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Encarar con naturalidad los sueños que puedan surgir durante el descanso físico, sin preocuparse aflictivamente con cualquier hecho o ideas que se refieran a ellos.
Hay más sueños en vigilia que en el sueño natural.
Extraer siempre los objetivos edificantes de ese o de aquel panel entrevisto en el sueño.
En todo hay siempre una lección.
Repudiar las interpretaciones supersticiosas que pretendan correlacionar los sueños con juegos de azar y acontecimientos mundanos, gastando preciosos recursos y oportunidades de la existencia en preocupación viciosa y fútil.
Objetivos elevados, tiempo aprovechado.
Tener cautela con las comunicaciones inter vivos, en sueño vulgar, pues, a pesar de que el fenómeno sea real, su autenticidad es bastante escasa.
El Espíritu encarnado es tanto más libre en el cuerpo denso, cuanto más esclavo se muestre a los deberes que la vida le prescribe.
No acogerse demasiado a los sueños que recuerde o a las narrativas oníricas de que se haga oyente, para no descender al terreno baldío de la extravagancia.
La lógica y el buen sentido deben presidir a todo raciocinio.
Preparar un sueño tranquilo para la conciencia pacificada en las buenas obras, accediendo a la luz de la oración, antes de entregarse al reposo normal.
La inercia del cuerpo no es calma para el Espíritu aprisionado a la tensión.
Admitir los diversos tipos de sueños, sabiendo, que la gran mayoría de ellas se originan de reflejos psicológicos o de transformaciones relativas al propio campo orgánico.
El Espíritu encarnado y el cuerpo que lo sirve respiran en régimen de reciprocidad en el reino de las vibraciones.
“Y rechaza las cuestiones locas…” –Pablo (II Timóteo 2:23)
Espíritu Andre Luiz
Médium Waldo Vieira Extraído Del libro “Conducta Espirita” Traducido por Jacob
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