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El espírita ante las religiones PDF Imprimir E-mail
Miguel Vivies
Escrito por Administrador   
Viernes, 30 de Enero de 2009 16:21

El Espiritismo es la Religión en Espíritu y Verdad, de la que Jesús habló a la Mujer Samaritana: «Día vendrá en que los verdaderos adoradores de Dios lo adorarán en espíritu y verdad».

Mas hay espíritas que no comprenden eso y niegan la religión espírita. ¿Es posible que quitemos del Espiritismo la fe en Dios y la ley de la caridad? Todo el problema, que tanta discusión ha levantado entre algunos hermanos intelectuales, se resume en la falta de comprensión de aquello que sea religión. Los hermanos antirreligiosos gastan tinta y papel en cantidad deseando probar un absurdo.

Alegan que Kardec se recusó a llamar el Espiritismo de religión. Pero el mismo Kardec explicó, porque lo evitó -no se recusó, mas apenas evitó-, llamar el Espiritismo de religión: no deseaba confundir una doctrina de luz y libertad con las organizaciones dogmáticas y fanáticas del mundo religioso. En este caso, dirán algunos hermanos: El Espiritismo es contra las religiones.

Pero esto no es verdad. El mismo Kardec declaró, como podemos ver en Lo que es el Espiritismo, que él es el mayor auxiliar de las religiones. Acontece, sin embargo, que la religión espírita no se estructura en un sistema religioso. Hoy, después de los grandes estudios filosóficos realizados sobre esa cuestión, desde los fines del siglo pasado hasta nuestros días, todo hombre de cultura comprende que la religión no es iglesia, sino sentimiento. El gran filósofo Henri Bergson enseñó que hay dos tipos de religión: la social, que es dogmática y estática, y la individual, que es libre y dinámica. Así pensaba también Enrique Pestalozzi, para quien la religión verdadera es la Moralidad.

Vemos ahí uno de los motivos por el cual decía Kardec que el Espiritismo tiene consecuencias morales, en vez de referirse a consecuencias religiosas. Hoy en día, el Codificador no tendría duda en hablar de religión, porque el concepto actual de religión es mucho más amplio. El Espiritismo tiene tres aspectos, como sabemos: el científico, en el cual él se presenta como ciencia de observación e investigación, tratando de los fenómenos espíritas; el filosófico, en el que procura interpretar los resultados de la investigación científica y damos una visión nueva del mundo, y el religioso, en el cual nos enseña cómo aplicar, en la vida práctica, los principios de la filosofía espírita.

¿Queremos, acaso quedarnos apenas en los principios, sin aplicarlos? Este libro de Miguel Vives es un manual de moral espírita y, como vemos en sus páginas, está enteramente impregnado de religión. Más, es claro, de religión en espíritu y verdad, sin ninguna sujeción a ritualismos anticuados o reinventados, a sacerdotes o sacramentos. El Espiritismo es la Religión de la Moralidad, a que se refería Pestalozzi. Uno de los principios fundamentales de la moral espírita, como sabemos, es la tolerancia. La religión espírita, por tanto, al contrario de las religiones dogmáticas y sacerdotales, que son siempre agresivas, es sumamente tolerante. Por eso mismo, el espírita no debe atacar, criticar, menospreciar a las otras religiones. Poco importa que ellas hagan lo contrario, con respecto al Espiritismo. Lo que nos cabe es respetar todas las formas de creencia que nuestros hermanos de la Humanidad quieran adoptar.

¿No enseñó Jesús que son muchos los caminos que llevan al Padre? ¿Cómo puede el espírita, que comprende el espíritu de esa enseñanza, atacar esta o aquella religión? Mas, si no puede atacar, si no debe criticar (en el mal sentido de la palabra), también no puede y no debe quedarse con los pies en dos canoas, diciéndose al mismo tiempo espírita y adepto de otra religión. ¿Pues si tenemos la religión en espíritu y verdad, que es lo que vamos hacer con una religión formalista y dogmática? Cabe aquí la pregunta del apóstol Pablo a los Gálatas: Corréis mucho; ¿quién os impidió, para no obedecer a la verdad? (V: 7). Y también la enseñanza evangélica de Jesús: «Sea tu hablar: sí, sí; no, no». Todas ellas auxilian al espíritu a evoluir. ¿Pero, cuando ya tenemos el conocimiento del espíritu, hemos de volver a la carne?

