|
Mucha gente se queja de que, periódicamente, en el hogar se convierte en un pandemónium. Mucha gente afirma que, las veces, percibe que la familia esta revoltosa, que alguna fuerza negativa parece haber penetrado en el hogar. Imaginan que hubo trabajos de magia, alguien hizo algún “trabajo fuerte”, todo ese contexto popular que queremos atribuir a los otros cuestiones que están bajo nuestra responsabilidad.
Mantener nuestra casa en paz, mantener nuestro hogar en orden es alguna cosa de nuestra altura. Es alguna cosa que está bajo nuestra responsabilidad, bajo nuestra custodia. No en tanto, es válido pensar que, por el hecho de reunirse dentro de casa criaturas con las más variadas inclinaciones, caracteres, temperamentos, muchas veces la familia sufre mareos afectivos, emocionales, sentimentales, que redundan, de hecho, en perturbaciones de orden espiritual. Dentro de casa existen aquellos cuyo temperamento los lleva a menospreciar a los otros, a condenar siempre, jamás elogiar, apenas ven defectos.
Hay aquellos que hablan a gritos, los que son siempre groseros o se expresan junto a los familiares. Hay aquellos que tienen siempre un alfiler a punto para los pinchazos comunes dentro de casa. Los que hablan jugando con bromas, con segundas intenciones, y hieren el temperamento de aquel que es más sensibles o que es de mal temperamento. Y hay aquellos que, dentro de casa, ni cuerda tienen, explotan por cualquier cosa. Natural es pensar, en esas ocasiones, que estaremos dando margen a infiltraciones espirituales inferiores.
Como nos dice el Apóstol Pablo, estamos todo el tiempo siendo observados por una nube de testimonios. Pero, si tenemos testimonios, apostando en nuestro crecimiento, en nuestra virtud, en nuestra felicidad, no podemos negar que haya otros testimonios invirtiendo en nuestra caída. Son aquellos enemigos de nuestro pretérito, de nuestras vidas pasadas, de nuestra existencia presente. Ellos están siempre acecho a nuestra fragilidad, de un gesto en falso, de una vivencia incorrecta, para que nos puedan provocar mal estar, aturdimientos, desarmonías, con el placer patológico de vernos sufrir. Acontece que esas circunstancias son casi siempre creadas por nosotros. En la libertad que tenemos de hacer y de dejar de hacer, somos aquellos que no refrenamos la lengua, imaginando que todos los que viven dentro de casa con nosotros, en la familia, tienen obligación de aguantar, de suportar nuestro temperamento, nuestro mal humor, nuestro carácter intempestivo, nuestra poca paciencia. Y, al pensar de esa forma, estamos no respetando, aun dentro de casa, los otros que, aunque nos quieran, nos estimen, son personas diferentes de nosotros.
Sera siempre importante que nos coloquemos en el lugar de esas personas. Esa empatía se hace indispensable. Si yo estuviese en el lugar de esa persona, de mi mujer, de mi marido, de mi hijo, de mi hermano, de mi tía, o abuelo, ¿Cómo me gustaría que me trataran dentro de casa? ¿Qué tipo de cosas me gustaría oír? ¿Qué tipo de otras cosas no me gustaría oír? De ese modo, la convivencia dentro del hogar seria marcada por el respeto reciproco, en que cada cual, desempeñando su papel, estuviese atento a no herir a otro, a no desanimar a otro, no obstante tuviésemos todo el espacio para decir las cosas que son ciertas, aquello que está equivocado, lo que precisa ser corregido, en la pauta de nuestra vida cotidiana, dentro de casa.
Como estamos cercados, vale repetir a Pablo, por una nube de testimonios, cuando no pautamos dentro del hogar, ¿Cuál es el tipo de testimonios que convidamos para participar con nosotros en la vida intima de casa? Las entidades perturbadoras, Espíritus desajustados o enfermizos, aquellos que, de caso pensado, desean provocar, en nuestras vidas, desestructuraciones y aquellos que están enfermos, aturdidos y que ni tienen idea de que, si se aproximan a nosotros, nos estarán perjudicando. Son inconscientes de la realidad en que están viviendo, pero ni por eso, ellos dejan de ser atraídos por nosotros cuando realizamos las cosas indebidas. Por eso puede haber si, influencias espirituales bastante nefastas dentro de nuestra casa, o influencias leves en función del estilo de vida que adoptemos vivir en familia, en razón de todo aquello que decidimos hacer junto a nuestros familiares. Si nuestra propuesta fuese vivir con respeto, con amor, harmonía, ciertamente atraeríamos nobles Espíritus para favorecer nuestro hogar, pero si lo hacemos diferente, nuestras campañas no serán nada agradables.
