burlarse de los que pregonan virtudes, desafiándolos con la grotesca exhibición de sus penas, tan pronto acaban de oír o de leer cualquier orientación saludable. Como las Leyes de Dios, insertas en lo íntimo de cada uno, no dejarán de realizar sus labores, todos se enfrentarán, tarde o temprano, a fin de revisar los perjuicios que provocaron sobre la economía psíquica y orgánica en la medida de sus propios conocimientos y del entendimiento que mantenían de todo, considerándose las descoordinaciones motoras, que caracterizan perturbaciones neurológicas o los desajustes psíquicos, mostrados en la explosión de alegría, de exuberancia o de agobio o tristeza, violencia y locura a que el alcoholismo da lugar.

Es curioso y verdaderamente extraño cómo la opinión pública se aglutina para luchar contra la marihuana, el hachich, la cocaína y otros destruidores de la vida equilibrada, por medio de vastas propagandas, de coerción policial, de conferencias y demostraciones diversas, por todos los medios de comunicación, recibiendo con alarde y con las mismas puertas propagandísticas de alcance de masa, la difusión del alcohol. Ese veneno físico y moral viene participando de las festividades domésticas como de las religiosas, desde épocas distanciadas en el tiempo. Esa droga terrible, bajo disfraces o a descubierto, ha contado con los aplausos más delirantes o con la aceptación más explícita de las familias y de muchos hombres y mujeres ligados a los movimientos de la fe cristiana, aunque no encuentren cualquier apoyo o incentivo en los textos cristianos, en que se dicen basar, para la manutención del status del alcoholismo.

Tiene que precaverse aquél que labora en la mediumnidad bajo la orientación del Espiritismo. Cabe al médium la suave y permanente vigilancia para que el vicio, disfrazado, justificado, no logre disimuladamente, destruir sus resistencias morales y corporales. Como el Espiritismo es una doctrina de lógica y de sentido común, sugiere a sus seguidores el ajuste a esos patrones, comenzando en tales casos, a preguntarse sobre la utilidad de tales usos en sus regímenes o dietas. ¿En qué les sirve, verdaderamente, el uso de alcohólicos? No encontrando porqué, deberá luchar para desechar lo que nada le vale, lo que no representa ningún valor para su vida íntima. Beber alcohólicos solamente para tener o hacer compañías sociales o para que tengan estímulos artificiales para el coraje o para lo que sea, podrá significar mucho tiempo de tormentas y de frustraciones, en las indispensables reparaciones del cuerpo y de la mente, en función de esos suicidios que se van cometiendo a la sombra de mil y una falacias que inebrian los oídos con frases resonantes, bien dispuestas, pero que no consiguen calmar la conciencia, donde pulsan las Sublimes Leyes. Así, trabajador de la mediumnidad, renuncia a los singulares o corrientes alcohólicos, sea en que régimen sea, pues un veneno letal no dejará de serlo, cuando se presente en recipiente de cristal, o cuando ministrado en dosis diminutas y espaciadas. Con el tiempo alcanzará sus efectos: destruir.

Busca en la comprensión espiritista la resistencia, las energías de que carezcas para decir "no" a los vicios de cualesquiera naturalezas y sé feliz de conciencia lúcida y cuerpo liberado de los tóxicos, poniendo tus manos siempre operosas en las labores del Bien. "Médiums naturales o inconscientes: los que producen los fenómenos espontáneamente, sin ninguna participación de la voluntad y lo más a menudo sin saberlo." (El Libro de los Médiums. 21 parte, cap. XVI, ítem 188)

Por el espíritu Camilo

Médium Raúl Teixeira
Extraído del libro "Corriente de luz"