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Escrito por Administrador   
Martes, 05 de Abril de 2011 16:11

“Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla”

Se observa, en algunos sectores de nuestro movimiento, el hábito de aplaudir a los oradores espíritas, en reuniones esencialmente doctrinarias, evangélicas. Hay quien afirme, que en algunos Estados, compañeros nuestros no más hacen que levantarse, para que ya exploten ruidosos y deplorables aplausos. Hay palmas cuando el presidente de la reunión se dirige a la mesa, aplausos cuando forma parte de ella, nuevamente cuando el conferencista se levanta y finalmente también después de la oración. Los efectos de esos aplausos son siempre maléficos: o el orador se desconcierta, o sale de allí atacado por la enfermedad de la vanidad. Entretanto, es de justicia que se resalte, que las instituciones reaccionan, delicadamente en contra de semejante hábito, oriundo generalmente, de compañeros bien intencionados y corteses, mas que no por eso dejan de atentar en contra de la simpleza de los Centros Espíritas, en donde debe predominar el recogimiento espiritual que favorezca la paz interior.

Sería admirable si las reuniones tuviesen, como desea la mayoría de las instituciones espíritas, la simplicidad de los primeros ágapes del Cristianismo, en las iglesias, en humildes residencias y en el escenario de la Naturaleza, Libro Divino en donde la Infinita Sabiduría y el Infinito poder se reflejan soberanamente.

Sería confortador, especialmente para los conferencistas, si durante y después de las reuniones, notase en ellas alguna analogía con las tertulias que los discípulos, (de almas abiertas al sol de la humanidad, y corazón estallando en reciprocidad amorosa, cuáles pétalos de rosas de fraternidad), realizaban en la Casa del Camino, en donde la palabra de esclarecimiento y de consuelo no se hacía al precio amargo de inoportunos y chocantes aplausos. Los aplausos que se manifiestan, en forma de palmadas retumbantes, son a nuestro ver, el fuego del formalismo, incinerando al trigo de la simplicidad. Los elogios fingidos, verbales o escritos, expresando otra forma de aplaudir, pueden encender el fuego del orgullo amenazando al trigo de la humildad que germina frágilmente, en el terreno del corazón humano.

Evidentemente, la palabra de estímulo fraterno y alentador, dirigida cordial, mas discretamente, al trabajador esforzado, no se debe clasificar a cuenta de elogio mentiroso. Uno y otro se distinguen con relativa facilidad. Felizmente, casi todas las instituciones espíritas, cristianas desaprueban, en el Brasil entero, el elogio chocante y el aplauso ruidoso. En la mayoría de los Centros, las últimas palabras del orador son recogidas en respetuoso y augusto silencio. Entre otras en la Federación Espírita Brasileña. En Pedro Leopoldo, en el centro espírita Luis Gonzaga, nadie se atrevió jamás a quebrar, con elogios y aplausos, la armonía de las tareas allí realizadas. Y, cuando la falta de madurez de alguien, suscita referencias fuera de lugar, el Director Espiritual, respetable y digno, elevado y noble, interrumpe el precioso servicio y, a través del propio médium, transmite el recado, cortés pero incisivo: Recomendamos la abstención de referencias personales. Somos tan solo trabajadores de buena voluntad.” ¿Por qué aplaudir a conferencistas? ¿En pago por su trabajo? ¿Por el brillo y acierto con que se manifestó, en el desempeño de su tarea? ¿Cómo entender, si es digno el trabajador no solo por el brillo de la palabra elocuente, sino también, y especialmente, por la sinceridad con que se comporta?

Si fue realmente provechoso el trabajo del compañero, testimoniemos en silencio, nuestra gratitud a Jesús, que lo inspiró por intermedio de cariñosas y anónimas entidades. Si escribió y leyó una bella página, recordemos que la inteligencia le fuera dada por Dios, y que es a Dios, por lo tanto, Eterna Fuente de toda la Sabiduría, a quien deben dirigirse los nuestros y el agradecimiento del conferencista. Escribiendo o improvisando, el conferencista es siempre un instrumento de las fuerzas espirituales, que se asocian, bondadosamente, a la cultura y el talento, al esfuerzo y la buena voluntad del elemento encarnado. Siendo así, no entendemos porque recurrir a palmas, elogios o aplausos. Sería más adecuado que se dejasen las palmas y elogios para las reuniones en agremiaciones literarias o artísticas, parlamentos o convenciones políticas, reuniones en donde se reivindican situaciones en que elogios y palmas aparecerán como estimulantes necesarios Conferencias fuera de los Centros Espíritas, que para nosotros tiene sentido de templo o iglesia, justifican aplausos, costumbres que son oriundas de ámbitos poco familiarizados con la simplicidad de nuestras reuniones.

Números de arte, música o poesía, en reuniones espíritas, sociales que los Centros en oportunidades realizan, justifican tales efusiones, hasta un punto naturalmente, en que la moderación no sea olvidada. Tales manifestaciones se vuelven francamente inconvenientes, o mejor dicho, inconsecuentes, cuando la tarea es francamente evangélico doctrinaria... Este es nuestro modo de pensar. Sería interesante que se hiciese alguna cosa en el sentido de apagar el fuego antes de que él, fortalecido, se establezca dominando, enteramente la siembra espírita cristiana. El Espiritismo es doctrina de contenido y finalidad netamente espiritual. Reclama, de todos nosotros, idealismo y sinceridad, renovación y laboriosidad.

Las Casa Espíritas son iglesias, templos, santuarios en donde nos reunimos en el nombre del Cristo y con el objetivo de difundirle el pensamiento Divino. Manifestaciones ruidosas se encuentran perfectas, en medio de solemnidades públicas, en donde por lo general, se entronizan vanidades y se evidencian personalidades profanas. Según nuestra manera de ver, debemos colaborar con las instituciones en ese sentido: neutralizar delicada mas perseverantemente, ese hábito que hermanos de buena voluntad van infiltrando en los servicios doctrinarios y evangélicos, amenazando sutilmente, la simplicidad cristiana. Simplicidad que no puede ni debe ausentarse de nuestras reuniones de estudio y meditación.

Martins Peralva

Extraído del libro "Estudiando el evangelio a la luz del espiritismo"