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El esclavo que, al reencarnar, devolvió amor y sacrificio por desprecios al que fuera su amo.
—La paz de Dios esté con vosotros.
Hermanos: Siempre que os sea posible, amparar, proteger y ayudar a vuestros hermanos más humildes, no sea que incurráis en pecados graves, como me ha acontecido a mí. Voy a molestaros un momento con esta historia, que explicaré lo más breve que me sea posible. Yo tuve un esclavo. Le traté con mucha severidad. Le exploté de una manera inicua. Nunca oyó de mí palabras dulces, de comprensión ni de consuelo.
En esa situación llegamos los dos a viejos y desencarnamos. Después de unos ochenta a cien años volvimos a reencarnar. Cuando yo tenía la edad conveniente me enrolé en un velero de transporte como miembro de su tripulación, a cuyo capitán parece ser que le fui simpático y no es que cometiera injusticia alguna, sino que siempre que podía me ayudaba en cuanto le era posible.
En nuestras travesías ocurrieron muchos eventos, pesares, trabajos y sinsabores, como acaece en la vida de todos los seres. En una de estas travesías, y cuando íbamos a doblar el Cabo de Hornos, se presentó una tempestad tremenda; tempestad que no habíamos visto nunca, porque siempre las maniobras discretas y oportunas del capitán conseguían que superáramos o soslayásemos los temporales. En ésta, sin embargo, el gobierno del buque se hacía imposible por la violencia de la tempestad. Tratábamos de evacuar la cubierta; no había orden ni concierto en el barco. El capitán, en el puesto de mando, rígido, impasible, daba órdenes.
Vino un golpe de mar y me arrebató de cubierta, y aquel capitán que para mí era simpático, se quitó su salvavidas, me lo arrojó y gracias a él salvé la vida, pero no así el capitán que fue arrebatado por una ola de 10 metros y ya no le volvimos a ver más. El capitán era el esclavo que yo había tratado mal en la existencia anterior.
Nada más que eso, queridos hermanos. Estudiar, analizar y sacar conclusiones.
Buenas noches.
Extraído del libro "Desde la otra vida"
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