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En virtud de las sutilezas que lo caracterizan, el cuerpo sutil del alma se presenta en las más curiosas y bellas situaciones, atrayendo nuestra atención hacia el proceso, en diversas ocurrencias en las que esté envuelto. El periespíritu se compone de una estructura electromagnética, envuelta por sustancias fluídicas que obedecen al comando del Espíritu y asume configuraciones especiales, se comporta como un cuerpo que vibra como un todo, y con oscilaciones específicas en sus diversas regiones, sostenidas por la actividad de sus más importantes centros energéticos. En razón de funcionar bajo la acción vibratoria del Agente Espiritual, en torno al cual se establece, el periespíritu emite ondas luminosas.
A causa de la intensidad mayor o menor de esas vibraciones, debido a esas frecuencias, encontraremos luminosidades más o menos pujantes, recorriendo todas las bandas de luminiscencias, como consecuencia de los escalones evolutivos en que se encuentran los Espíritus. Tal luminiscencia, exuberante en los seres angelicales y pálidas o inexpresivas en los de menor progreso anímico, llega casi a la nulidad en las almas vulgares, alcanzando la opacidad en los Espíritus empedernidos en el mal.
Las Entidades Sublimadas la pueden inhibir, por libre iniciativa, para atender a objetivos variados en la faena del bien. Pueden volverse opacas en los menesteres en que tal providencia contribuya para mayor y mejor aproximación de aquellos de la más tibia evolución, como un día de sol vedado por nubes que en seguida se desvanecen, dejando expuesta la fulgurante faz solar.
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No debemos desconocer que las intensas vibraciones periespirituales, además de determinar fenómenos luminosos, propician también fenómenos acústicos, por medio de sonidos los más diversos, desde las más dulces armonías a los ruidos más incómodos. Sabiéndose que los diversos aromas son debidos a las distintas exhalaciones de las substancias que se evaporan de los cuerpos, es comprensible que hay olores no perceptibles al olfato común, como hay otros de intensa actuación. La acción de Espíritus Ennoblecidos, en determinados ambientes, puede realzar perfumes suaves no captados, pero que ya existían allí, valiéndose de su dominio sobre los fluidos físicos, como pueden también producir sobre esos fluidos diversificados olores que se van modificando según sus intereses y voluntad. Gracias a la neutralidad de los fluidos básicos eso se puede dar.
Por otro lado, por esa misma neutralidad, las Entidades infelices pueden provocar pésimas sensaciones olfativas. No es en vano que encontramos, en los cuentos e historias de todos los tiempos, afirmaciones de que los "demonios", donde y cuando se presentan, hacen explotar malos olores de "azufre", que es la sustancia con la cual se asocia la fetidez de Entidades inferiores, en la escala de las perturbaciones, al mismo tiempo que se habla a respecto de arrastre de cadenas pesadas por el suelo, causando pavor a los que las oyen. De la misma forma, hay narraciones que retratan regiones espirituales ennoblecidas por el amor y por la práctica del bien que, visitadas por Númenes Bienhechores, proyectan santificadas esencias con musicalidad celestial.
No descartamos, desde luego, la posibilidad de que los Espíritus, en los variados grados de evolución, puedan producir luces, sonidos u olores, dentro sus capacidades, valiéndose de los fluidos ectoplásmicos, en los fenómenos mediúmnicos de variado porte, a vez que la ectoplasmía puede ser trabajada por individuos en diversos niveles de progreso intelectual y moral, conforme los caracteres de los grupos humanos que a ellos se vinculen, o de acuerdo con las necesidades de aprendizajes que se impongan. Tanto la gloria inmaculada de los Espíritus Egregios, de los “santos” cuanto las sombras adensadas de las almas condenadas de los “demonios”, se producen por medio de esas vibraciones, que partidas del cerne del Espíritu, hacen que su envoltura, o periespíritu, pulse en la misma frecuencia, exteriorizando lo que pasa en esa intimidad. Aunque estos fenómenos sean más notados con los desencarnados, se dan también, con los encarnados y pueden ser percibidos por los sentidos dilatados de la mediumnidad.
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Aplícate en los pensamientos y en las acciones del bien que ya conoces teóricamente, a fin de que en las luchas renovadoras, puedas reflejar el Cristo que, por ahora, yace dormido en tu íntimo, pero que un día será el sol radiante que iluminará la Vida a partir de tu vida. "Vosotros sois dioses". No entregues al olvido esa enseñanza. ¡Que brille, pues, tu luz!
Por el espíritu Camilo
Médium J. Raúl Teixeira Extraído del libro "Corriente de luz"
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