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Estimar y reverenciar a los hermanos de otros credos religiosos.
El sarcasmo no edifica.
No exasperarse en oportunidad alguna, aun con pretextos de defender los postulados religiosos que le alimentan el corazón, a fin de evitar el virus de la cólera y las incursiones de las fuerzas inferiores en el propio íntimo.
La exasperación lleva al desequilibrio y la caída.
Aprovechar el tiempo y las energías, huyendo de las discusiones estériles en torno de los orígenes de la Vida y del Universo o sobre tópicos fundamentales del Espiritismo.
Existen Espíritus que se esfuerzan para no creer en su propia existencia.
En ninguna circunstancia, pretender conducir a alguien o alguna institución, de esa o de aquella práctica religiosa, a la humillación y al ridículo.
El Sol, en nombre de Dios, ilumina el paso de todas las criaturas.
Soportar constructivamente las manifestaciones constantes de cultos exóticos y extraños a la simplicidad y pureza del Espiritismo, ofreciendo, tanto cuando sea posible, auxilio y cooperación, sin pretensiosas exigencias a los compañeros que a tales cultos se acogen.
Muchos hermanos distantes serán, en futuro próximo, excelentes cultores de la Doctrina Espirita.
A título de preservar el cuerpo doctrinario del Espiritismo, o de defender la Verdad, no faltar con la comprensión espirita cristiana ni agarrarse a concepciones radicales e inamovibles.
Cuando apasionado y desmedido, el celo oscurece la razón.
Sistemáticamente, no imponer o forzar la transformación religiosa de los hermanos ajenos a la fe, que le consola el corazón.
Toda imposición, en materia religiosa, revela fanatismo.
Silenciar todo impulso a polémicas con hermanos aprisionados a caprichos de naturaleza religiosa.
Discusión, en bases de ironía y agrura, es paliza mental.
“Hermanos, no os quejéis unos contra los otros, para que no seáis condenados (Santiago 5:9)
Espíritu Andre Luiz
Médium Waldo Vieira Extraído Del libro “Conducta Espirita” Traducido por Jacob
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