|
Guardar comunicabilidad y atención ante los compañeros de lucha, aun mismo para aquellos que se muestren distantes del Espiritismo.
Todos somos estudiantes en la gran escuela de la vida.
Respetar las ideas y a las personas de todos nuestros hermanos, sean ellos nuestros vecinos o no, estén presentes o ausentes, sin nunca descender al charco de la liviandad que genera la maledicencia.
Quien reprueba a alguien con nosotros, de cierto que nos reprueba ante alguien.
Cuando prestamos objetos comunes, no porfiar sobre su restitución, sustentándose, firme, en el propósito de auxiliar a los otros de buena voluntad, en aquello en que se les pueda ser útil.
Desapego es la base de la elevación.
Perdonar sin condiciones a aquellos que no nos correspondan a las esperanzas o que directa o indirectamente nos perjudiquen, inclusive a los obsesores y otros hermanos infelices.
Perdón en las almas, luz en el camino.
Huir de elogiar compañeros que estén obrando de conformidad con nuestras mejores aspiraciones, para no crearles impedimentos a la caminada ennoblecedora, aunque nos constituya deber prestarles asistencia y cariño para que más se agiganten en las buenas obras.
El elogio es siempre dispensable.
Suprimir toda crítica destructiva en la comunidad en que aprende y sirve.
La mies de Jesús pide trabajadores decididos a auxiliar.
Abstenerse de cualquier complicidad con el mal, a título de solidaridad en ese o en aquel sentido.
Quien tizna la conciencia, desciende a la perturbación.
Nunca hacer acepción de personas y en demostrar cordialidad fraterna solamente en circunstancias que le favorezcan conveniencias e intereses materiales.
La ley Divina registrar el móvil de toda acción.
“En esto todos os conocerán que sois mis discípulos: si os amáis unos a otros”- Jesús. (Juan, 13:35)
Espíritu Andre Luiz
Médium Waldo Vieira Extraído Del libro “Conducta Espirita” Traducido por Jacob
|