|
Abstenerse de la realización de sesiones públicas para asistencia a desencarnados sufridores, pues semejante procedimiento es falta de caridad para con los propios Espíritus socorridos, que se sienten, torturados, al comentario creciente y malsano en torno a su propio infortunio.
Aun mismo en las apariencias del bien, el mal es siempre mal.
Evitar, cuanto sea posible, sesiones sistematizadas de desobsesión, sin la presencia de dirigentes que reúnan, en sí, moral evangélica y suficiente conocimiento doctrinario.
Cuanto más luz, más posibilidad de iluminación.
Hablar a los comunicantes perturbados e infelices, con dignidad y cariño, entre energía y dulzura, centrándose exclusivamente en el caso que se trate.
Sabiduría en el hablar, ciencia de enseñar.
Suspender múltiples manifestaciones psicofonicas al mismo tiempo, en sentido de preservar la harmonía de la sesión, cada vez atendiendo a cada caso, en ambiente de concordia y serenidad.
El orden prepara el perfeccionamiento.
En oportunidad alguna, polemizar, condenar o ironizar, en contacto con los hermanos infelices de la Espiritualidad.
Lo amargo no cura el desespero.
Ofrecer la intimidad fraterna a los comunicantes, aplicando el cariño de la palabra y el fervor de la oración, en la ejecución de la enfermería moral que les es necesaria.
La familiaridad extiende los valores de la confianza.
Suprimir indagaciones en el trato con las entidades sufrientes, ni siempre al día con los propios recuerdos, como sucede a cualquier enfermo grave encarnado.
La enfermería inmediata disculpa interrogatorio.
“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” –Pablo (I Timoteo 6:6)
Espíritu Andre Luiz
Médium Waldo Vieira Extraído Del libro “Conducta Espirita” Traducido por Jacob
|