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Tenemos que admitir que en la tierra, todos sufrimos. Sí, todos sufrimos en la tierra. Este es un planeta de pruebas y de expiaciones. Eso no es bueno, ni es malo, es la condición evolutiva del planeta. Desde los mundos primitivos destinados a las primeras existencias humanas hasta los mundos divinos, celestes, conforme a la clasificación de los espíritus, encontramos los mundos de pruebas y expiaciones. Afirman los Guías de la humanidad que, en los mundos de pruebas y expiaciones predomina el mal. El bien aun se elabora, mas predomina el mal. Si en esos mundos predomina el mal, todos aquellos que en ellos vivamos, estamos, de cierta manera, sujetos al mal de ese mundo. Es muy importante pensar en esa cuestión. Cada vez que vemos a nuestro alrededor encontramos sufrimientos de todos los niveles. Sufrimientos en el área social.
Hay individuos que nacen, que viven en estado de máxima pobreza, de miseria sociológicamente dicho, debajo de la línea de la pobreza, económicamente también entendido así. Y nos estamos preguntando: ¿Cómo es que en el mundo donde se excede, donde hay basura rica en las grandes ciudades, puede existir tanta hambre?
Encontramos criaturas que, desde que nacen son marcadas por enfermedades groseras, individuos que son autistas, hidrocéfalos, microcéfalos, macrocéfalos, ciegos, sordos-mudos, criaturas que nacen con lesiones insuperables como los anencéfalos, sin cerebro; niños que nacen con parte del tronco cerebral apenas y, por eso, la vida orgánica no puede avanzar. Miramos para otro lado de este mismo mundo y hayamos criaturas que nacen en cunas de oro, ricas, de familias poderosas, pero marcadas por insidiosas parálisis, lesiones cerebrales, como esquizofrenias, tormentas en el campo psicológico, en el campo psiquiátrico. Entonces pensamos: ¿Qué mundo es este? Un mundo de pruebas y expiaciones. De esta manera, tenemos dos caminos: o entendemos por qué vivimos en este mundo y porque este mundo tiene esas características o nos desarbolamos o nos perdemos en la revuelta. Este segundo camino es completamente inhábil. No nos sirve, no nos llevara a lugar alguno que no sea el enloquecimiento mayor. Nos resta la primera posibilidad: tratar de comprender porque en ese mundo se sufre tanto. Ahora, en la medida que entendemos que ese es un mundo de pruebas y de expiaciones está claro porque todos sufrimos, de una manera o de otra. No existe una sola criatura que no tenga sus lecciones.
Personas bonitas, bien puestas mas, cuando conversamos con ellas, son dadas a jaquecas, tienen problemas de columna, tienen crisis hepáticas, tienen mil y un problemas que en el rostro no muestran. Pensamos en las condiciones de este mundo. Si es un mundo donde el mal aun predomina, que estamos aquí aun cargamos muchas marcas de ese mal que en la tierra predomina. ¿Por qué cargamos esas marcas? Porque provenimos de otras existencias donde esas cosas fueron realizadas y Cristo afirmo que no saldríamos de aquí hasta pagar el último cuadrante, la ultima moneda, para usar un lenguaje figurado del mundo. Por causa de eso, vale la pena pensar en una salida para toda esa gama de sufrimientos, de males, que encontramos a lo largo de nuestro planeta. ¿Huir de ellos? Imposible. Para donde quiera que vayamos, allá estará el problema, la dificultad, el acicate de la Ley Divina, Leyes naturales funcionando. Y cada cual de nosotros precisara acostumbrarse con esas ocurrencias del planeta tierra, a driblar ese mal que exacerba en nuestro mundo y procuramos, a lo largo de los días, trabajar para que la tierra sea más feliz de lo que es hoy.
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Cuando pensamos en esa gama de sufrimientos de nuestro planeta, muchas veces nos estamos preguntando al respecto del sufrimiento de los animales. ¿Por qué sufren? Llegamos a comprender porque es que nosotros, seres humanos, sufrimos. Nuestros errores, nuestros delitos, nuestros crímenes cometidos en otras existencias, en otras experiencias aquí en el mundo, en esta misma vida, en vidas pasadas. ¿Pero y los animales? Los animales no erran, ellos no cometen errores. Los animales siguen la Ley del determinismo y, dentro de la Ley del determinismo, ellos no erran nunca. Jamás una serpiente ataca a alguien porque no le gusto su rostro, porque no simpatizo con la persona. Ataca para defenderse, porque se siente arrinconada. Así hacen todos los demás animales para defenderse. Cuando pensamos en el sufrimiento de los animales tenemos que percibir que, cada ser que sufre en este mundo, tiene un objetivo determinado por la Ley Divina.
