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Cuando buscamos a Dios con el telescopio mecánico no Le hallamos; cuando le buscamos con el telescopio de nuestra alma lo sentimos y lo vemos en todas partes.
Guárdeos Dios, hermanos nuestros. Bendita sea la voluntad de Dios, que os ha puesto en el principio del nuevo año. Los que marchan rectamente por los caminos de la fe, del sentimiento y del amor son conducidos por las estrellas benditas de los cielos para que no se aparten del sendero. Cuando Dios concede a los mundos y a sus humanidades los solemnes acontecimientos de una transformación para mejorar sus luces y progresos, todas las constelaciones ríen, los soles bailan; bailan en su interior con la fogosidad y alegría al admirar la bendita obra de Su Creador; bailan porque reciben los efluvios bienhechores del progreso conseguido, efluvios benditos que luego esparcen a todas las criaturas de Dios en todos los universos.
Los telescopios descubren maravillas en los cielos; los espíritus descubren fortalezas de amor, voluntad y fe en sus hermanos encarnados. Las velocidades fantásticas que hay en los movimientos de los soles y galaxias las tienen también los corazones humanos en su fe y sus plegarias. La dislocación y efervescencia que tiene el éter para dar más y mejor luz, más y mejor sabiduría y más y mejor salud a los hijos de Dios, la experimentan también, festivamente, los grandes mentores de los cielos, porque ven que ya sus hijos respiran la dicha y la alegría de pensar en Dios, de creer en El y en su obra eterna, y profesan la sagrada religión de los cielos. De estos cielos donde están escritas todas las historias, pensamientos y actos de las humanidades para que sirvan de ejemplo y guía a todos. Cuando amamos y pensamos en Dios con toda nuestra alma y sentimientos, todo a nuestro alrededor titila de amor, emoción y alegría.
Cuando Le buscamos con los telescopios mecánicos no vemos nada; en cambio, cuando Le buscamos con el telescopio de nuestra alma Lo sentimos y Lo vemos en todas partes sin necesidad de lentes ni mecanismos. ¿Para qué más mecanismos que la grandeza de Su obra? ¿Para qué más alegría que Sus luces, Su amor, Su justicia y Su bendición? Los mejores telescopios de los cielos son las ingentes luces de las almas. Toda Su obra nos da testimonio de Su poder, de Su omnipotencia, de Su amor y de Su equidad.
¡Bendito, Padre mío, que nos cobijas bajo el manto de Tu protección excelsa! ¡Bendito, Padre mío, que has querido que mi espíritu Te mire sin los telescopios mecánicos; que te mire a través de la ventana triunfal de mi alma! ¡Bendito Padre mío, que das Tus órdenes a este servidor Tuyo, que las cumplirá con toda efusión, entusiasmo, amor y entendimiento! ¡Haz, Padre mío, que estos hermanos sean dichosos, que gocen de la luz y vengan conmigo algún día a la inmensidad de los cielos para que contemplen Tu maravillosa obra y estudien, tanto como hay que aprender y saber, para escalar el luminoso camino que conduce hasta Ti! Yo, con todo mi cariño, os bendigo.
Flammarion
Extraído del libro "Desde la otra vida"
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