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Toda religión pretende llevar a sus adeptos al entendimiento de la vida interior de la criatura, a la búsqueda del Ser Creador, de lo inefable, de la mejora de sí mismo. Si la religión no tuviera por ese escopo el camino que todos debemos alcanzar, si no fuera ese el objetivo de toda creencia, fatalmente conduciría sus adeptos, sus seguidores a la desarmonía o al fanatismo.
Cuando afirmamos creer en alguna cosa que no entendemos, ya estamos derrapando para el valle del fanatismo. Y, cuando llegamos a esas profundidades del fanatismo, imaginamos que somos los señores absolutos de la verdad y aquellos que no comparten de nuestro modo de pensar, de nuestra iglesia, de nuestro templo, de nuestra casa de fe, aquellos que no usaron las mismas palabras que nosotros, los mismos gestos que nosotros, estarán condenados al fuego del infierno, lo que no deja de ser un disparate, una ingenuidad. La religión debe llevar a la criatura a la auto superación, y no a la auto perturbación. Cada vez que no entendemos cual es el sentido de ser religiosos, vamos encontrando, a lo largo de la Historia y en la actualidad de nuestros días, los fenómenos más hediondos, absurdos ligados al área de la creencia religiosa.
Oímos y vimos por la Historia, las llamadas guerras santas. Imaginemos si eso tiene sentido: guerra santa. Una cosa que es santa no puede destruir, no puede aniquilar, no puede ser cobarde, no puede ser prepotente. En nombre de la creencia religiosa oímos hablar de la inquisición. Aquellos que no creen conforme queremos, serán destrozados y muertos. Oímos hablar, en nombre de la creencia religiosa, en la muerte de los infieles, los infieles en nuestra concepción, aquellos que supuestamente eran o son enemigos de Dios. ¿Cómo sabemos eso? ¿Quién fue que nos dice que nuestros hermanos son enemigos de Dios? Concepción de nuestro fanatismo.
Podemos imaginar la cantidad de desequilibrios que la Humanidad va viviendo a lo largo de los tiempos, desde que la creencia religiosa surgió en el pensamiento humano haciendo sufrir a tanta gente, llevando incontable numero de criaturas a la muerte, desde las épocas más remotas, de las ofrendas humanas a los dioses sangrientos, a los dioses sanguinarios, a Moloc, estamos acompañando esos desajustes en nombre de la creencia religiosa. Es natural admitir que esto no puede ser la verdadera fe. Por causa de eso, encontramos el fanatismo, que genera toda suerte de tormentos en la esfera de la creencia, cuando la gente no sabe porque cree. No entendemos porque creemos, ni entendemos lo que creemos. Entonces no creemos. Nos admitimos, aceptamos, engullimos porque la creencia es formada en una mezcla de entendimiento, de razón y de sentimiento.
La fe es producto de nuestro saber intelectual, de nuestro sentimiento y de nuestro aspecto moral. Sin esto no podemos llamarla fe, o podemos llamarla fe ciega. Toda fe ciega es aquella que lleva a los individuos a actuar sin razón, a obrar sin saber, a obrar por impulso, como quien levanta a un animal y él ataca, quien levanta a una fiera y ella avanza. Poca a poco, precisamos ir modificando nuestro concepto de la creencia religiosa, para salirnos de esas perturbaciones que nos hacen enemigos de nuestros propios hermanos, imaginando, en nuestra enfermedad moral, que esos individuos que no aceptamos debido a los preconceptos que asumimos, son también enemigos del Creador. No pasara eso de una dolencia moral muy grave que, lamentablemente, esta esparcido en la Humanidad, pero que tiene sus días contados.
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Tornase necesaria la comprensión en cuanto a la Paternidad de Dios. Sin, Dios, nuestro Padre, no importa como Lo llamamos. Acostumbramos a llamarlo Dios en nuestra realidad occidental, en nuestra lengua portuguesa, pero El pude ser llamado por varios nombres. Oímos llamar a Dios de Alá, otros Lo llaman Jehová, otros Lo llaman, Naturaleza de la Naturaleza, o Natura Naturans, para hablar en latín. De cualquier manera, desde que tenemos esa convicción del Creador no creado del Universo, es a Dios que nos estamos refiriendo. Entonces, esa reflexión en torno a nuestro Padre Creador es fundamental para el equilibrio de nuestra creencia religiosa. Cuando admitimos que aquellos que no creen como nosotros son enemigos de Dios es porque no entendemos exactamente que Dios es la Inteligencia Suprema del Universo. Él no está de nuestro lado ni en contra. Esa Inteligencia fluye de todos los puntos del universo, nos abraza y nos envuelve, desde el hijo más santo al hijo más réprobo, mas atormentado. Si Dios ama a los hijos que crecerán y que se iluminaran, ¿cómo es que El privará de Su amor a los hijos que están aprendiendo a caminar, aquellos que están gateando o los que tropiezan en la marcha? Vale la pena pensar que, cuando enfermamos en el campo de la fe, cuando admitimos y alimentamos una fe ciega, pasamos a tornarnos personas exclusivistas.
Tenemos aquellos grupos de elección, tenemos el pueblo escogido, pasamos a tornarnos personas cerradas, no nos abrimos para el prójimo, para la vivencia de la fraternidad, cargamos manías que admitimos pertenecen a la creencia, cuando son manías de la personalidad, son vicios nuestros que transferimos a la creencia. Es por eso que, a lo largo de la Humanidad, fue habiendo necesidades de ofrecer a Dios la propia sangre humana. Después se ofrece a la Divinidad sangre de los animales, después se ofrece frutos, flores, piedras preciosas, esencias, humus, imaginamos que Dios precisaba de sangre de nuestros semejantes o de nuestra propia sangre. ¿Cuantas fueron las personas que se inmolaron físicamente en nombre de la fe y, hoy en día, cuantas aun lo hacen?. Se clavan, se cortan, se atormentan, se hieren físicamente, pero son incapaces de hacer sacrificios de alma, de perdonar al prójimo, de respetar al semejante, de decir palabras amables a sus compañeros de camino. Entonces, son personas emocionalmente afectadas, emocionalmente enfermas, que se admiten religiosas.
Mas el tiempo, en la medida en que va pasando, nos va mostrando la necesidad de cambiar ese cuadro y adoptar una creencia que no sea desmentida por los hechos, que no sea desmentida por la Ciencia, que no sea destronada por los estudios humanos. Eso llevó al eminente Allan Kardec a decir que el mundo tiene necesidad de tener una religión que sea científica. Ser científico es tener la índole de pensar y de cuestionar. Eso es ser científico. Al mismo tiempo, el dijo que precisábamos de una Ciencia que fuese religiosa, una Ciencia que no admitiese que todos los fenómenos de la vida debiesen ser atribuidos a la materia, solamente a la materia. Gracias a eso, estamos entendiendo que, no obstante, con pasos muy lentos, calmados, la criatura humana se está aproximando a la verdad total que no está en ninguna religión, está en la suma del amor de todas las criaturas. Esa verdad que no está en ningún individuo solamente, más esta en el conjunto de todos los individuos.
Es por causa de eso que marchamos poco a poco para salirnos de la patología de la fe, de los desequilibrios de la creencia, cuando pasamos a adoptar, de hecho, la verdadera religiosidad, aquel sentimiento que brota de dentro de nosotros y que nos torna personas mejores, porque vamos en busca del prójimo, porque ninguno será capaz de amar a Dios al cual no ven, si no consiguen amar al prójimo que está a su lado y a quien ven.
Raúl Teixeira
Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 168, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em setembro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 08.11.2009. Traducido por Jacob
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