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Amar, no sufrir PDF Imprimir E-mail
Psicografia
Escrito por Administrador   
Martes, 13 de Septiembre de 2011 14:14

“Preguntáis si es permitido suavizar vuestras propias pruebas: esa cuestión lleva a esta: ¿Le es permitido al que se ahoga procurar salvarse? ¿Aquel que tiene una espina clavada, sacársela?...” “…contentaos con las pruebas que Dios os envía, y no aumentéis su carga, algunas veces tan pesada…” (Cap., ítem 26.)

Sufrimos porque aun no aprendimos a amar, al final, la ley divina nos incentiva al amor, como siendo la única forma capaz de promover nuestro crecimiento espiritual. Los métodos reales de la evolución solo acontecen cuando entramos en el flujo educativo del amor. Sufrir por sufrir no tiene significado alguno, pues el dolor tiene como función rescatar las almas para las fajas nobles de la vida, por donde transitan los que aman en plenitud. Tenemos acumulado innumerables experiencias en las noches de los siglos, en estancias donde nuestras almas practicaron y aprendieron invariablemente que solamente repararíamos nuestros desaciertos y equívocos ante la vida a través del binomio “dolor-castigo”.

En las tradiciones de la mitología pagana, aprendimos con los dioses toda una postura marcada por el dolor. Al principio los duelos del Oasis, Set y Horus, del antiguo Egipto. Más, más allá, asimilamos “formas – pensamientos” de las desavenencias y venganzas entre Neptuno y Júpiter en Olimpo, la morada de los dioses de Grecia. Por otro lado, no fue solamente entre las religiones idolatras que incorporamos esas formas de convicción, más también en los conceptos del Viejo Testamento, donde ejercitamos toda una forma de pensar, en la exaltación del dolor como uno de los procesos divinos para punir todos aquellos que se encuentran en falta.

La palabra “talión” significa “tal”, del latín “talis”, definida como la “Ley de Talión”, o sea, “Ojo por Ojo, diente por diente”. Significa que las criaturas deberían tener como castigo el dolor, “tal cual” que hicieron sentir a los otros, sin tomarse en cuenta que la idea que se tenia del poder divino era caracterizada por atributos profundamente punitivos.

Jo afirmaba: “y Dios en su ira les repartirá los dolores”, en la Génesis, refiriéndose a los castigos de la mujer: “multiplicare tus trabajos y en medio del dolor darás a luz a los hijos”, son algunas de entre muchas asertivas que nos llevaron a formar profundas creencias de que solamente el sufrimiento era capaz de sublimar a las almas, o reparar negligencias, abusos y crímenes.

En el “Sermón de la Montaña” Jesucristo se refiere a la Ley del Talión revocándola completamente: “Oísteis lo que fue dicho: Ojo por Ojo y diente por diente. Yo, sin embargo, os digo que no resistáis al mal; más si alguien os golpea la mejilla derecha, presentarle también la otra”. Muchos fueron los métodos correctivos por el dolor, con todo el Maestro instaló en la Tierra el proceso de la educación por el amor. A pesar de Jesús haber invalidado la Ley del “Tal crimen, tal castigo”, ella aun prevalece para todos los seres humanos que no encontraron en el amor una forma de “vivir” y de “pensar” Realmente, durante mucho tiempo, el dolor tendrá función dentro de los imperativos de la vida, estimulando a las personas a los cambios y a las renovaciones, por no aceptar que el amor cambia y renueva y, por tanto se sirve de los “cilicios mentales”, como medios de suplicios y tormentos, para auto-punir, poniendo así en práctica toda su ideología de “exaltación a la falta /punición”.

Las creencias no son simplemente credos, máximas o estímulos religiosos, más también principios orientadores de fe y de ideas, que nos proporcionan dirección en la vida. son verdaderas fuerzas que podrán limitar o ampliar la creación del bien en nuestra existencia. Mudar para el amor como método de crecimiento, reformulando ideas y reestructurando los valores antiguos es salirnos de la posición de victimas, mártires o pobres, facilitando la sintonización con las corrientes sutiles y amorosas de los espíritus nobles que subieron en la escala del Universo, amando. Podemos, sí, “sutilizar” nuestras energías karnicas, amando, o “desgastarlas” penosamente, si continuamos para reafirmar nuestras creencias punitivas del pasado. Reforzar el, “espino clavado” o no retirarlo es opción nuestra. Recordemos, sin embargo, de que las ideas arraigadas y adoptadas seriamente por nosotros tienden motivarles la propia concretización.

Espíritu Hammed

Médium Francisco del espíritu Santo
Extraído "Renovando actitudes"