Browse this website in:
Google
Web
Buscar en Luz Espiritual

La weblog Espirita de Mari

 

Radio Colombia Espirita

Hora local

Barcelona-España

La televisión espirita

 

Mediumnidad sana PDF Imprimir E-mail
Raul Teixeira
Escrito por Administrador   
Lunes, 07 de Marzo de 2011 16:15

Es incontestable el hecho de que en el mundo, a menudo, muchos de los que buscan la información mediúmnica lo hacen movidos por intereses particulares, ni siempre nobles. Distintas son las razones que aproximan a las personas del fenómeno mediúmnico.

Cuando no se hallan pruritos vanidosos, personalistas, enmarcadores de espantosa enfermedad del carácter, son las razones de salud; ansiada sed de noticias cuando del fallecimiento de algún ente querido; mejora de las condiciones económicofinancieras; pérdida de objetos o beneficios en las relaciones sociales, donde se pretende obtener lucros de varios tipos, alejamiento de aquéllos que son aparentes obstáculos a los intereses comunes, muchas veces ocultos, y entonces, citaríamos un sinnúmero de otros motivos que llevan los individuos a buscar médiums y mediumnidades, considerados como lejía, capaz de limpiar el alma de todos los males o como rápido brebaje de efecto paliativo, para aquéllos que se asociaron a los circuitos del inmediatismo o de la vulgaridad, basados en desconcertante ignorancia.

Algunos se mueven entre diversos cultos mediúmnicos, mimoseando médiums y contemplando a los que los cercan, como si quisiesen garantizar derechos no conquistados, ante Entidades que se les asocian, que valoran adulaciones, prometiendo auxilios que no se encuentran en su campo de posibilidades, una vez que todo está sometido a la ley de causalidad. Son engañados-engañadores, sin duda. Generan nefastas dependencias, maniatan criaturas incipientes que desconocen la necesidad de los esfuerzos diarios, personales e intransferibles para el encuentro con la ventura. Se forja entonces, la mediumnidad enfermiza, pestilenta, cual un foco miasmático, donde el intercambio con el Más Allá se convierte en cadenas que sujetan, envilecen conduciendo al ser hacia los pantanos de la locura inminente, en los dédalos de las obsesiones, al revés de tornarse mies de salud y de bendiciones. No habrá sido otro el motivo que llevó el célebre Líder de los Judíos a pronunciarse perentorio, decretando prohibición y amenazas a la continuidad de los contactos entre los dos planos de la Vida.

En realidad, en el Deuteronomio, en el capítulo dieciocho en su versículo once, Moisés se expresa contrariamente al intercambio espiritual. Tal actitud, no obstante, es demostrativa de que tal intercambio puede ocurrir, que el fenómeno puede darse, verdaderamente, entre los hombres encarnados y los desprovistos de la carne, caso contrario, la referida prohibición no tendría sentido. Cuando el Legislador Hebreo dispuso tal cosa, no tenía ciertamente, la intención de desacreditar la mediumnidad, que raya como flor de los Cielos sobre el mundo conturbado, en aquello que ella guarda de auténtico y sagrado. Sin embargo, su propósito era el de cohibir el exceso abusivo. Su pueblo estaba mal educado y a él cabía reeducarlo, su gente estaba limitada en el discernimiento, siendo su empeño hacer que distinguiesen el mal del bien. Se había formado una situación en que los individuos ya no hacían el esfuerzo de pensar por sí mismos, de decidir, de ampliarse, deseando para todos los fines la consulta indiscriminada al Mundo Espiritual.

