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Estando el médium en oración, se le apareció Teresa de Ávila, muy hermosa, que le dijo así:
Según las virtudes que practiquéis en la vida terrena, es que viviréis en un estado más feliz o más desgraciado en el Espacio. Aquel que, en la Tierra, fue virtuoso, caritativo, compadecido, resignado y amoroso, cuando deja ese mundo es semejante al viajero que emprende su viaje en un día primaveral.
A la medida que avanza en su camino, el sol va subiendo majestuoso en el espacio y su viaje transborda de luz y hermosura. Porque el espíritu que se conduce bien, al dejar la Tierra, va abriendo sus facultades a la luz. Y cuando despierta, encuéntrase en plena luz, comprende donde se encuentra y sabe que es feliz.
Pero el espíritu que, en la Tierra, fue egoísta y avaro, que todo lo deseó del mundo, que no fue misericordioso, ni caritativo, ni virtuoso, ese espíritu entra en el mundo espiritual cuando el sol se encuentra en el ocaso.
A la medida que va despertando, las tinieblas aumentan, y cuando está completamente despierto, todo a su alrededor es tenebroso y terrible. Quiere saber donde está, mas no es posible averiguarlo. Va de un lado para otro, y nada más encuentra, sino tinieblas, soledad y miedo. Todo en el espacio le parece lúgubre, y entonces comienza la desesperación.
¡Habitantes de la Tierra: apresuraros a atraer la luz para vosotros, a través de las buenas obras! ¡Modificad vuestras vidas, los que practicáis el mal! Porque de lo contrario, vuestra última hora será terrible y vuestro despertar horroroso.
Miguel Vives
Extraído del libro "El Tesoro de los Espíritas"
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