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En el Evangelio de Jesús, identificamos uno de Sus enseñanzas notables, en el Evangelio según Juan, en el capitulo XIV, itens 1 al 3. En esos versículos Jesús Cristo establece lo siguiente:
Crees en Dios, cree también en mí. En la casa de Mi Padre hay muchas moradas. Yo Me voy para prepararos el lugar, si así no fuese Yo ya os lo hubiera dicho.
Cuando leemos eso en el Evangelio, nos damos cuenta de que vivimos en un planeta que es una de las casas de Dios esparcidas por el cosmos, por el Universo entero. Nuestro planeta es la casa que momentáneamente estamos habitando y, no estamos aquí por casualidad. Existirá, sin duda, una razón para que Dios nos haya situado en este planeta.
Es obvio que, en esa altura de los acontecimientos del mundo, de la ciencia, del pensamiento filosófico, no hay más espacio para admitirnos que sea solamente nuestro planeta habitado en ese Universo de billones y billones de estrellas, cada una de esas estrellas, cada una de esas rodeadas por sus planetas.
¿Cómo es que solamente el nuestro tendría el privilegio de la vida inteligente en el Universo entero? El buen sentido nos lleva a pensar que hay muchas otras ciudades cósmicas, continentes siderales, como nosotros quisiéramos pensar. Pero, nuestra Tierra fue aquella casa planetaria, aquella casa de Dios destinada a nuestra habitación. Por eso mismo estamos aquí en una sociedad, humana, de la cual somos parte psíquicamente. Todos los que vivimos en este planeta somos aparentados, tenemos un parentesco. Dios nos trajo de algunos lugares, nos reunió aquí y, naturalmente esos diversos lugares de donde vinimos para la tierra, esas múltiples moradas de casa del Padre, como recordó Jesús eran casas, moradas, planetas en que tenemos características específicas, ciertas singularidades, ciertas propiedades, ciertas inclinaciones, ciertas tendencias.
Cuando nos reunimos aquí formamos la sociedad terrestre. Y, esa sociedad terrestre es compuesta por los elementos que vivimos en los más diversos continentes, en los cinco continentes de la tierra. Notamos que, por más que haya en esos continentes hábitos propios, culturas propias, alimentación especifica, todos somos muy semejantes. En cuanto, criaturas humanas, sentimos amor, tristeza, amarguras, odios, tenemos exceso de ira, tenemos expresiones de ternura. Somos muy similares, no importa cuál sea la lengua que estemos hablando; si muestro país es de primer mundo, de segundo mundo, de tercer mundo o de cuarto mundo, lo importante es que nosotros somos muy asemejados en nuestras reacciones espirituales. Esto quiere decir que somos parte de una misma familia evolutiva, un mismo grupo en que manifestamos aquello que ya tenemos adquirido.
Es obvio que vamos a encontrar en la tierra, figuras de excepción. Vamos a encontrar aquí almas como Francisco de Asís, como Chico Xavier, como Abade Pierre, en Francia, como Luther King, en los Estados Unidos, Lincoln. Vamos a encontrar criaturas como Madre Teresa, como Hermana Dulce. Vamos a encontrar gente maravillosa como Juan Pablo II. Vamos a encontrarlos así, esparcidos en esa inmensa masa humana. Pero, la mayoría de nosotros aun se debate en las propias tormentas. La envidia, la amargura, el odio, los celos, el despecho, el orgullo, la vanidad, la alegría exacerbada. Nuestra alegría es tan exacerbada, y tan extraña aquí en la tierra que, cuando queremos conmemorar nuestras festividades, tenemos que beber mucho, tenemos que comer mucho, tenemos que caer en la zanja del exceso, mostrando que aun no sabemos aprovechar nuestra vida en el planeta.
Todo con nosotros raya para los extremos. Si nos gusta una persona, nos apegamos a ella, nos ponemos celosos y, por causa de los celos, nos atormentamos. Si nos gusta de comer alguna cosa, comemos aquello hasta que nos haga mal. Vemos como nos falta mucho equilibrio, dosificando aquello que el planeta nos ofrece. Por causa de eso es que la sociedad en que estamos viviendo en la tierra es la sociedad que nos merecemos. Todos somos animales sociales, ya dice el filosofo, todos somos criaturas que tenemos necesidad de la vida social, mas, en cuanto estamos en la tierra, nos asemejamos a los críos colocados en las escuelas. Tenemos que aprender buenas maneras, tenemos que desenvolver buenos modos, tenemos que aprender a convivir unos con los otros, sabedores de que en esa convivencia unos con los otros, alcanzaremos el progreso que buscamos. Es la tierra la cuna de nuestra sociedad actual.
