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El pensamiento es un atributo del alma y tiene una acción moldeadora del organismo desde la formación de la célula-huevo. La acción del pensamiento puede ser ayudada por la imposición de las manos por donde fluye el magnetismo de la propia persona, hacia la región que se desea realizar el tratamiento, así como de otras personas como en las situaciones de autocuración, pudiendo aminorar el sufrimiento humano.
En los trabajos asistenciales donde se busca encontrar el tratamiento de otras personas, la acción terapéutica también se hace, básicamente, a través de las vibraciones del pensamiento, especialmente centrado en las acciones que se esperan sean realizadas. La acción curativa se hace a través de irradiaciones fluídicas del pensamiento, o por la utilización de ideoplastia (formas-pensamiento), hechas individualmente o en grupo de personas preparadas para el mismo objetivo.
El pensamiento se propaga a través del fluido universal y alcanza distancias considerables en pocos segundos, pudiendo utilizarse para el tratamiento a distancia. Puede actuar como ondas electromagnéticas o, entonces, como formas-pensamiento en que las personas mentalizan al enfermo a ser beneficiado como si ya estuviese restablecido, en pleno gozo de su estado de salud.
Las curaciones a través del pensamiento son grandemente beneficiadas con la participación de más de una persona que se reunió y, aún estando distante unas de las otras, se concentran en un mismo horario para la realización del mismo objetivo. La comprensión de la actuación del pensamiento, en la realización de las curaciones, está básicamente vinculada, al conocimiento de los siguientes hechos:
El pensamiento se transmite a través del fluido universal, alcanzando distancias considerables en pocos segundos. Es diferente del sonido que se transmite a través del aire y alcanza una distancia limitada. La curación a través del pensamiento puede, por tanto, ser realizada a distancia sin límites. El pensamiento está dotado de ideoplasticidad y tiene la capacidad de influenciar a las personas, aunque sea a distancia, positiva o negativamente, actuando respectivamente como acciones benéficas o perjudiciales.
El pensamiento concentrado está dotado de poder de actuación mayor que el pensamiento disperso, semejante a los rayos solares, que, concentrados a través de una lente convergente, puede incendiar un objeto inflamable. La acción terapéutica del pensamiento puede realizarse a través de una o más personas al mismo tiempo, siendo cierto que cuando varias personas se unen en pensamiento para un mismo fin, los resultados son superiores a la suma de sus efectos aislados.
Los pensamientos positivos tienen una doble actuación: pueden ayudar a la propia persona que los emite y a los enfermos a que se destinan. Del mismo modo, los pensamientos negativos son malos la persona que los emite, así como para quien son dirigidos. Los pensamientos son contagiosos. Cuando son emitidos con determinación y voluntad, impregnan a las personas que se encuentran en el mismo ambiente, alcanzando su estructura periespiritual. De acuerdo con la naturaleza de sus vibraciones, positivas o negativas, pueden causar, respectivamente, alegría y elevación espiritual, o perturbación, tristeza o descontento.
Toda criatura debe saber que la alegría de sus semejantes más próximos empieza, muchas veces, en una sonrisa suya, oriunda de un pensamiento positivo. El ser humano que comprende esta verdad puede volverse un centro de irradiación de energía, una fuente de luz y de amor, vivir con salud y alegría, y tener condiciones para ayudar a otras personas, a través de las vibraciones de sus pensamientos rectos. Los pensamientos, aunque invisibles e imponderables, son estados, propios de la criatura humana durante su existencia y, después del desenlace, se mantienen como atributos del espíritu, expresando la misma individualidad que tuvo durante la vida física.
Es muy satisfactorio reconocer que somos libres para pensar y, en cualquier situación, tenemos condiciones de elaborar pensamientos positivos, y enviar, hacia el campo mental que nos rodea, las cualidades que deseamos para nosotros mismos y para otras criaturas. Las personas que desean dedicarse a las curaciones a través del pensamiento deben tener conocimiento de sus leyes. Y, movidas por la fuerza del amor, pueden realizar la curación de sí mismas y de sus semejantes.
Extraído del libro "Enfermedades del alma"
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