|
Sus manos delicadas, bordaban con finos hilos de oro, los trabajos encomendados que otros sin valorar, pagaban muy poco. Pero lo que no sabían, eran lo pensamientos ocultos que tras ellos se escondían.
Esfuerzos, mirada cansada, dudas, angustias, no saber de dónde venía, ni a dónde iba. A veces llantos contenidos; otras suspiros, cansancio, desesperación y desengaño.
El tiempo pasaba, y con la aguja entre los dedos, como el bisturí en la mano de un cirujano, las heridas de cada día, día a día, Iba cauterizando.
Y siendo el rezo el que obra un milagro, un día descubrió, que Dios le envió a su lado, el hijo que tanto había soñado, dándole Luz y esperanza, y borrando las dudas del pasado.
Hilo a hilo, paso a paso, un mundo interior se le fue despertando.
Albert
|