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Siendo aquí la cuna de nuestra sociedad actual, todo lo que hacemos aquí, hacemos en función de nuestra voluntad, de nuestra volición, de nuestro libre albedrio. Los actos de nuestra vida son coordinados por la libertad que tenemos de hacerlos. Por causa de esto, a partir del momento en que accionamos la rueda de nuestras acciones, estamos sometidos inexorablemente a las consecuencias de esas acciones. Por eso, Jesús Cristo estableció para nosotros, que la siembra que hacemos es de total libertad, y libre nuestra siembra, pero después que se sembró, lo que se va a recoger es obligatorio. Así, en la vivencia social, vale la pena tener cuidado con aquello que estamos plantando en el territorio de las almas humanas, en el territorio de los corazones ajenos, en el intimo de las vidas que nos rodean porque, en verdad, tendremos las consecuencias de esa plantación. Y, pensando en el hecho de que en la tierra, nunca sabemos sembrar buenas simientes, casi siempre envueltos en tormentas, Jesús Cristo nos dijo, con cierta dosis de amargura:
En el mundo solo tendréis aflicciones.
Qué cosa más extraña. Pero, si paramos para pensar, este es un mundo de dudas, este es el mundo de incertezas, este es el mundo de cambios. Nada en este mundo es para siempre, todo es relativo, todo es temporal, entonces, es el mundo de las aflicciones. Nos afligimos porque no sabemos si vamos a llegar a tiempo, en la carretera llena como esta, o nuestro trabajo; nos afligimos porque no sabemos si vamos a aprobar el examen, si seremos aprobados en el concurso que hacemos. Nos afligimos porque no sabemos si determinada comida nos hará mal o no, nos afligimos porque no sabemos… nos afligimos. En el mundo solo tendréis aflicciones. Nos afligimos por no saber si alguien gusta de la gente como la gente afirma gustar de ese alguien. La mujer tiene celos del marido: ¿Sera que el me quiere como yo le quiero a el? El marido tiene celos de la esposa: ¿Sera que ella me ama como yo la amo? Y, de este modo, vivimos todo el tiempo en esos conflictos. Conflictos de fuera, de la vida social, de las necesidades urgentes, conflictos por dentro, de nuestras incertezas, aquello que no se imagina si será o no será mañana.
Entonces, la vida en la tierra es una consecuencia de nuestros actos. Si vivimos en un mundo con esas características, es porque desenvolvimos en algún tiempo, en alguna de esas moradas en la casa del Padre, situaciones que nos impusieron vivir hoy en la tierra. Dios no da punto sin nudo. El Creador no se equivoca jamás. Todas las cosas están correctas aquí. Vale la pena pensar, y pensar bien en aquello que deseamos transformar nuestra sociedad. Si damos buenos ejemplos, si damos buenas enseñanzas, si pasamos buenas orientaciones para nuestros hijos, será un joven bien orientado, bien instruido, bien asistido a buenos ejemplos. Si enseñamos a los niños a ser corruptos o corruptores, si les enseñamos a hacer el mal, a perjudicar a los animales, a herir a los bichitos, a agredir a quien les agrade en la calle, pagar el mal con el mal, es obvio que también participaremos de la cosecha de esa tragedia. Y es de esta manera que vale la pena pensar que vivimos en la sociedad del mundo terrestre porque es esta sociedad que merecemos. Dios no nos puso aquí por mera casualidad. Cuantas son las personas que se preguntan: ¿Que mal le hice a Dios? Yo creo que nací en un tiempo errado. Este no es mi lugar, no es mi mundo. Es obvio que es nuestro lugar.
Recuerdo de que, oportunamente, tuve uno de esos reposos de criaturas humanas. Me encontré triste porque en cada lugar que la gente va, encuentro aquellos que no nos entienden, aquellos que están siempre tramando contra nosotros, aquellos que nos tratan mal, aquellos que son intratables, que son groseros, que son indiferentes, y esa tristeza tomo mi alma. Llegue a mi casa muy preocupado, me senté en el sofá y estuve meditando. Algunas lágrimas me venían a los ojos, por ver una sociedad tan compleja como es la nuestra. En ese momento, vi una criatura del otro lado de la vida que me sugirió el siguiente raciocinio: Y pensar mi hijo, que usted ya podría estar viviendo otra situación diferente de esta.
Fue el modo que el encontró de decirme que lo que yo estaba viviendo aquí era fruto de mi propia elección, consciente o inconscientemente, porque aquí, en nuestra sociedad terrestre, ganamos el bono del bien practicado, en otras moradas de la casa del Padre o tenemos que rescatar la carga de todos los gestos negativos que realizamos por ese mundo de afuera o aquí en este planeta.
Raul Teixeira
Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 125, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em janeiro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 29 de março de 2009. Traducido por Jacob
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