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Todos, de algún modo, somos médiums PDF Imprimir E-mail
Psicografia
Escrito por Administrador   
Jueves, 03 de Noviembre de 2011 15:35

-Buenas noches: Un hermano espiritual desea daros las buenas noches —dice el guía del grupo.

-Bien venido sea entre nosotros...

-Hermanos: He estado muchos días esperando poder hablar con vosotros, pero no he tenido capacidad o no lo merecía. Al fin me ha traído vuestro Maestro Demeure. Fui muy conocido, elogiado y admirado. Los que mandaban entonces me consideraban y me concedían honores; honores que luego comprendí no los merecía porque, saber hermanos, todos de algún modo somos y sois médiums. Para confirmarlo os expondré mi vida. Yo fui un artista. Desde pequeño estaba muy inclinado a la escultura. Modelaba figuras de barro y realizaba adornos muy inspirados, por lo que tanto mis padres como mis convecinos y las autoridades del pueblo se interesaron para que yo estudiara y ver si desarrollaba aquel arte por el cual sentía tanta afición.

A pesar de que yo era aún niño, comprendía que había en mí una intuición o inspiración que no era mía, porque yo no podía realizar mis obras cuando a mí me parecía oportuno, sino cuando venía a mí la inspiración para realizarlas. Trasladado a Granada y después a Sevilla, donde había maestros eminentes, querían ellos que efectuase los trabajos cuando me los indicaban, sin comprender que no todo dependía de mí exclusivamente. Allí estudié anatomía (la insuficiente anatomía que en aquellos tiempos se podía estudiar). Quiero decir con ello que para representar con exactitud la verdadera anatomía y expresividad humana hacía falta tener muchos más conocimientos de los que yo tenía, pero éstos me los daban sin saber yo quién ni por qué me los daban. Así llegué a modelar con perfección el cuerpo humano, a imprimir en el madero figuras anatómicamente perfectas. Siempre que iba a empezar una obra tenía la costumbre de orar y pedir ayuda o inspiración y esperaba los días, y algunas veces los meses, hasta ser digno de recibir aquella protección u orientación, que yo convertía en realidad.

Entonces trabajaba entusiásticamente en la realización de aquellas esculturas y lo que quería deciros, para que veáis cuán cierto es que somos médiums, es lo siguiente: Tenía la costumbre de hacer la arquitectura del cuerpo y de la cabeza, a excepción de la cara, porque lo más difícil no es plasmar anatómicamente un cuerpo en el madero, en el barro o en el mármol; lo verdaderamente difícil es darle «vida», que exprese dolor, alegría, tristeza o pesadumbre. Había veces que pasaban los meses y la inspiración divina no venía hacia mí porque yo no era merecedor. No tenía idea de adónde tenía que tocar con la gubia o con el buril para «hacer llorar», «hacer reír» o manifestar el «sufrimiento» en aquellas esculturas. Siempre esperaba a que me iluminaran dónde y cómo tenía que hacerlo y entonces daba los toques precisos y conseguía lo que tanto deseaba. Todo gracias al mandato de Dios. ¿Había sido yo un mandatario Suyo, un humilde servidor, un pecador, un miserable al que Su divino soplo iluminaba su alma y su entendimiento para dar la expresión exacta a aquellas figuras? Dios quiso darme esa dignidad. ¡Bendito sea! Hermanos: Sed todos creyentes firmes. Todas las obras meritorias y buenas que hacéis.

Todos los impulsos sublimes de vuestro corazón son iluminación de Dios y de nuestros protectores. Ellos, como ángeles del cielo, hicieron que la mano de este humilde servidor suyo supiera dar expresión y vida a sus obras, que luego fueron admiradas y ensalzadas por propios y extraños. Muchas gracias por oírme y porque me admiráis en mis esculturas, pero no me admiréis a mí, porque cometéis un gravísimo error; admirar a esa Luz grandiosa, a esa Voluntad divina, a ese Poder inmenso, que es la manifestación de Dios a sus hijos a través de la mediumnidad. Considerarme como un hermano vuestro, que os visitará otras veces si me lo permiten, y perdonar mis torpes palabras.

Vuestro comprovinciano MARTÍNEZ MONTAÑEZ.

-Gracias, hermano, por haber venido a nuestra humilde reunión.

Extraído del libro "Desde la otra vida"