Los animales sufren no para rescatar los errores cometidos. Es para despertarles los centros psíquicos. Los animales son principios espirituales, son Espíritus en evolución y, ciertamente, precisas del dolor, del sufrimiento para acostumbrarse a buscar en el planeta los recursos salvadores. Jamás la Humanidad supo existir veterinarios, en los bosques. No en tanto, los animales sufrían y buscaban recursos en el bosque. Sufren y buscan recursos en el bosque. Naturalmente que todo eso se debe a ese proceso evolutivo. Al dolor, en los irracionales, no tiene el mismo objetivo que el dolor en el ser humano. En el ser humano, el dolor nos fustiga al lado moral para que la gente aprenda a perdonar, a ser humilde, a bajar la cresta del orgullo. Más, en los irracionales no, el dolor tiene otro sentido. Los hacen crecer, los hacen progresar. Miramos nuestro gato en casa, nuestro perro y, de repente, ellos van a comer grama, comen capín. La gente no saben lo que estaban sintiendo. Salen afuera, vomitan y se encuentran bien. ¿Quién fue que les enseño a esos animales a buscar en la naturaleza vegetal el remedio para sus problemas? Así pasa con las aves, con las fieras, en la intimidad de los bosques y, naturalmente, tenemos que convenir que hay un camino importantísimo que andar, es lo que da comprensión. En la medida en que sabemos de eso, encaramos mejor los dolores del mundo, los dolores de la tierra, con una virtud que se llama resignación. La resignación, de manera alguna, será acomodación. No tenemos que cruzar los brazos porque sufrimos delante de los dolores y dejar que Dios lo resuelva. Si estamos desempleados, tenemos que buscar trabajo.
Si estamos enfermos, tenemos que buscar medicina, la medicación, el tratamiento. Si tenemos cualquier problema en este mundo, en este mundo tendremos que resolverlo. Pero la resignación no es sinónimo de acomodación, vale repetir, la resignación es el mirar que tenemos para esos fenómenos, es la manera como vemos esos fenómenos. Si no fuese la resignación, entraríamos en la ruta de la desesperación, entraríamos en el circuito de la desolación porque, cuando no comprendemos porque sufrimos, sufrimos dos veces. La primera vez por el sufrimiento en sí, la segunda vez por la ignorancia a respeto de él. Por eso, es la Doctrina de los Espíritus que tiene, en su contexto y en los textos, esas explicaciones, esos recursos para hacernos pensar en la razón por la cual los seres humanos sufrimos y por cual razón los irracionales sufren en la tierra. Vale la pena pensar que los animales sufren por un sentido: para despertarles la vida psíquica, el despertar de sus valores psíquicos, en cuanto el ser humano sufre para rescatar sus débitos y realizar aprendizajes en el campo moral. De ahí comenzamos a percibir como es importante esa virtud de la resignación.
El evangelio según el espiritismo, la tercera obra de la Codificación de la Doctrina Espirita, hecha por Allan Kardec nos explica que, en cuanto la obediencia corresponde al consentimiento del raciocinio, de la razón, la resignación corresponde al consentimiento del corazón. Es nuestro sentimiento que nos da la oportunidad de la resignación. Ser resignado no es ser paralizado, estancado, acomodado, inerme, inerte. Resignado es tener el entendimiento de la razón de las cosas, lo que no nos impide de sufrir, ni el de llorar, pero que nos da la alegría de saber que estamos dando cuenta de nuestro recado en el mundo.
Raul Teixeira
Transcrição do Programa Vida e Valores, de número 172, apresentado por Raul Teixeira, sob coordenação da Federação Espírita do Paraná. Programa gravado em setembro de 2008. Exibido pela NET, Canal 20, Curitiba, no dia 15.11.2009. Em 31.01.2010.
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