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En todas las circunstancias, recodarse que el Espiritismo expresa, antes de todo, obra de educación, integrando el alma humana en los patrones del Divino Maestro.
Cultura atendía, progreso más fácil.
Solidarizarse con los emprendimientos que miren la alfabetización de niños, jóvenes y adultos.
El alfabeto es el primer escalón de ascensión a la cultura.
Pugnar por la laicidad absoluta de la enseñanza mantenida oficialmente, esclareciendo a los estudiantes, sean niños o jóvenes, siempre que sea necesario, cuanto a la conveniencia de abstenerse, cordialmente, cuando sea posible, de las aulas y solemnidades de enseñanza religiosa en los institutos de instrucción que lleven nociones religiosas contrarias a la Doctrina del Espiritismo.
El hogar y el templo son las escuelas de la fe.
Perfeccionar los métodos de administración de la enseñanza doctrinaria en la mente infantil, buscando en ese particular los recursos didácticos susceptibles de reafirmar la seriedad y el criterio seguro de aprovechamiento en la elaboración de programas.
En la academia del Evangelio, todos somos alumnos.
Renovar las materias tratadas en los programas de evangelización, según orientaciones actualizadas.
El Espiritismo progresa siempre.
Dedicar atención constante a la mejoría de los procesos pedagógicos, en el sentido de ofrecer a los pequeñitos viajeros recién llegados de la Espiritualidad, la rememoración necesaria de aquello que aprendieron y de los compromisos que asumieron antes del proceso reencarnatório.
Quien aprende puede enseñar y quien enseña perfecciona lo aprendido.
Disponer el problema de la educación con Jesús, encima de los intereses de sociedades y núcleos, unificando, siempre que sea posible, los trabajos dispersos, imprimiendo mayor relieve las obras de evangelización, en la preparación esencial del futuro.
La educación del alma es el alma de la educación.
“Por tanto, id y enseñad” –Jesús. (Mateo, 28:19)
Espíritu Andre Luiz
Médium Waldo Vieira Extraído del libro “Conducta Espirita” Traducido por Jacob
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