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Mediumnidad y animismo PDF Imprimir E-mail
Raul Teixeira
Escrito por Administrador   
Viernes, 28 de Enero de 2011 16:09

Entre los obstáculos encontrados en la práctica mediúmnica, capaces de preocupar e incluso perturbar a muchos mesegueros, está el animismo. El animismo ha pasado a constituirse en fantasma de tal orden que se torna una de las constataciones que más oprimen a los médiums y exacerban dirigentes de sesiones. El animismo es de aquellas ocurrencias que bien podremos considerar como un ruido en la comunicación mediúmnica, teniendo en vista que él será capaz de interceptar el mensaje y alterarlo de tal forma que adultere su sentido más profundo. No significa decir que el animismo sea un problema en sí mismo, no.

El sentido de la vida en la Tierra tiende para el animismo, mientras expresión de progreso, de enriquecimiento del alma, avanzando para servir a la vida. Se espera que las personas sean creativas, que desarrollen habilidades artísticas, literarias, deportivas, de eso y de aquello. Exígese que cada día los individuos se presenten con peculiaridades que los hagan más exuberantes, más auténticos, más originales. Y eso todo sigue por cuenta del animismo, de la busca de lo más íntimo para lo exterior.

El excelente Jesús, en Sus cánticos de vida abundante por el mundo terreno, concitó a los hombres a que hicieran brillar "su propia luz", afirmando en la continuidad de las enseñanzas "vosotros sois dioses" y "sed perfectos", como el Padre Celestial es perfecto. En cada uno de esos momentos el Maestro deja claro la importancia de que cada hombre se impusiese el deber de desarrollar las propias potencialidades, los recursos del alma, anímicos por lo tanto. ¿Cuál es la razón de que el animismo sea tan mal visto y tan firmemente condenado en las labores mediúmnicas? Es que, aun sabiendo que en todo y cualquier fenómeno mediúmnico la presencia del factor anímico es inevitable, por el hecho de que el comunicante espiritual se vale de los elementos biológicos, psicológicos y culturales del médium, para elaborar y exteriorizar su mensaje, en lo que se refiere a la calidad y a la intensidad del fenómeno, se espera que la interferencia anímica no sobrepase las líneas de lo admisible, digamos, de lo soportable.

En la reunión mediúmnica se desea el diálogo con el desencarnado, a fin de que se le oigan los razonamientos, se le capten las ideas y no los pensamientos e ideas del médium revestidas de características variadas. En la sesión de intercambio buscase la profundización de las concepciones sobre múltiples temas y cuestiones que no quedaron nítidas en los diálogos humanos, lo que aconseja la búsqueda de la información de lo Invisible, no para que sea aceptada sin reflexión, pero precisamente, para que sea confrontada con las informaciones existentes, a fin de que se llegue a una conclusión más aclaradora. En la sesión mediúmnica cabrá al médium tornar pasiva su actividad mental al máximo, permitiendo que el desencarnado comunicante se exprese lo más perfectamente posible. Cuanto más se opera el rebajamiento de las tensiones psíquicas, más se abren las posibilidades de mayor actuación del comunicante con el médium. Esa pasividad psíquica, sin embargo, no ocurre sin los necesarios ejercicios, sin los entrenamientos prolongados, cuando el médium va aprendiendo a hacer largos periodos de silencio íntimo, que comienzan por pequeños momentos de tentativas que revelan el esfuerzo del candidato al intercambio para aquietar, gravativamente, las agitaciones del alma.

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Las erupciones anímicas pueden ocurrir en virtud de algunos factores, como: encuentros o desencuentros que sensibilizaron al médium, positiva o negativamente, discusiones y desentendimientos domésticos o no, que despiertan los fulcros del pretérito, antes aquietados, excitamiento emocional en fiestas u otras ocasiones en que reminiscencias extrañas, de bueno o malo tenor se alojan en los dobleces de la conciencia, y que aguardan una ocasión propicia para surgir; la presencia de perturbadores espirituales, que al mostrarse en la estructura del psiquismo de sus presas o por la simple aproximación vibratoria, hacen detonar viejos procesos de ansiedad, de fobias, de angustias, que pueden exprimirse durante la ocurrencia mediúmnica, mezclando al comunidado legitimamente medianímico los contenidos pujantes o residuales de la profundidad del psiquismo del propio médium. Hay necesidad de que el médium se analize siempre, verificando con profunda honestidad, hasta que punto sus contenidos psíquicos, alimentados o rechazados, estarán actuando sobre las comunicaciones que reciba.

