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Desempeñar todos los justos deberes para con aquellos que le comulgan las telas de la consanguinidad.
Los parientes son los marcos vivos de las primeras grandes responsabilidades del Espíritu encarnado. Intensificar los recursos de afecto, comprensión y buena voluntad para los afines más próximos que no le comprendan sus ideales.
El hogar constituye crisol redentor de las almas endeudadas. Dilatar los lazos de la estima más allá del círculo de la parentela.
La humanidad es nuestra gran familia.
Encima de todas los mandatos y contingencias de cada día, conservar la fidelidad a los preceptos espiritas cristianos, siendo cónyuge generoso y mejor padre, hijo dedicado y compañero benevolente.
Cada semejante nuestro, es peldaño de acceso a la Vida Superior, si supiéramos recibirlo como verdadero hermano.
Mejorar, sin desanimo, los contactos directos e indirectos con los padres, hermanos, tíos, primos y demás parientes, en las lides del mundo, para que la Ley no venga a cobrarle nuevas y mas enérgicas experiencias en encarnaciones próximas.
El cumplimiento del deber, creado por nosotros mismos, es ley del mundo interior de la que no podemos huir. Imprimir en cada tarea diaria las señales indelebles de la fe que nutre la vida, iniciando todas las buenas obras en el ámbito estrecho de la parentela corpórea.
Tenemos, en la familia consanguínea, el test permanente de nuestras relaciones con la Humanidad.
“Más si alguien no tiene cuidado de los suyos, y principalmente de los de su familia, negó la fe y es peor que el infiel” Pablo (I Timoteo 5:8)
Espíritu Andre Luiz
Médium Waldo Vieira Extraído Del libro “Conducta Espirita” Traducido por Jacob
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