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¿Lo que sucede cuando el Espíritu, así despertado, nos deja?
Son muchos los caminos que se abren delante de él. Generalmente, es llevado a un lugar de reposo y tratamiento periespiritual y mental. Por el momento es lo que más precisa, más allá de la certeza de que sus antiguos amores se hallan nuevamente a su lado, con el mismo cariño de antiguamente, de siempre. Trabajadores espirituales competentes nos llevan para el reposo y la reeducación. Casi todos precisan de sumergirse en nueva reencarnación cuanto antes y, así que estén en condiciones, comienza la preparación, bajo la dirección de Espíritus especializados y cualificados. En algunos casos, raros, ellos son traídos para despedirse de nosotros. Cierta vez, uno de nuestros amados mentores se valió del espacio de tiempo que acostumbramos a reservar para el mensaje final, para una prédica, emocionada y bellísima, a tres Espíritus que, tratados por el grupo, cerca de un año antes, partían, ahora, para la reencarnación en la Tierra.
Es posible que la providencia de la reencarnación tenga que esperar más tiempo, mas ese estudio y planeamiento no está al alcance del grupo mediúmnico; trasciende sus cualificaciones y posibilidades. El mundo espiritual tiene su programación meticulosa, el trabajo bien repartido y especializado, que no puede ser perjudicado con la interferencia de curiosos o de diletantes inexpertos. A partir del momento en que los compañeros son recogidos, por esos discretos y competentes trabajadores del Cristo, tranquilicémonos y demos nuestras gracias a Dios, pues ellos están en buenas manos. Esto no quiere decir que nuestra tarea estará siempre concluida en ese punto. Podremos aún prestar alguna colaboración en el Plano Espiritual, durante los desprendimientos del sueño, mas en tareas de menor importancia, de las cuales no tomamos conocimiento consciente, a no ser excepcionalmente. De modo general, cesan los encargos del grupo mediúmnico al entregarlos a los trabajadores de los planos superiores. Cabe ahora volverse para el otro médium y recibir al nuevo compañero...
En raras oportunidades, los mentores establecen contacto entre aquellos que se retardan en las tinieblas y los que tuvieron el coraje de cruzar la línea. Es que la primera impresión de los que quedaron en las sombras es la de que nosotros violentamos la voluntad del compañero, llevándolo a la fuerza, y contra su voluntad, para “prisiones” y castigos. Encuentran que, si fuese posible conversar con ellos, los convencerían para volver a la vida de crímenes. En casos excepcionales, este reencuentro es proporcionado, con las cautelas que, por cierto, podemos imaginar, aunque no tengamos condiciones de conocerlas. En un caso de esos, un compañero desorientado se manifestó en gran aflicción, porque había hecho “caer” a su jefe y él estaba reducido a un “trapo” (su expresión). Mas, no le fue difícil verificar, por sí mismo, que el antiguo jefe no fue obligado a convertirse, y no deseaba volver sobre sus pasos, para reasumir su puesto en el mundo de las sombras. Fuera a verlo personalmente.
En otra ocasión el manifestante nos dice que, durante la semana, tras haber conseguido “conquistar” a su líder, él se reunirá con los demás compañeros, para mentalizarlo y ayudarlo en su desespero, pues interpretaban las vibraciones de aflicción, que de él recibían, como un llamamiento del ex-compañero, que acreditaban prisionero nuestro. Después, no obstante, verificó su engaño y acabó también cediendo a nuestros argumentos. En resumen: el trabajo prosigue en el mundo espiritual, junto al compañero rescatado de los poros tenebrosos del dolor y reconvertido a la Doctrina del amor; mas a nosotros, encarnados, la participación – aunque importante, en ciertos casos – será más modesta o, por lo menos, de otra naturaleza, aunque no sea específicamente respecto al trabajo mediúmnico.
Herminio C Miranda
Extraído del libro "Dialogo con las sombras"
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