Dialogue el médium con el dirigente de los trabajos, cuando sea él estudioso y moralizado, fraterno y responsable a fin de irse conduciendo mejor por esos caminos difíciles del comienzo. Estudie, en la portentosa literatura espiritista a comenzar por El Libro de Los Médiums, todo cuanto pueda lanzar luz sobre la cuestión anímica, sin aturdirse, sin perderse por los itinerarios de la acción mediúmnica. No es tarea sencilla para cualquier uno, la identificación del fenómeno anímico en la realización mediúmnica, salvo los casos grotescos ante los cuales nadie tendrá dudas. La cortina que separa lo anímico de lo mediúmnico y viceversa es muy tenue, dificultando su identificación inmediata o la clasificación definitiva. Unos dicen que "saben" cuando ocurre fenómeno anímico, pues el comunicante usa los términos del lenguaje peculiar al médium. Con todo, eso no será "prueba de animismo" pues la Entidad podrá valerse de las expresiones condicionadas por el intermediario, siendo el mensaje auténticamente mediúmnico. Otros garantizan que lo "descubren" en virtud del mensaje banal que el médium transmite, por consiguiente, solo puede ser "cosa de él". Ahí está otra equivocación porque el comunicante puede ser igualmente banal y el intérprete estar siendo fiel. Muchos aseguran que el mensaje es genuinamente mediúmnico cuando sus términos son académicos o son ampulosos o demostrando soberbia erudición. No tendremos en eso la "prueba" cabal, pues en el inconsciente del médium puede existir ese archivo y, en el momento anímico, todo eso viene a relucir. Varios indican como mensaje auténticamente mediúmnico aquél en el cual siendo el médium de conformación física masculina, da oportunidad a una Entidad que se presenta con todos los rasgos psicológicos de mujer. Aun así no se podrá estar "cierto" una vez que muchos que reencarnaron hoy como hombres cargan denso bagaje femenino de las reencarnaciones próximas, bagaje ese que puede manifestarse en determinadas circunstancias, estableciendo un genuino trance anímico.

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A los dirigentes de actividades mediúmnicas cabe irreprochable conocimiento del pensamiento espiritista, siempre creciente y una gradual búsqueda de conocimiento de psicología humana, por medio de diálogos provechosos, del hábito de la observación de las criaturas en las variadas ocasiones de la vida, frente a las dificultades y dolores o a las facilidades y alegrías. Asociando a la visión espiritista con la observación de las reacciones humanas a los más distintos lances de la vida, lograrán los directores de sesiones los más lúcidos aprendizajes que harán con que maduren concepciones y providencias en torno a la cuestión anímica y mediúmnica, pudiendo entonces, distinciones mates entre uno y otro fenómeno. El empeño de crecer para mejor servir no deberá ser un deber sólo de los médiums que transmiten el comunidad del Más Allá, sino también de los directores que son igualmente los médiums inspirados para las actuaciones felices, poniéndose a disposición de los Trabajadores del Bien, que conducen desde otra dimensión los esfuerzos de los trabajadores encarnados.

"Todo médium, que desee sinceramente no ser juguete de la mentira debe, pues, actuar sólo en las reuniones formales y llevar a ellas lo que obtenga en particular; aceptar con reconocimiento y solicitar del mismo modo el examen crítico de las comunicaciones que recibe" (El Libro de los Médiums, 2 parte, cap. XXIX, Ítem. 329, párrafo 4).

Por el espíritu Camilo Médium

J. Raúl Teixeira
Extraído del libro "Corriente de luz"