|
El ilusorio placer resultante de la ingestión de bebidas alcohólicas puede causar serios disgustos orgánicos, psíquicos, emocionales, económicos, espirituales y sociales. Son los males hepáticos que culminan con la cirrosis, causando la ascitis y disturbios gástricos e intestinales, llevando al sufrimiento y a la muerte.
El compromiso del córtex cerebral, causando estados de excitación psicomotora, llevando a la agresividad y a la euforia y consecuente depresión, con la debilitación de las energías vivificadoras del alma.
La continuidad del uso de bebidas alcohólicas lleva a la completa desintegración del siquismo-humano, manifestándose a través del delirio (delirium tremens), que se caracteriza por alucinaciones, por visiones de fantasmas, de animales feroces, entre otras, que los llevan al desespero y a la locura.
Por los graves problemas psíquicos que acarrea, desarticula completamente la estructura afectiva de la familia, siendo igualmente responsable de un gran número de accidentes y de la incapacitación física para las diferentes actividades, por su degradación psicomotora progresiva. El alcohólico siente el impacto irreversible de su degradación en el trabajo, en la familia y en las diferentes actividades de la vida.
El alcoholismo compromete seriamente la relación afectiva de los casados, siendo igualmente uno de los principales responsables de la impotencia y del desinterés sexual de las personas.
Extraído del libro "Enfermedades del alma"
|