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Resignarse ante la desencarnación inesperada del pariente o del amigo, viendo en eso la manifestación de la Sabia Voluntad que nos comanda los destinos.
Mayor resignación, mayor prueba de confianza y entendimiento.
Dispensar aparatos, pompas y escenificación en los funerales de personas por las cuales se responsabilice, abolir el uso de velas y coronas, crepé e imágenes, y conferir al cadáver el tiempo preciso de preparación para el enterramiento o la incineración.
Ni todo Espíritu se desliga rápidamente del cuerpo.
Emitir para los compañeros desencarnados, sin excepción, pensamientos de respeto, paz y cariño, sea cual fuere su condición.
La caridad es deber para todo clima.
Proceder correctamente en los velorios, callando anécdotas y bromas en torno a la persona desencarnada, tanto como cuchicheos impropios a pie del cuerpo inerte.
El compañero recién desencarnado pide, sin palabras, la caridad de la oración o del silencio que lo ayuden a rehacerse.
Desterrar de si conversaciones ociosas cualesquiera, tratos comerciales o comentarios impropios en los entierros a comparecer.
La solemnidad mortuoria es acto de respeto y dignidad humana.
Transformar el culto de la saudade, comúnmente expreso en el ofrecimiento de las coronas y flores, en donativos a las instituciones asistenciales, sin espíritu sectario, haciendo lo mismo en las conmemoraciones y homenajes a desencarnados, sean ellas personales o generales.
La saudade solamente construye cuando es asociada a la labor del bien.
Juzgar estrechamente las cuestiones referentes a testamentos, resoluciones y votos, antes de la desencarnación, para no experimentar choques probables, ante inesperadas incomprensiones de parientes y compañeros.
El cuerpo que muere no se rehace.
Aprovechar la oportunidad del enterramiento para orar, o hablar sin afectación, cuando llamado a eso, sobre la inmortalidad del alma y sobre el valor de la existencia humana.
La muerte expresa la realidad casi totalmente incomprendida en la Tierra.
“En verdad, en verdad os digo que, si alguien guarda mi palabra, nunca vera la muerte”- Jesús (Juan 8:51)
Espíritu Andre Luiz
Médium Waldo Vieira Extraído del libro “Conducta Espirita” Traducido por Jacob
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