Las religiones son escuelas, en que los espíritus aprenden la verdad espiritual. ¿Quién ya pasó por la escuela primaria y está en la secundaria puede frecuentar al mismo tiempo las dos? ¿Y quien ya entró en el curso superior, ha de volver al secundario? ¿Si el Espiritismo nos enseña que lo que vale es la intención, cómo hemos de continuar en la práctica de los ritos? ¿Si ya aprendimos que Dios está en el corazón de cada uno, cómo continuar a inciensarlo en el altar? ¿Si sabemos que los sacramentos son fórmulas exteriores, simples símbolos destinados a enseñar verdades más profundas, y si ya alcanzamos esas verdades, hemos de retroceder a la práctica de esa fórmula? El espírita sabe qué todas las religiones tienen por finalidad conducir a las criaturas humanas a la comprensión de la Espiritualidad.

No puede condenarlas, más también no puede sujetarse a ellas. Debe aprobarlas para aquellos hermanos que todavía carecen de ellas. Mas, de su parte, tiene la obligación de mostrar y ejemplificar la libertad que ya alcanzó. Y el deber de ser fiel a la verdad que encontró. ¿Seria justo que un escritor volviese a letrear el be-a-ba? ¿O que un escritor se burlase de los niños que deletrean? ¿No fue deletreando que él aprendió a escribir? Del mismo modo es la posición del espírita ante las religiones. Le cabe comprenderlas pero siempre firme en su posición de espírita. Quien no es fiel en lo mínimo, tampoco lo será en lo máximo, como nos enseña la parábola.

El espírita que, para atender al respeto humano, a las conveniencias sociales o hasta mismamente a sus intereses particulares, tuerce el sentido de la tolerancia espírita para participar de rituales en los que ya no acredita más, ni puede acreditar, es infiel para consigo mismo y para con la verdad espiritual que descubrió en el Espiritismo. Es infiel en lo mínimo, pues lo que recibió en esta vida es apenas el principio de lo que recibirá más tarde.¿No mostrándose digno de ese mínimo, como podrá esperar el máximo? Recordemos aún una advertencia de Pablo, que nos sirve de mucho actualmente: ¿Si alguien te ve llegar, a ti que tienes ciencia, sentado a la mesa en el templo de los ídolos, no será la conciencia del flaco inducida a comer de las cosas sacrificadas a los ídolos? (I. COr. VIII: 10).

El espírita no tiene apenas libertad mas también responsabilidad. Será responsable por sus ejemplos ante los flacos. El está en condiciones de participar de los ídolos (o sea: de los sacramentos y rituales de las iglesias), sin afectarse personalmente. Pero no puede olvidar que afectará a los otros. Si, por su ejemplo, abre las puertas del movimiento espírita a la infiltración de elementos formalistas, será responsable por la deformación de la práctica doctrinaria.

Esa es una gran responsabilidad, contra la cual deberemos siempre estar de atalaya. ¡Dios nos libre de tener que responder por la desfiguración de la propia verdad que nos salvó del error!

En conclusión: El espírita debe respetar todas las creencias sinceras, todas las religiones que llevan la criatura al Creador, no atacando ninguna ni burlándose de sus prácticas; pero no tiene el derecho de, en nombre de la tolerancia, tornarse cómplice de prácticas religiosas o de enseñanzas teológicas que pueden llevar a sus hermanos de vuelta al pasado; todas las religiones son buenas para aquellos que las aceptan y practican con sinceridad, pero si el espírita no es sincero consigo mismo, y con su propia religión, ¿quién puede acreditar en él?

Extraído del libro "El Tesoro de los Espíritas"
Miguel Vives