* * *
Todas las influencias que vengamos a sufrir en nuestra residencia, en nuestra casa, no tenemos que pensar primeramente que alguien nos lanzo pensamientos negativos, que alguien está haciendo “trabajos” contra nosotros, “trabajos” de magia porque lo que manda, en nuestra casa, es nuestra convivencia. Todos aquellos que participamos de la familia somos dirigidos por los pensamientos, por las energías, por los fluidos, por las luces o por las sombras que tengamos dado abertura. Si estuviéramos viviendo con Dios en la honestidad, en la dignidad, en el respeto reciproco, ¿Cuál es el mal que nos va a alcanzar? ¿Cuál es la sombra que nos va a visitar? Pero, cuando estuviéramos en esa hibridación, como dice el dicho popular: “Encendiendo una vela para Dios y otra para el demonio” obviamente no somos fieles a ninguna idea. Estaremos siempre en el campo de “quien da más” y por causa de eso, estaríamos vulnerables a los acompañamientos nocivos.
Es muy importante que prestemos atención en un dicho popular muy antiguo que asevera: “Dime con quién andas, y te diré quien eres”. Naturalmente, cuando estamos lidiando con las cuestiones espirituales, la propuesta es diferente, los Espíritus nos dicen: “Dime quien es y te diré con quién andas” Y a partir de nuestra forma de ser, es a partir de nuestro modo de vivir, del pensamiento que cultivemos, de las acciones que practiquemos, que elegimos nuestros acompañamientos espirituales. Podremos estar muy bien acompañados, en términos psíquicos, pero podremos estar muy mal resguardamos. De ahí vale la pena la familia tener ese cuidado en su convivencia. Nadie va a imaginar que, dentro de casa, no tendremos alteraciones, alguna indisposición, alguien que hable de una forma más ríspida, más áspera con el otro y el otro se deshaga llorando. Eso es parte de la normalidad de la vida domestica cotidiana. Pero, lo que no debe acontecer es que esa postura de agresividad, esa postura pesimista, negativa, se torne una constante en la relación familiar. Cuando eso se torna una constante, no podemos tener duda de que estaremos mal asistidos.
Criaturas espirituales de mala índole, o ignorantes o inconscientes, estarán procurando hacer nido en nuestra consciencia. Nos sentimos lesionados, traicionados, amargados, despreciados en casa, nos sentiremos solos, nos veremos personas solitarias. Y todo eso, abrigado por nosotros, en esa baja auto estima, va haciendo con que entidades desencarnadas de mala índole, infelices en sí mismas, se apropien de ese caldo de cultura que nosotros les ofrecemos, para hacer toda suerte de líos, para provocar toda suerte de males, de infestaciones negativas en el seno de nuestra familia.
Sera de buena propuesta instalar en nuestra casa, por lo menos una vez por semana, el habito de orar. “El evangelio en el hogar”, como llámanos, o “Jesús en el hogar”, como queramos. Cinco minutos o diez minutos, quince minutos, para leer una página de bien, una página del Evangelio, una página bíblica, o de un libro noble que tengamos a mano. Leer, comentar, verificar donde es que aquellas ligaciones sirven nuestra vida domestica, la vida de la familia, y nuestra vida individual. Después, hacer nuestra oración, agradeciendo a Dios por la familia, por la convivencia, por la armonización. Y pedir a Ese Sempiterno, a Ese Padre de amor y de bondad, la fuerza que necesitamos, como miembros de un clan, de un grupo domestico, de una familia, para resistirnos a todas las tentaciones que vamos encontrando por los caminos.
Basta que salgamos a los calles, para que tengamos todo tipo de dificultades y de facilidades. En el transito, en el comercio, en la travesía de la calle, en la relaciones sociales, todos esos movimientos que realizamos en el día a día, nos darán ocasión de hacer lo mejor, de ajustarnos a buenas compañías, a mas compañías. Y, trabajando de esa forma, vamos ahuyentando a las influencias negativas, o mejor, vamos apartándonos de las influencias nefastas, o mejor aún, nos vamos vacunando contra esas ondas negativas que, periódicamente, invaden nuestro hogar y desestructuran nuestra familia. Es por causa de eso que pensamos en cuanto será importante para nosotros la oración en familia, en las bendiciones del hogar.
Raul Teixeira
Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 116, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em outubro de 2007. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 17.08.2008. Traducido por Jacob
|