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El Maestro profesional y también iniciador en el conocimiento de lo espirita, del médium parlante, relata, a través de el, como se conocieron y las vicisitudes padecidas por la incomprensión reinante.
-Buenas tardes: Que Dios os dé Su luz sacrosanta y abarque con Sus brazos todas vuestras vidas para que Su clemencia, Su amor y Su sabiduría os abran los caminos del progreso.
Después de mucho tiempo de hacer peticiones muy intensas, poniendo en ellas todo mi cariño, todo mi amor y toda mi fortaleza de ánimo, se me ha concedido comunicarme con vosotros. Yo mismo estoy sumamente sorprendido porque los misterios que tiene la obra de Dios son como El, inmensos, pero exactísimos. Todas Sus creaciones, todas Sus manifestaciones, sean de la forma que sean, son exactísimas en su realización. Yo, queridos hermanos, si me lo permitís, os voy a molestar unos minutos contándoos una simple historia, una historia de dos existencias que, al revés de como se cuentan todas, vamos a comenzar por la última para terminar en la primera.
-Te oiremos con mucho gusto, hermano.
-En mi última reencarnación fui hijo de un médico. Un médico que todo era bondad, cariño, solicitud y todo lo que se puede hacer en bien de los enfermos. Vivíamos en la isla de Madagascar. Allí se creó la familia a la que yo pertenecí y allí se extinguió toda ella también. Nosotros éramos condicionados a darle gusto a nuestros padres, y yo por eso elegí ser medico, como él. Después de unos estudios muy provechosos conseguí el titulo. Empecé mis trabajos con toda solicitud, con todo cariño y con una abnegación que para mí no tenía límites. Trataba a los enfermos como hijos míos. Tenía para ellos todo el tiempo. Nunca tenía pereza.
Pasó el tiempo. Surgió una epidemia de lepra que costó mucho trabajo extirparla; muchas víctimas y muchas inconveniencias. Me afilié como médico Director del Hospital donde estaban esos enfermos. La lepra iba en aumento, pero ya quiso Dios que llegara el momento oportuno que fueses disminuyendo, avivándose en todos la esperanza de su eliminación. Como era, según mis enfermos su «padrecito», besaba muchas veces las llagas de ellos y entonces experimentaba en mi carne los mismos dolores que ellos sentían en las suyas. Y para no cansaros en relatos muy prolijos y sin interés para vosotros, os diré que hace unos años, y aún joven, desencarné. Mi desprendimiento fue muy suave, se realizó lenta pero agradablemente. Esperaba la luz y la misericordia de Dios porque había sido amoroso y solícito para con mis enfermos y hermanos. Así fue; recobré la libertad espiritual, y entonces, queridos hermanos de mi alma, vi las grandezas de la obra del Padre, donde todo es amor, sabiduría y eternidad.
Estoy en planos de recuperación. Aquí la enseñanza es constante. Las penas no se conocen. El dolor físico tampoco, pero está el dolor espiritual, que es el que hemos de tener mucho cuidado en ir eliminándolo debidamente. Viene esto que os refiero, fiel y brevemente, de mi última encarnación, para relataros quién fui anteriormente. Mi anterior encarnación fue en vuestra patria. No solamente en vuestra patria, sino en vuestra capital, Jaén, donde vosotros nacisteis y vivís. Me llamé Juan Molina Aranda. Elegí el arte de la escultura, en la cual tenía una fe grande. Un día se presentó un amigo muy íntimo que tenía yo, libre pensador igual que yo, y me dijo lo siguiente: «Juan, tengo un sobrino que se ha quedado huérfano de padre y quisiera que, como buen amigo, le admitieras en tu obrador y en tus trabajos y me lo hicieras un hombre.» Yo accedí sin ningún reparo. Llegó con él y quedó admitido en mi taller para su enseñanza. El niño huérfano progresaba vertiginosamente. Yo, que siempre fui muy creyente en la fe espírita, le observaba muy atentamente y saqué la conclusión de que tenía facultades mediúmnicas. Para que no sea más cansada mi relación os diré que tomó mis enseñanzas perfectamente, que demostró en todos sus trabajos un total aprovechamiento e igualmente en los conocimientos espíritus.
Pasaron los años; siguió la vida con muchas estrecheces, vicisitudes y obstáculos. También prosiguió su acción firme en el desarrollo de la mediumnidad y de la propagación de la idea. Yo desencarné, dejándole a él en el trabajo y en la propagación de la obra espírita. Saber que se trata de vuestro médium parlante. Decirle cuando termine mi intervención o cuando a bien lo tengáis, que recibo todos los días su plegaria. Que la fe que en mí demuestra, eternamente será bendecida. Decirle también que ya ha dejado testimonios suficientes de su labor, de lo que es y del sacrificio realizado, pero que hasta el final hay que seguir en la brecha manteniendo la idea y explicando la realidad de las Leyes de Dios. Perdonar si ha sido monótono mi relato.
-Al contrario, hermano, muy interesante.
-He sido poco explícito al referir estas historias, pero no he querido que puedan ser tomadas como exageradas o fantásticas. Saber, queridos hermanos, que la Ley se cumple. Por muchos inconvenientes, dolores y lágrimas, la Ley se cumple. Nosotros no sabemos por qué ni cuándo, pero se cumple. Saber también que hay una Ley de afinidad, y que tanto aquel maestro como el alumno y los amigos que han convivido y trabajado por un ideal en momentos y fechas solemnes, serán también miembros del grupo en el mundo espiritual, desde donde se puede laborar con medios y resultados sorprendentes. Quedar con Dios, hermanos.
-Muchas gracias por venir a nosotros y nos ha agradado mucho oírte. El médium había lamentado, muchas veces, que no te hubieras comunicado en el transcurso de tantos años, a pesar de la gran afinidad que entre los dos existía. Ahora recibirá una gran satisfacción.
-Tenía sumo interés en comunicarme con vosotros por su intermedio y también me ha movido la gran ilusión de poder hablar con los encarnados. En lo espiritual hay cosas inverosímiles que luego resultan fantásticamente bellas. Vosotros estudiar, analizar y ser siempre fieles a vuestros ideales por muchos inconvenientes y obstáculos que se os presenten, porque ese ideal es el camino indiscutible que puede conducir a la humanidad por el sendero de su rehabilitación y elevación espiritual. Pedir a Dios por vuestro médium, porque ha realizado una labor intensísima, de muchos años, y con muchas fatigas. Para él no había descanso ni horas de recreo en aquellos primeros años. Cuando terminaba su trabajo comenzaba el del estudio y preparación mediúmnica, para después prestarse sin ningún inconveniente a servir de intermediario a los espíritus, realizando así una propagación de lo espírita poco común.
Quedaos con Dios, hermanos queridos.
NOTA.—Terminada la sesión se rebobinó la cinta magnetofónica y se retrasmitió para que fuese oída por el médium. Este, muy emocionado y las lágrimas en los ojos, confirmó que cuanto había dicho su maestro en la primera encarnación relatada era totalmente exacto.— EI médium tiene 88 años cumplidos.
(1) Comprendiendo la gran humildad de este hermano nos resistimos a este anonimato en bien de este libro. Y con perdón de él, manifestamos que fue BARRAQUES. -Gracias, querido hermano.
Extraído del libro "Desde La Otra Vida"
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