Era continua la búsqueda de las informaciones onirománticas, por demás comunes a su tiempo, de nicromancía, de hidromancía y similares. También era costumbre el uso de los objetos sagrados como el urim y el tumim, (1) complejos que revelaban las respuestas de los Espíritus. De diversos modos exoraban las orientaciones de lo Invisible, dejando atrás, muchas veces, el deber de responsabilizarse por los propios actos de conducir la embarcación de la propia vida. En la inmensa estera del tiempo que pasa irrefrenable, muchos afirman, victoriosos, que Moisés había prohibido el diálogo con los Espíritus Difuntos, sin que comprendan sus razones, en la obsesión de contestar a los que reverencian la Vida Inmortal estos días, valorando el contacto con el Más Allá, por las luces del Evangelio, donde Jesús decantó las más bellas páginas de mediumnidad sana, en Su condición de guión luminoso entre el Creador y la criatura. La prueba cabal de que Moisés no tenía nada contrario al intercambio en sí, la encontramos en la escritura del Libro de Números, cuando en su capítulo once, en los versos veintisiete a veintinueve, ante la amonestación del hijo de Nun, Josué, contra Eldade y Medade que, en los campos de Israel, se ponían en la práctica mediúmnica, sin que hiciesen parte del grupo de los setenta ancianos, seleccionados por el Gran Líder que, en el Tabernáculo, únicamente ellos podrían servir de instrumento del Más Allá. En el auge del diálogo, retruca el "salvo de las aguas", "quién diera si todo el pueblo de Israel pudiese profetizar y que el Espíritu del Señor lo inspirase..." Analizados, sin cuidado, parecerán paradójicos los pronunciamientos hechos por el mismo hombre. La prohibición enérgica y, al mismo tiempo, el loor a la mediumnidad. Observamos sin embargo, cuál era la preocupación del Misionario Hebreo. Desearía que la mediumnidad se propagase con equilibrio, con claridad, sobre toda la gente de su pueblo, pero que fuese inspirada por el Señor, utilizada para el progreso y para el bien.

En los días en que se derrama sobre la Tierra la bendición del Consolador, que representa Jesús de retorno a la convivencia humana, infundiéndonos buen ánimo, esperanza, coraje para encentar la marcha renovadora, evocamos la figura del guía israelita, para concluir que también en la actualidad, carece el ejercicio mediúmnico de la disciplina que nortea; del respeto que valora; de los dedicados estudios que generan entendimiento; de las meditaciones elevadas que equilibran, a fin de que se consigan frutos sazonados del árbol de la mediumnidad. Fue con el Maestro Galileo, el Luminoso Médium de Dios, sin embargo, que la Humanidad se encontró ante los episodios con el médium atormentado de la sinagoga de Cafarnaún; con Legión en las montañas de la Decápolis, con el Espíritu sordomudo al bajar del Tabor, donde había compartido momentos de luz y paz, entre Elías y el mismo Moisés, que retornaba de lo Invisible, después de casi un milenio y medio, como que afirmando la gran realidad de la comunicación tanto con las almas sufridoras cuanto con los Númenes Elegidos.

Ante la Doctrina Espiritista que revive el Evangelio de Jesús, saludamos a Allan Kardec, el Apóstol del Consolador en la Tierra, aquél que cantó para los oídos humanos los mensajes alentadores de la Codificación, norteando la lid mediúmnica, abalizándola para que, con Cristo, se emancipase por la práctica del bien y por la vivencia del amor al prójimo, a fin de que jamás sufriera prohibiciones restrictivas, aunque intentadas por los adversarios de la Verdad, en función de la madura y saludable actuación de los que se ofrecieron para demostrar la pujante inmortalidad, aunque con sacrificios, en la condición de médiums espiritistas inspirados por el amor a Dios y al prójimo. "Si a pesar de todas las tentativas no se revela la mediumnidad de ningún modo, será menester renunciar a ella, como se renuncia a cantar cuando no se tiene voz. El que sólo sabe una lengua se sirve de un traductor; debe, pues, hacer lo mismo, es decir, recurrir a otro médium. (El Libro de los Médiums, 21 parte, cap. XVII, ítem 218).

1 URIM-TUMIM: Deben haber consistido en piedrecitas o palillos de forma igual pero de color o señales distintos. Eran una especie de suerte, un oráculo por medio del cual los israelitas consultaban a Javé, como también los babilonios y otros pueblos. (N.T)

Por el espíritu Camilo

Médium  Raúl Teixeira
Extraído del libro "Corriente de luz"